El fin de la Eternidad (2): Razón y emociones

Lunes 7 Septiembre 2009 | 488 lectura(s) | Sin comentar »
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Asimov no tarda en darse cuenta de que, si quiere transformar “El fin de la Eternidad” en una novela, tiene que cambiar completamente la escala de la historia que está contando. Debe desarrollar en mayor profundidad, no sólo la propia Eternidad y los distintos momentos temporales en que va a recalar la trama, sino también los personajes. De hecho, enseguida comprende que, en la novela corta, ha elegido un personaje central que no va a funcionar como protagonista en la nueva versión.

De este modo, toma lo que no era más que un secundario, Anders Horem, y lo convierte en el nuevo protagonista, además de cambiarle el nombre y transformarlo en Andrew Harlan, un indudable homenaje a su amigo Harlan Ellison. Al hacer eso, altera el foco de la historia y lo que había sido la premisa original se convierte en un elemento más de la trama: ahora ésta girará alrededor del Ejecutor Harlan, de sus problemas y tribulaciones y del modo en que empieza a descubrir el terrible secreto que mantiene oculta la Eternidad sobre su propio origen.

Harlan es uno de los mejores personajes asimovianos y, al mismo tiempo, algo atípico. Cierto que, como buena parte de ellos, es una criatura racional, a veces hasta extremos implacables, pero también es un individuo emocionalmente frágil, inseguro de sus propios sentimientos y que no sabe manejar ni estos ni los de los demás. Lógico en un miembro de la Eternidad, una organización fría, aséptica y castrante que se empeña en extirpar las emociones de sus miembros y convertirlos en máquinas eficientes que cumplan con su trabajo y no se planteen preguntas incómodas.

Con la premisa del “bien mayor” la Eternidad manipula a su antojo a lo largo de la corriente temporal, provocando cambios en el fluir del tiempo y buscando siempre la estabilidad social (sin plantearse que, a menudo, sin inestabilidad no puede haber cambio, ni evolución ni desarrollo) y dejando a la humanidad estancada en una mediocridad perpetua que la acaba agotando como especie.

Harlan no sabe nada de todo eso cuando empieza la novela. Y, de pensar en ello, seguramente llegaría a la conclusión de que las cosas son como deben ser. Que ese agotamiento es el precio que hay que pagar por la supervivencia.

Lo que provoca su rebelión no es un acto racional. No estamos ante un personaje que analiza críticamente la situación y llega la conclusión de que ésta no es correcta. Harlan traicionará a la Eternidad por amor, llevado por una emoción que no comprende, es incapaz de manejar y, por tanto, que lo vence y lo domina con tremenda facilidad. Harlan no tarda en convertirse en un hombre atrapado por una obsesión, y es por ella por lo que hará todo lo que hace.

No renuncia a su intelecto, a su racionalidad, pero pone ésta al servicio de sus emociones, algo muy infrecuente entre los “héroes” asimovianos. De hecho, Harlan es un protagonista asomiviano bastante atípico, no sólo por lo que acabo de comentar, sino porque, como veremos posteriormente, no se alza con el triunfo final en la novela sino que, más bien, es convencido para pasarse al bando antagonista.

Además, (ignoro si inconsciente o deliberadamente) Asimov traza en Harlan el retrato robot del freak: el adolescente eterno enfrascado en su obsesión, que solo trata con otros de su misma clase y que o bien adora a distancia a las mujeres como objetos inalcanzables o las desprecia —ocultando de ese modo su deseo— precisamente por su condición de tales. Ahondando en el símil podríamos decir que Noys, la principal presencia femenina en la novela, casi la única, funciona entonces como metáfora de lo que piensan los amigos del freak cuando este encuentra pareja: ella sería la destructora, la que lo aparta de su sagrada afición, la responsable de que el círculo se rompa. O, resumiendo en un nombre propio que pudo haber tomado naturaleza de nombre común hace unos años: Yoko.

Es su pasión por Noys lo que mueve a Harlan y, al contrario de lo que ocurre en otras novelas de Asimov, es la historia de amor entre los dos lo que hace avanzar la novela.

Las subtramas amorosas en la narrativa asimoviana tienden a ser, cuando menos, superfluas. De hecho, el propio Asimov reconocía que, al principio de su carrera, se encontraba incómodo con ese tipo de situaciones e intentaba evitarlas. Como lector, como fan de la ciencia ficción pulp, para Asimov la presencia femenina en los relatos que leía era poco más que una rémora que impedía avanzar a la historia y que entretenía en exceso al protagonista, antes de que éste se lanzase a lo verdaderamente importante. Cuando empieza escribir hereda muchos clichés del pulp y por eso a menudo sus tramas amorosas son torpes, manidas y estereotipadas. Consciente de ello, Asimov no tarda en prescindir de llas.

Y sin embargo, con el tiempo, no solo las fue introduciendo, sino que en ocasiones se acaban convirtiendo en parte inseparable de la trama: es el amor que el personaje de Valona siente hacia Rik en Las corrientes del espacio lo que hace que la historia avance, y es también el amor no proclamado entre Konev y Kaliinin en Viaje alucinante II: destino el cerebro el que, usado por el protagonista en su propio beneficio, le permite huir de Rusia y contar su historia. Mencionemos igualmente la segunda parte de Los propios Dioses que, en el fondo, podríamos considerar una historia de relaciones familiares y afectivas, por más que la familia sea, en este caso, sorprendentemente extraña. Y, por supuesto, no podemos olvidarnos de Bayta Darell, la mujer que, en Fundación e Imperio es capaz de detener al Mulo gracias al amor que éste siente por ella: Bayta no sólo es uno de los mejores personajes femeninos de Asimov, sino que su lazo afectivo con el «villano» de la historia es imprescindible para que ésta funcione.

Pero no es menos cierto que en otras obras las tramas amorosas resultan prescindibles y que las novelas probablemente habrían ganado en precisión y ritmo sin ellas.

¿Es la historia de amor de El fin de la Eternidad uno de esos casos? ¿Es una de esas tramas amorosas que no hacen más que entorpecer lo que pasa y que, cuando éramos adolescente, leíamos con desgana esperando que llegase pronto un poco de acción? He conocido lectores que parecen pensar así, y que de hecho encuentran que es una de las historias de amor más torpes de Asimov y que no aporta nada a la novela.

En realidad, El fin de la Eternidad necesita la presencia de Noys Lambent tanto como la necesita su protagonista, Andrew Harlan. Sin ella nunca sería consciente de sus carencias afectivas y emocionales. Sin ella nunca daría el paso definitivo en busca de la libertad de comportamiento, de la independencia de pensamiento. Noys es, en cierto modo, la redentora de Harlan, y sin ella no habría novela que escribir.

Es cierto que la relación entre ellos parece torpe. Cómo podría ser de otro modo estando como está narrada desde el punto de vista de Harlan. El Ejecutor es un ser tímido, retraído y, si viviera en la sociedad occidental de este siglo lo calificaríamos enseguida como un «inútil social», que ante la presencia de una mujer atractiva solo es capaz de permanecer distante y ni siquiera puede sonreír con un mínimo de naturalidad, ocultando así sus temores y nerviosismo bajo una apariencia hosca y malencarada.

Así que la historia de amor entre Harlan y Noys se desarrolla con torpeza, la misma torpeza con que se comporta la parte masculina de la relación. No puede ser de otro modo, porque entonces Harlan no sería quien es y Noys no sería necesaria para hacerle ver todo lo que ha perdido.

Porque Harlan es, hasta el último momento, un hombre de la Eternidad. Es cierto que está dispuesto a destruirla cuando cree que los Eternos han raptado a su amada, pero no porque haya dejado de creer en ella, e incluso en el momento en que gira el dial consciente de que está destruyendo aquello por lo que ha vivido hasta ahora sigue siendo una criatura de la Eternidad. Su reacción cuando su superior Lavan Twisell le cuenta su pecado es sintomática al respecto.

Twisell traicionó una vez a la Eternidad: tuvo una relación con una mujer normal, y un hijo fruto de esa relación. Un hijo que sería afectado por uno de los cambios de la realidad. Twisell, sin valor para traicionar del todo a la organización en la que ha vivido, permite el cambio de realidad y asiste impotente a la nueva versión de su hijo: un paralítico condenado a la inmovilidad por el resto de su vida.

Cuando Twisell le comunica a Harlan que su crimen no fue tener una relación con una mujer, ni un hijo con ella, ni haberse interesado por el destino de su hijo, sino no haber tenido el valor suficiente para salvar a ese hijo, Harlan reacciona con asco. Incluso en ese momento en que está dispuesto a tirarlo todo por la borda, los prejuicios de la Eternidad siguen con él. Harlan aún pertenece a los Eternos incluso cuando trata de destruirlos. Porque en realidad no quiere destruirlos, aún no. Sólo quiere recuperar a Noys y permitirá entonces que la Eternidad siga adelante.

No es hasta más tarde, en el lejano pasado, libres de la influencia de la Eternidad, y durante la confrontación final con Noys que Harlan encuentra el valor para hacer lo que debe hacer (o mejor dicho, para no hacer lo que no debe) y permite que la Eternidad muera: se niega forjar su eslabón en el bucle temporal destinado a crearla y permite que se suma en el olvido.

Asimov no puede evitar ser quién es, al fin y al cabo. Porque no es con la emoción como Noys convence a Harlan. Es con la fuerza de sus argumentos. Por supuesto, esos argumentos serían ineficaces sin el lazo emocional (y la recuperación de sus miembros emocionales perdidos que conlleva el lazo) pero del mismo modo, el amor de Harlan por Noys no es suficiente para hacerle dar el paso. Guiado solo por sus sentimientos Harlan no puede, en buena ley, destruir a la Eternidad: necesita un motivo, un motivo convincente y en el que pueda creer.

Noys se lo da, por supuesto, y le da su propia presencia como recompensa y acicate.

Volviendo a lo que comentaba más arriba, esta es una novela de Asimov atípica con un protagonista atípico, porque finalmente resulta ser el antagonista el que tiene la razón de su parte, y es el protagonista quien, no solo cede y le permite alzarse con el triunfo, sino que es convencido y se pasa a sus filas.

Pero es convencido (si bien es cierto que un pequeño empujón emocional) con la fuerza de la razón. Asimov parece decirnos que no hay problema en pensar con las vísceras… siempre y cuando no tomemos nuestras decisiones con ellas.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “El fin de la Eternidad” (The End of Eternity). En The Alternate Asimovs, Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Cuentos paralelos (Martínez Roca, 1987).
  • El fin de la Eternidad (The end of Eternity). Doubleday, 1955. Edición española más reciente: La Factoría de ideas, 2007.
© 2009, Rodolfo Martínez

Una pausa

Lunes 6 Julio 2009 | 571 lectura(s) | 4 comentarios »
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Los que entráis por aquí habitualmente habréis visto que este blog no se actualiza desde hace casi un mes. ¿Me he cansado, me he aburrido, me he quedado sin nada que decir?

No exactamente. Digamos que estoy entrando un perezoso periodo estival que hace que no le preste al blog toda la atención que merece.

No obstante, en las inmortales palabras del gobernador de California, “volveré”. Seguramente ni este mes ni agosto vea ninguna actualización, pero prometo estar al pie del cañón a principios de setiembre y seguir adelante con el proyecto.

© 2009, Rodolfo Martínez

El fin de la Eternidad (1): la génesis

Lunes 8 Junio 2009 | 838 lectura(s) | 3 comentarios »
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Pese a todos los problemas personales que tiene con él, la relación de Asimov con Horace L. Gold debe resultarle bastante fructífera en otros terrenos, no sólo porque sigue publicando en su revista (y en más de una ocasión es en ella donde serializa novelas que aparecerán posteriormente en libro) sino porque se deja guiar por sus consejos en más de una ocasión, por no mencionar el hecho de que lo usa (a él mismo o a situaciones generadas por él) como modelo para personajes, escenas e incluso ambientes de su ciencia ficción.

De hecho, Asimov siempre reconocerá que Gold es, sin duda, uno de los mejores editores de su época. En términos generales, muy superior a Campbell, quien poco a poco se va volviendo más excéntrico y empieza a sentirse cada vez más interesados por las zonas más marginales de la ciencia… si es que a aquello puede llamársele ciencia. El cuento “Creencia”, cuya idea de partida le es sugerida por Campbell, puede ser un buen ejemplo de por donde van los intereses del director de Astounding por esa época.

No es de extrañar que cuando L. Ron Hubbard cree la “disciplina” de la dianética y monte alrededor de ella su religión de la cienciología, Campbell se entusiasme totalmente con el asunto.

Con el tiempo, Campbell y Asimov se van distanciando y, en cierto modo, para éste es un alivio que Astounding ya no sea la publicación hegemónica sin discusión y haya otros lugares donde publicar igualmente atractivos. El enorme respeto que siente por Campbell (y la indudable deuda de gratitud que tiene para con él) hace que nunca pierdan del todo ni el contacto ni la amistad, y Asimov no dejará de enviarle relatos para que los publique y jamás dirá en público nada que empañe la imagen de Campbell. Sólo en el último tomo de su autobiografía (escrita en un momento en que Asimov siente la muerte casi más como una certeza que como una posibilidad) se permite sacar a la luz los defectos de su amigo y mentor, e incluso entonces lo hará desde el respeto, el cariño y la gratitud.

Sin duda la relación más cordial que mantiene por esa época es con Anthony Boucher, director de F&SF, pero no cabe duda de que el criterio de Gold le parece siempre interesante, por problemático que sea el trato con él (eso sin mencionar la forma brutal y grosera en que trata los rechazos).

Así, no es raro que cuando empieza a escribir una novela corta llamada “El fin de la Eternidad”, piense en ella como algo destinado a la Galaxy de Gold. Es un relato de viajes en el tiempo. De hecho, es la historia de toda una organización (la Eternidad del título) que trasciende el tiempo y vela por su correcto fluir, cambiándolo aquí y allá donde sea necesaria para que las cosas sean “como deben” y todo vaya de acuerdo al “mayor bien posible”.

Los viajes en el tiempo conforman, posiblemente, uno de los subgéneros más difíciles dentro de la ciencia ficción. Son muchos los autores que los usan como premisa o como simple decorado, pero pocos los que se atreven a hacer del viaje temporal el eje alrededor del que gire su novela: escribir teniendo como tema central el viaje en el tiempo y conseguir que el resultado sea coherente, con consistencia y al mismo tiempo nos sorprenda no es, para nada, tarea fácil. Puede serlo (o al menos resultar menos difícil) en el terreno del relato corto, donde una narración es capaz de sostenerse por sí sola con una única idea afortunada alrededor de la que gire todo, pero cuando entramos en territorio novelístico las inevitables ramificaciones de esa idea central comienzan a apoderarse de la trama y el autor debe ser muy hábil para que esta no se le vaya de las manos.

Hasta ahora Asimov sólo se había atrevido con el viaje temporal en el terreno del relato y es muy posible que cuando se sienta a escribir “El fin de la Eternidad” no tenga muy claro aún hasta qué distancia narrativa le va a llevar la idea.

Idea que le viene de un momento en que ojea viejos ejemplares de la revista Time en la Universidad de Boston. Ve un anuncio aparentemente inocuo en cuyo fondo parece haber un hongo nuclear. Por la fecha de la revista eso es imposible y enseguida se da cuenta que en realidad se trata de «Old Faithfull», el famoso géiser del parque de Yellowstone. Pero su cabeza no puede descansar y a partir de un detalle tan nimio empieza a imaginar toda una historia, no solo de viajes en el tiempo, sino de una organización entera dedicada a controlarlos y de la extraña sociedad que se ha ido construyendo a su alrededor. El haber engarzado además la anécdota que da origen a todo dentro de la novela y haberla convertido en parte importante de la trama (sin ella, difícilmente la historia alcanza su conclusión) es una prueba de más del modo brillante en que funcionaba la mente de Asimov.

Pero cuando le presenta “El fin de la Eternidad” a Gold, éste la rechaza. No con sus malos modos habituales, sin embargo. Lo que le dice es que, en realidad, lo que le ha pasado es el embrión de una novela. Que ahí dentro hay una novela y que tiene que hacer es ponerse a trabajar en ella y sacarla adelante.

Para entonces, la idea de convertir una novela corta en una novela no es nada novedoso para Asimov. Lo ha hecho ya con Un guijarro en el cielo, al fin y al cabo. Y, por otro lado, con cuatro novelas en el mercado -sin contar las de Lucky Starr-, que están funcionando bastante bien, es poco probable que Doubleday le rechace una quinta.

Lo raro no es que tome una novela corta y la transforme en una novela, sino el modo en que lo hace. Cuando transforma “Enevejece conmigo” en Un guijarro en el cielo, apenas toca el texto del que parte: lo amplia y cambia la estructura, pero podemos decir que prácticamente todo lo que había escrito para “Envejece conmigo” pasa a Un guijarro en el cielo sin apenas cambios.  Y, en realidad, los personajes, las situaciones y la trama prácticamente no varian de una versión a otra.

Sin embargo, cuando se dispone a convertir “El fin de la Eternidad” en El Fin de la Eternidad parte de cero. Utiliza el entorno, la idea general y parte de los personajes, pero no usa el texto de la novela corta.

Y, sin saberlo, esta haciendo lo que debe. La novela corta original contiene ideas interesantes y juega bien con los viajes en el tiempo y la idea de las paradojas, pero no termina de funcionar por completo. El argumento no tiene la suficiente garra, no lleva la trama a sus últimas consecuencias y los personajes no están a la altura de la historia.

Todo eso cambiará cuando construya El fin de la Eternidad. Cambiará tanto, de hecho, que Asimov escribirá su mejor novela de ciencia ficción.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “El fin de la Eternidad” (The End of Eternity). En The Alternate Asimovs, Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Cuentos paralelos (Martínez Roca, 1987).
© 2009, Rodolfo Martínez

Sin salir de casa

Lunes 1 Junio 2009 | 514 lectura(s) | Sin comentar »
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Con “Riesgo”, Asimov vuelve al escenario de sus robots positrónicos y, de hecho, este  cuento es una continuación bastante evidente de “El pequeño robot perdido”. No es de los mejores cuentos de Asimov, pero está bien estructurado y funciona sobre todo gracias al modo en que Susan Calvin manipula al personaje principal del relato para usar sus prejuicios anti-robots a su favor y obtener lo que desea.

“Mundo onírico” es un ultracorto que, la verdad, no aporta gran cosa ni a la ciencia ficción en general ni a la obra de Asimov. Dirigido hacia un retruécano final, se lee rápido y se olvida con más rapidez todavía.

No puedo decir nada de “The Portable Star”, básicamente porque es un relato del que Asimov siempre abominó y nunca permitió que fuera reproducido en ninguna antología del género, por lo que me ha sido imposible echarle un vistazo. Por los comentarios y resúmenes que he podido leer, es un mal relato, aunque no necesariamente el peor que haya escrito Asimov.

Otro tanto me sucede con “Question”, un ultracorto sobre Multivac (el superordenador que utilizó en unos cuantos de sus relatos) que no ha sido incluido en ninguna antología. Aparece en marzo de 1955 en una revista llamada Computers and Automation y se reedita un par de años más tarde en Science World. En ese momento, otro escritor se pone en contacto con Asimov y le hace  notar las similitudes entre ese relato y otro que él ha publicado varios años antes. Los relatos son, en realidad, bastante distintos, pero el clímax narrativo es casi idéntico.

Asimov no esá seguro de lo que ha pasado y, desde luego, no tiene conciencia de haber copiado el cuento del otro individuo: pero se da cuenta de que, sin duda, éste ha sido publicado antes de que él escriba el suyo y que, además, posee (y seguramente ha leído) la antología en la que ha aparecido el otro cuento. Puede ser pura casualidad, pero parece más probable que se trate de un caso de plagio inadvertido: leído el cuento y olvidado rápidamente, el final sin embargo queda rodando por su cabeza y acaba usándolo sin darse cuenta de que no es suyo. Cosas como esas pasan con más frecuencia de lo que se cree, de hecho.

Así pues, accede a retirar su cuento de circulación y no lo incluye jamás en sus propias antologías ni permite que otros lo edien.

Este incidente sería comentado por el propio Asimov en Gold, una antología postuma editada en 1995.

* * *

En “Sufragio universal” el autor toma una tendencia existente en el mundo real y la lleva a las últimas consecuencias. Está escrito en una época en que las encuestas electorales comenzaban a ponerse de moda y se discutía su fiabilidad y, probablemente, se hablaba de ellas como herramientas predictivas válidas. A partir de ahí, construir esa sociedad donde el resultado de las elecciones se decide en base a una encuesta única realizada sobre un solo ciudadano elegido de forma aleatoria, era cuestión, simplemente, de llevar las cosas al extremo. El relato se lee con agrado, pero no aporta nada especialmente relevante.

* * *

“La última trompeta” es un cuento apocalíptico. Dios ha decidido que ha llegado el día del Juicio Final, los ángeles tocan la trompeta y los muertos se levantan de sus tumbas.

Es un cuento, como poco, curioso, enfocado alrededor del paseo que da el personaje central por la ciudad a medida que muertos cada vez más antiguos van despertando y uniéndose a los vivos mientras todos aguardan el juicio.

Al final, éste se evita por una pirueta de calendario y todo parece volver a la normalidad,  pero un personaje siniestro aguarda entre bastidores su próxima oportunidad.

La moralina final (una advertencia contra el peligro atómico, algo inevitable en los años cincuenta) estropea lo que de otro modo habría sido un buen cuento.

* * *

Como ya hemos comentado anteriormente, Heinlein acusó amistosamente en cierta ocasión a Asimov de hacerse de oro a cuenta de sus obsesiones. Se refería al cuento “Soñar es un asunto privado”, que Asimov publica en 1955.

Y algo de eso hay. El personaje central del relato es una suerte de “bicho raro con talento” que no encaja en ningún sitio demasiado bien y al que le gustaría poder no tener su don y dejar de soñar. Sin embargo, no puede. Es fácil ver que el personaje es, en cierto modo, un trasunto del propio Asimov y de su obsesión cada vez mayor por escribir, hasta el extremo de que llegaría un momento en que iba a resultar difícil convencerlo para que hiciera nada más. Su día a día acabaría consistiendo precisamente en eso: levantarse, sentarse frente a la máquina de escribir y permanecer ante ella hasta el momento de volver a acostarse… más o menos. Es evidente que se levantaba para comer o hacer sus necesidades, pero no lo es menos que si hubiera podido agenciarse un sistema (un par de sondas, pongamos por caso) para no tener que detenerse a satisfacer esas engorrosas necesidades biológicas, lo habría usado, y habría pasado el resto de su vida “atado” a su máquina de escribir y, seguramente, sintiéndose feliz.

Por el contrario, el protagonista de “Soñar es un asunto privado” siente su don como una maldición y quisiera librarse de él, aunque no puede. Toda su vida se ve afectada por su talento, especialmente la relación con su mujer que tiene que “sufrir”, en cierto modo, las excentricidades de su marido. No es descabellado pensar que ahí Asimov está, una vez más, haciendo un retrato deformado de su relación con Gertrude, su primera esposa.

Este cuento, por otro lado, no es el único de los publicados ese año en los que Asimov utiliza piezas de su propia personalidad y algunas de sus manías como base para componer un personaje o una situación.

En “La campana armoniosa” y “La piedra parlante” nos presenta a Wendell Urth, un extraterrólogo cuasi claustrofílico que se niega a usar medio alguno de transporte que no sean sus propias piernas, con la consecuencia obvia de que es una autoridad en el espacio exterior sin haber salido casi nunca de su casa. En realidad aquí Asimov parte de un cliché habitual de la novela policiaca de corte clásico: el detective misántropo que resuelve los crímenes sin haberlos visto y, muchas veces, sin presenciar siquiera la escena del crimen y cuyo máximo exponente es, sin duda, Nero Wolfe, que jamás sale de su casa.

Dado que estos dos cuentos son, precisamente, naraciones policiacas, ese estereotipo le va como anillo al dedo. Con ellos, Asimov inicia una serie de relatos policiacos de ciencia ficción en los que Urth es siempre quien desvela el misterio y apunta a la policía en la dirección correcta. Son cuentos de corte clásico, en los que lo que importa a menudo (como pasa en “La campana armoniosa”) no es descubrir quién es el asesino o cómo ha realiza su crimen -algo que muchas veces se sabe nada más empezar la historia- sino cómo se las apañará Urth para demostrarlo.

La serie será breve y no llegará a la media docena de relatos. Y es una pena: como fusión entre policiaco y ciencia ficción son bastante buenos y la personalidad excéntrica de Urth les añade más interés. En cierto modo, Asimov está tanteando en busca de un personaje que pueda servirle como hilo conductor para una serie policiaca: Urth con sus excentricidades, es uno de sus primeros intentos realmente logrados, pero no será hasta que de con Henry, el camarero de los Viudos Negros (inspirado en el Jeeves de Woodhouse), cuando encuentre lo que realmente estaba buscando.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “La campana armoniosa” (The Singing Bell). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, enero 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Question”. En Computers and Automation, marzo 1955. Sin edición en castellano.
  • “Riesgo” (Risk). En Astounding Science Fiction, mayo 1955. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La última trompeta” (The Last Trump). En Fantastic Universe, junio 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Sufragio universal” (Franchise). En If: Worlds of Science Fiction, agosto 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “La piedra parlante” (The Talking Stone). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Mundo onírico” (Dreamwordl). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, noviembre 1955. Edición española más reciente: Opus 100 (Alianza, 1983).
  • “Soñar es un asunto privado” (Dreaming is a Private Thing). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, diciembre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “The Portable Star”. En Thrilling Wonder Stories, invierno 1955. Sin edición en castellano.
© 2009, Rodolfo Martínez

Material de repertorio

Lunes 25 Mayo 2009 | 473 lectura(s) | Sin comentar »
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Los relatos que Asimov publica en 1954 no son, en general, gran cosa. Algunos, como “El bardo inmortal” o “No lo hagamos” no pasan de ser un chiste en el primer caso y una advertencia cargada de moralina en el segundo.

La idea que subyace tras “El bardo inmortal” (que el autor es, a menudo, el que menos conoce su propia obra y está, por tanto, menos preparado para analizarla) es quizá interesante, pero no resulta demasiado novedosa y su tratamiento, orientado a un retruécano final, no peca precisamente de original.

“La pausa” es algo más interesante. Aunque también es uno de esos cuentos en los que el autor intenta advertirnos de los peligros de la guerra atómica y tras él se esconde (no muy bien, todo hay que decirlo) una amplia dosis de moralina, la historia funciona, está bien llevada y las primeras páginas del cuento son brillantes: el escenario que describe, con un planeta en el que de pronto ha desaparecido tanto la energía nuclear como la posibilidad de obtenerla, resulta estremecedor y, sin duda, pone el dedo en la llaga de la pequeñez humana.

“Hace un hermoso día” es un relato donde el autor juega con sus propias obsesiones… pero esta vez dándole la vuelta. Como buen claustrófilo, a Asimov la idea de lo que hubiera más allá de la ventana de su despacho le resultaba irrelevante, cuando no molesto. De hecho, es muy posible que hubiera sido feliz encerrado perpetuamente en su casa y escribiendo sin parar. Alguna vez definió el paraíso, como ya hemos comentado, como estar dentro de uno de los quioscos del metro, con todas las persianas bajadas, arrullado por el sonido de los trenes al pasar y leyendo una y otra vez las viejas revistas de ciencia ficción.

En “Hace un hermoso día” desarrolla una sociedad que se ha vuelto moderadamente agorafóbica, a causa de que los aparatos teleportadores han vuelto innecesario caminar o desplazarse para llegar a los distintos lugares. Cuando el niño protagonistase se encuentra con que  que su teleportador está estropeado y decide ir andando al colegio, descubre de pronto que le gusta el aire libre y pasear por el puro placer de hacerlo. ¿La consecuencia? Su madre, preocupada, no tardará en consultar con un psicólogo.

Es un cuento que funciona a varios niveles. Por una parte describe, y muy bien, el modo en que un solo avance tecnológico cambia los hábitos mentales y de comportamiento de toda una sociedad. De hecho, se ajusta como un guante a la definición de ciencia ficción que siempre manejó Asimov: “la rama de la literatura que describe las respuestas humanas a los cambios en ciencia y tecnología”.

Y funciona también al mostrarnos cómo el concepto de “normalidad” es algo muy relativo. Sin estridencias, sin hacer innecesarios hincapiés en lo que va narrando, Asimov es capaz de hacer parecer como un comportamiento aberrante algo que para nosotros es perfectamente normal. Aunque de intenciones, extensión y ejecución muy distintas, en cierto modo “Hace un hermoso día” y la famosa novela de Richard Matheson Soy leyenda tratan el mismo tema de fondo. No sería ni la primera ni la última vez que Asimov usara como punto de partida de sus relatos una inversión del concepto de “normalidad”. Pero quizá aquí es donde mejores resultados narrativos logra.

Pero el mejor cuento de ese año es “Engañabobos”. La historia que narra (una expedición a un planeta en el que hay un peligro mortal que nadie parece captar) no es quizá demasiado original, pero sí que lo son los personajes involucrados en ella.

Especialmente el protagonista del relato, una suerte de “niño sabio” que carece por completo de habilidades sociales y cuyo talento, aparte de una memoria literalmente perfecta, consiste en ser capaz de interrelacionar los conocimientos que absorbe y descubrir lo que a todos se les ha pasado por alto.

Inmediatamente, el personaje se nos presenta como un marginado, alguien que resulta molesto para los demás (siempre deambulando por ahí y preguntando a los otros qué hacen) cuando no es visto directamente como una amenaza. Su inteligencia prodigiosa unida a su carácter casi infantil y su falta de sofisticación en el trato social hacen de él un paria al que nadie quiere hacer caso.

En cierto modo, Asimov se está retratando a sí mismo. O, para no personalizar tanto, a todos esos niños prodigio cuyo desarrollo emocional no está a la par de su crecimiento intelectual y son mirados con desprecio por todos cuantos les rodean. Asimov pudo haber sufrido algo parecido en sus primeros años en el colegio. Y, como él mismo cuenta, no lo fue gracias a que su forma de ser, extrovertida e irreverente, le impidió convertirse en el niño bonito de sus profesores.

En “Engañabobos”  en cierto modo vuelve sobre esa situación de su infancia y la codifica en los integrantes de una expedición a un planeta desconocido. Y lo hace estupendamente. El cuento funciona como historia de ciencia ficción, sin más, pero también lo hace como metáfora. Y en ambos terrenos funciona de maravilla.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Hace un hermoso día” (It’s Such a Beautiful Day). En Star Science Stories 3, 1954. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “La pausa” (The Pause). En Time to Come: Science Fiction Stories of Tomorrow, 1954. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 1998)
  • “Engañabobos” (Sucker Bait). En Astounding Science Fiction, febrero 1954. Edición española más reciente: A lo marciano (Martínez Roca, 1990)
  • “El bardo inmortal” (The Inmortal Bard). En Universe Science Fiction, mayo 1954. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “No lo hagamos” (Let’s not). En Graduate Journal of Boston University, diciembre 1954. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 1998).
© 2009, Rodolfo Martínez

Bóvedas de acero

Lunes 18 Mayo 2009 | 708 lectura(s) | 2 comentarios »
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Bóvedas de acero es la primera de las novelas asimovianas que es explícitamente policiaca. Cierto que en las anteriores había siempre un componente de misterio y una cierta estructura de thriller, pero es ahora donde todo eso se hace explícito y crea una novela que, sin dejar de ser ciencia ficción en ningún momento, es también un policiaco.

Ya hemos comentado que una parte significativa de lo que Asimov escribe en esa época guarda relación con Horace L. Gold, el problemático director de la revista Galaxy. Bóvedas de acero, su primera novela de robots, no es una excepción.

De hecho, es Gold quien le sugiere el punto de partida, quien le dice que por qué no escribe una novela en la que un policía humano y un robot investiguen juntos un asesinato. A Asimov la idea no termina de convencerle, no le ve demasiadas posibilidades, así que Gold le sugiere que haga que uno de los ejes temáticos de la historia sea la posibilidad de que, si el humano fracasa, podría verse sustituido por el robot, y que trate su comportamiento frente a esa amenaza y a la consiguiente situación de presión.

Así que se sienta a escribir la novela con esas premisas en mente, pero Bóvedas de acero no tarda en despegar por su cuenta e irse por otros derroteros. La idea de que Elijah Baley, el protagonista, podría acabar siendo sustituido por una máquina de apariencia humana si falla en su trabajo no tarda en quedarse en una mera anécdota.

Lo que Asimov termina escribiendo es un policiaco de corte clásico (lo que se ha dado en llamar un whodoneit) en el que aprovecha para diseccionar una tendencia humana por el siempre eficaz método de llevarla al extremo. Toma la progresiva urbanización del mundo, la exagera y la lleva a sus últimas consecuencias, construyendo de ese modo una sociedad agorafóbica que se arracima en megalópolis como en una suerte de cavernas de acero. Ése es, de hecho, el título original de la novela.

Y al hacer eso, Asimov está en cierto modo jugando con sus propias obsesiones personales. No es agorafóbico, aunque sí claustrofílico, pero la diferencia entre ambas ideas es tan lo sutil que basta un pequeño empujón para convertir la segunda en la primera. Y, al mismo tiempo, está tomando de modelo la patología de Gold, un verdadero agorafóbico que no soportaba salir de su casa y al que el mero contacto humano le resultaba desagradable, al extremo de no soportar estar en la misma habitación que otra persona.

En cierto modo, “parte en dos” a Gold y toma cada elemento de su peculiar personalidad para definir dos sociedades muy distintas.

Por un lado la sociedad terrestre, incapaz de salir al exterior, hacinada en gigantescos hormigueros y a la que la sola visión del cielo abierto produce vértigo. Y, por el otro, los hombres del espacio, los habitantes de las antiguas colonias terrestres, que no son capaces de acercarse a los humanos de la Tierra sin filtros nasales y guantes en las manos y a los que el contacto físico con esos a los que consideran poco menos que “subhumanos” les resulta insoportable.

Y en medio de todos ellos, dos personajes que no pueden ser más distintos:

Elijah Baley, el tozudo detective terrestre, lleno de prejuicios pero dispuesto a sobreponerse a ellos, incapaz de abandonar una pista una vez que la sigue y, sobre todo, lleno de sentido común y lo bastante honrado consigo mismo para ver el callejón sin salida en que se ha metido la civilización terreste.

R. Daneel Olivaw, el robot de aspecto humano, siempre amable, siempre imperturbable, eficiente y al mismo tiempo ingenuo, deseoso de aprender y carente de malicia y de dobleces. El complemento perfecto para Baley.

De hecho, ambos funcionan como un esterotipo que el cine de Hollywood ha perpetuado hasta la nausea: el policia veterano al que le asignan un compañero “extraño” que no termina de encajar y con el que termina por componer una pareja extraña pero funcional que se las apañará para resolver el misterio y mantener su inverosímil amistad en el proceso. De hecho, no es descabellado pensar que la pareja formada por James Caan y Mandy Patinkin en la, por otro lado mediocre, Alien nación, bebe directamente de Baley y Daneel. Y no son los únicos.

Estereotipo o no, Asimov se las apaña muy bien para definir a ambos personajes con eficacia con tan solo media docena de pinceladas y para hacerlos interactuar juntos hasta el extremo de que la novela funciona y se sostiene en buena medida gracias a ellos. Es Baley la personalidad dominante, sin duda, pero tampoco podemos negar que Baley no terminaría de funcionar sin un Daneel que lo secunde.

La novela funciona también en otros aspectos: en la descripción de la vida familiar del detective, en su análisis de la política, los trapicheos y los favores en el puesto de trabajo, en su acertada disección de los miedos y los prejuicios de la gente común y en cómo son aprovechados y manipulados por otros… y, por último, en el análisis de una sociedad disfuncional que está abocada a una agonía interminable de la que no puede salir. La Tierra, termina pensando Baley, se ha encerrado a sí misma en el útero de las cuevas de acero, y si quiere sobrevivir tendra que salir de ellas, por doloroso que resulte y abandonar la protección (y las muletas) de las paredes que la rodean.

Asimov seguirá explorando esa idea en la siguiente novela del ciclo, El sol desnudo, y volverá de nuevo sobre ella en los años ochenta en Los robots del amanecer. En Bóvedas de acero, se limita a esbozarla y jugar con ella mientras desarrolla su trama de misterio y lleva a sus personajes de un lado a otro tratando de resolver un asesinato.

Como novela de ciencia ficción, Bóvedas de acero funciona a la perfección, y lo hace también como novela policiaca, sin que se pueda decir que un elemento destaque por encima del otro, consiguendo así un todo equilibrado y armónico.

Es curioso, porque es también durante 1954 cuando aparecen publicados los primeros relatos cortos de Asimov que combinan ciencia ficción y policiaco. Es una tendencia que ya no abandonará y, de hecho, no tardará en pasarse al policiaco puro y duro. Así, cuatro años más tarde publicará Soplo mortal, una novela policiaca ambientada en la Universidad de Boston y donde Asimov codifica, de nuevo, parte de sus circunstancias personales y sus dificultades laborales.

Pero Bóvedas de acero tiene el honor de ser su primera novela policiaca. Y, además, una de las mejores. La combinación de la creación de un entorno, la especulación social, la interacción entre los personajes y el misterio a resolver funciona de una manera impecable. Y de paso, construye una pareja protagonista que está llamada a convertirse en fundamental y recurrente a lo largo de su carrera literaria.

Por todo eso, Bóvedas de acero me parece su primera obra de madurez. Su primera novela como maestro, podríamos decir, una vez dejado atrás el aprendizaje de las tres anteriores. Equilibrada, bien narrada y perfectamente construida, podemos decir sin dudarlo que con ella Asimov deja de ser “uno más” y se convierte con todo mericimiento en uno de los grandes autores del género en su época.

BIBLIOGRAFÍA:

  • Bóvedas de acero (The Caves of Steel), Doubleday, 1954. Edición española más reciente: Debolsillo, 2004.
© 2009, Rodolfo Martínez

Mis artículos sobre Asimov

Miércoles 13 Mayo 2009 | 377 lectura(s) | Sin comentar »
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  • “Una cronología del universo asimoviano”. Gigamesh 22, noviembre 1999.
  • “La apuesta de Asimov por la libertad: un análisis de El fin de la Eternidad“. Gigamesh 38, noviembre 2004.
  • Trilogía del Imperio: el inicio de la madurez”. En Trilogía del Imperio, de Isaac Asimov. Alamut, Madrid, 2008.
© 2009, Rodolfo Martínez

Escepticismo

Lunes 11 Mayo 2009 | 800 lectura(s) | Sin comentar »
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En 1953, la revista de Horace L. Gold, Galaxy, inicia la publicación de Bóvedas de acero. La novela aparece serializada en los números de octubre, noviembre y diciembre, y será publicada por Doubleday en libro al año siguiente.

En lo que se refiere a los relatos cortos, no es un mal año para Asimov. Nueve cuentos, de extensión y calidad bastante variable, que reparte por la mayoría de las revistas de la época.

El primero es “Nadie salvo nosotras, las máquinas”, un relato humorístico  que aparece en una antología que Pohl compila para la editorial Ballantine. El cuentono es gran cosa, aunque el humor funciona y tiene posiblemente el más anti-asimoviano de los protagonistas: torpe, tosco, ignorante y, en resumen, un auténtico patán con todas las de la ley. Por lo demás, es un relato que se lee casi tan rápido como se olvida.

“Button, Button” es otro cuento humorístico y, como el anterior, es perfectamente olvidable. Es una suerte de remake de “La magnífica posesión”. La diferencia es la experiencia y el oficio que para entonces tiene Asimov: mientras que “La magnífica posesión” es fallido en todos los aspectos (y como intento de humor resulta más bien lamentable), “Button, Button” funciona narrativamente y tiene dos o tres momentos interesantes. La idea de partida (que podría resumirse en “¿cómo usamos una máquina del tiempo que puede hacer “copias” de objetos del pasado para hacer dinero?”) no está mal tratada y los elementos humorísticos encajan en la historia sin resultar forzados.

No contento con esto dos relatos, en “El dedo del mono” vuelve a internarse en el terreno del humor, construyendo un cuento que no es otra cosa que un chiste excesivamente alargado y dirigido al giro de tuerca final que, para cuando llega, se lo ve venir y no resulta demasiado graciaso.

Sin embargo, es un relato interesante, pues buena parte de su desarrollo se debe a una anécdota real. La discusión que editor y escritor (los dos protagonistas del relato) tienen sobre una historia del último está inspirada en la discusión que Gold y Asimov tuvieron cuando éste le entregó al director de Galaxy su cuento “Conducto-C”.  Así, el mayor interés de “El dedo del mono” es ver el modo en que Asimov empieza a codificar momentos de su propia vida en lo que escribe. De hecho, llegaría un momento (con “Soñar es un asunto privado”) en el que Robert Heinlein le acusaría de hacer dinero con sus neurosis.

Con “Sally” vuelve a la serie de los robots positrónicos… en cierta forma. Pues, en este caso, el robot no es otra cosa que un coche informatizado. El relato juega magníficamente con la obsesión del hombre medio (y, sobre todo, del americano medio) hacia su coche, con la forma en que lo humaniza, lo dota de una personalidad y lo trata, en cierto modo, como un ser vivo y consciente. Una obsesión que, por otro lado, el propio Asimov reconocía compartir. Así que podemos decir que de nuevo estaba metiendo elementos autobiográficos en su obra. “Sally” es de los mejores relatos que publica ese año: la relación entre el narrador y el coche cuyo nombre da título al cuento está magníficamente descrita, y no lo está menos la sensación de inquietud y desazón que le quedará al final al narrador cuando se de cuenta de que los coches robóticos están, tal vez, más “vivos” de lo que pensaba.

En “Moscas”, nos encontramos con una idea no demasiado novedosa de partida (”si nosotros somos como moscas para los dioses, ¿nos verán como dioses las moscas?”) pero el modo en que está tratada hace que el cuento no sólo funcione, sino que llegue a resultar incluso inquietante. Podríamos decir que estamos ante un cuento estrictamente realista: al fin y al cabo, no se ve ningún elemento explícitamente fantástico en su desarrollo y hay poco más que un par de personas hablando de la extraña peculiaridad de un tercero. Sin embargo, Asimov consigue construir con mimbres aparentemente simples un excelente cuento metafísico.

Con este cuento consigue, además, un objetivo quetenía en mentes desde hacía algún tiempo. Aunque para entonces ya tenía una columna de divulgación científica en The Magazine of Fantasy & Science Fiction (abreviada generalmente en F & SF), aún no había conseguido publicar un relato en esa revista. Además, en cierto modo, era una publicación por la que se sentía intimidado: de aspecto más elegante que las otras revistas del género de la época y con una orientación más “literaria” que ellas, Asimov no se sentía a la altura y lo cierto es que no se atrevió a enviarles un relato hasta que el propio Anthony Boucher, el director de la revista, se lo pidió.

* * *

Los dos siguientes cuentos que Asimov publica ese año son, quizá, los más interesantes. Uno, por el tratamiento poco común (sobre todo en su época) que aporta a un tema clásico y hasta tópico. Y el otro por su curiosa y en cierto modo accidentada concepción.

El primero es “Cosas de niños”, en el que se nos ofrece una visión totalmente racionalista y plausible del mundo de las hadas. Es, además, lo más parecido a un relato de terror que Asimov ha escrito jamás. Todo el cuento se desarrolla en una atmósfera de tensión que va creciendo paulatinamente y, cuando ésta se rompe hacia el final, el lector casi suspira de alivio. La visión, por otro lado, de los elfos, las hadas y los seres feéricos, no puede ser más negativa. Los presenta como una suerte de parásitos psíquicos que se alimentan, en cierto modo, de la parte más irracional de la mente humana. Y, como he dicho, la explicación “cientifista” que da de la existencia de esos seres es totalmente plausible.

“Creencia” parte, como bastantes de los cuentos de Asimov en esa época, de una propuesta de Campbell. Éste le había pedido que escribiera un relato donde una persona con habilidades paranormales no conseguía que nadie le creyera.

Asimov escribe un cuento profundamente pesimista, donde el protagonista se va hundiendo cada vez más, a medida que fracasa en su empeño de que lo tomen en serio, hasta llegar finalmente a acabar con su vida.

Cuando se lo presenta a Campbell éste se lo rechaza, sin embargo. No porque le parezca un mal cuento, sino porque la premisa que Asimov usa en él es justo la contraria de la que deseaba el editor de Astounding. Lo que éste pretendía era que el protagonista acabara, de un modo u otro, triunfando y consiguiendo que los demás creyeran en sus habilidades.

Asimov reescribe el tercio final del relato y hace triunfar a su personaje. Ésa es la versión que publica a final de ese año en la revista de Campbell y de la que el autor, en cierto modo, abomina. Durante muchos años se refiririó a la versión publicada como “el final de Campbell” y nunca tuvo demasiado interés en reeditarla.

Años más tarde, la Universidad de Boston encontraría, entre los papeles que Asimov les había enviado, la versión original de “Creencia” y el autor tendría entonces la oportunidad de comparar, ya con una cierta distancia que le daba el tiempo transcurrido, ambas versiones.

Se sorprende entonces de que lo que él ha llamado siempre “el final de Campbell” sea en realidad un final totalmente asimoviano: allí, el héroe, usando su ingenio y su razón, acaba enfrentándose a la adversidad y saliendo triunfante. De hecho, es el otro final el que no resulta para nada asimoviano.

¿Por qué entonces esa discrepancia, por qué en el recuerdo él había visto el final original como “el suyo” y el de la versión publicada “el de Campbell? La razón, se dice, es que el personaje, aunque se acaba comportando al final como un personaje típicamente asimoviano, no lo es de partida. Y, de hecho, el final original es mucho más consecuente con su psicología y, por tanto, más lógico. Y si hay algo ante lo que Asimov se rindió siempre fue a las necesidades de la lógica narrativa. De modo que, aunque el final publicado parece a primera vista más “asimoviano”, no lo es, por más que el autor sea lo bastante hábil para, en la parte reescrita, reorientar a su personaje hacia donde le interesa y hacerlo de un modo que resulte creíble.

Ambas versiones (junto a las versiones originales de Un guijarro en el cielo y El fin de la Eternidad) aparecerían en el volumen Cuentos paralelos. Compararlas y ver el modo en que el autor se las apaña para dar un giro radical al rumbo de su historia sin que ni el ritmo ni la unidad del relato se vean afectados, es un experimento interesante. Partiendo de un relato orientado desde la primera línea hacia un final oscuro y trágico, Asimov se las apaña para reconducir la historia hacia una conclusión que deja al héroe triunfante sin que eso chirríe con el resto del relato. Cosa que no es ninguna minucia.

* * *

“Creencia” es un relato incómodo para Asimov por otros motivos. Como racionalista convencido, casi extremo, que es, la idea de las habilidades paranormales (telekinesis, levitación, transmigración de almas, viajes astrales) le resulta ridícula de partida. Acepta y utiliza (de hecho, la usa con cierta frecuencia) la idea de la telepatía como algo plausible y con una cierta explicación racional (o quizá simplemente “racionalista”) detrás, pero en general todo el mundo de lo paranormal y los sobrenatural le produce un fuerte rechazo.

Durante toda su vida Asimov fue un esceptico y él mismo llegó a reconocer en alguna ocasión que su escepticismo no era siempre algo racional; que él, también, se dejaba llevar por sus “creencias”, en cierto modo. Cuando habla de “Creencia” (cuya premisa es, precisamente, un hombre capaz de levitar) dice que si se enfrentase a algo así en la realidad preferiría creer que sus ojos lo engañaban antes que aceptar que lo que veía era real.

No es una ceguera infrecuente entre los que se autoproclaman escépticos. Y es que cualquier actitud, llevada a sus últimos extremos, acaba convirtiéndose en algo irracional. Asimov era lo bastante sincero consigo mismo para ser consciente de esa veta de irracionalidad en su actitud racional y, mucho más importante, lo bastante honrado con sus lectores para no tener miedo de compartirlo con ellos.

* * *

El año termina para Asimov con la publicación de “Everest” y “Las aplicaciones micropsiquiátricas de la tiotimolina”.

El primero es un cuento bastante intrascendente donde se intenta dar una explicación de ciencia ficción al hecho de que el monte Everest no haya sido escalado aún. Lo más relevante del relato es quizá que los azares editoriales hicieron que saliera publicado cuando el Everest ya había sido coronado… varios meses después, de hecho.

En cuanto al segundo, no aporta nada demasiado novedoso con respecto al primer pseudo-artículo acerca de la tiotimolina, abundando simplemente en el aspecto paródico del asunto. Divertido y rápidamente olvidable, en realidad.

Claro que la gran publicación de Asimov de ese año no sería ningún relato, sino la novela Bóvedas de acero que, como dijimos al principio, sería publicada en los tres últimos números de 1953 de Galaxy. Aparecerá al año siguiente en forma de libro, y hablaremos de ella en los próximos capítulos.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Nadie salvo nosotras, las máquinas” (Nobody Here but…). En Star Science Stories 1, Ballantine, 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Button, Button” (Button, Button). En Startling Stories, enero 1953. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “El dedo del mono” (The Monkey’s Finger). En Startling Stories, febrero 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Sally” (Sally). En Fantastic Story Magazine, mayo-junio de 1953. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008)
  • “Moscas” (Flies). en The Magazine of Fantasy & Science Fiction, junio 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Cosas de niños” (Kid Stuff). En Beyond Fantasy Fiction, setiembre 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Creencia” (Belief). En Astounding Science Fiction, octubre 1953. Edición española más reciente: Los vientos del cambio (Martínez Roca, 1984).
  • “Everest” (Everest). En Universe Science Fiction, diciembre 1953. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “The Mycropsichiatric Applications of Thiotimoline”, en Astounding Science Fiction, diciembre 1953. Sin edición española.
  • Cuentos paralelos (The Alternate Asimovs). Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1987.
© 2009, Rodolfo Martínez

Cuentos de ciencia ficción

Jueves 7 Mayo 2009 | 2633 lectura(s) | 2 comentarios »
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1939:

  • “Aislados de Vesta” (Marooned off Vesta). En Amazing Stories, marzo de 1939. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992).
  • “El arma demasiado terrible para ser usada” (The Weapon Too Dreadful to Use). En Amazing Stories, mayo de 1939. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Opinión pública” (Trends). En Astounding Stories, julio de 1939. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).

1940:

  • “Mestizos” (Half-Breed). En Astonishing Stories, febrero de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Un anillo alrededor del sol” (Ring Around the Sun). En Future Fiction, marzo de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La amenaza de Calixto” (The Callistean Menace). En Astonishing Stories, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La magnífica posesión” (The Magnificent Possession). En Future Fiction, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Homo sol” (Homo Sol). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Robbie” (Robbie). En Super Science Stories, setiembre de 1940. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Mestizos en Venus” (Half-Breeds on Venus). En Astonishing Stories, diciembre 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).

1941:

  • “Historia” (History). En Super Science Stories, marzo de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “El sentido secreto” (The Secret Sense). En Cosmic Stories, marzo de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Razón” (Reason). En Astounding Science-Fiction, abril de 1941. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Herencia” (Heredity). En Astonishing Stories, abril de 194. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “¡Embustero!” (Liar!). En Astounding Science-Fiction, mayo de 1941. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Anochecer” (Nightfall). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Super Neutrón” (Super Neutron). En Astonishign Stories, setiembre de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “No tan definitivo” (Not Final!). En Astounding Science-Fiction, octubre 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1993).
  • “Anochecer” (Nightfall). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992)

1942:

  • “Navidades en Ganímedes” (Christmas on Ganymede). En Startling Stories, enero 1942. Edición española más reciente: La Edad de Oro II (Plaza & Janés, 1988).
  • “El robot AL-76 se extravía” (Robot AL-76 Goes Astray). En Amazing Stories, febrero 1942. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Círculo vicioso” (Runaround). En Astounding Science-Fiction, marzo 1942. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Cronogato” (Timepussy). En Astounding Science-Fiction, abril 1942 (bajo el seudónimo de George E. Dale). Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza y & Janés, 1988).
  • “Fundación” (Foundation). En Astounding Science-Fiction, mayo 1942. Edición española más reciente (como “Los enciclopedistas”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
  • “El arma” (The Weapon). En Super Science Stories, mayo 1942. Inédito en castellano.
  • “Fraile negro de la llama” (Black Friar of the Flame). En Planet Stories, primavera 1942. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Brida y silla de montar” (Bridle and Saddle). En Astounding Science-Fiction, junio 1942. Edición española más reciente (como “Los alcaldes”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
  • “Victoria accidental” (Victory Unintentional). En Super Science Stories, agosto 1942. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La novatada” (The Hazing). En Thrilling Wonder Stories, octubre 1942. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1993).
  • “El número imaginario” (The imaginary). En Super Science Stories, noviembre 1942. Edición española más reciente: La Edad de Oro II (Plaza & Janés, 1988).

1943:

  • “Sentencia de muerte” (Death Sentence). En Astounding Science Fiction, noviembre 1943. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).

1944:

  • “Atrapa esa liebre” (Catch that Rabbit). En Astounding Science Fiction, febrero 1944. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Lo grande y lo pequeño” (The Big and the Little). En Astounding Science Fiction, agosto 1944. Edición española más reciente (como “Los príncipes comerciantes”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
  • “La cuña” (The Wedge). En Astounding Science Fiction, octubre 1944. Edición española más reciente (como “Los comerciantes”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).

1945:

  • “Callejón sin salida” (Blind Alley). En Astounding Science Fiction, marzo 1945. Edición española más reciente: La Edad de Oro II (Plaza & Janés, 1988).
  • “La mano muerta” (Dead Hand). En Astounding Science Fiction, abril 1945. Edición española más reciente (como “El general”): Fundación e Imperio (La Factoría de Ideas, 2008).
  • “¡Fuga!” (Scape!).  En Astounding Science Fiction, agosto 1945. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “El Mulo” (The Mule). En Astounding Science Fiction, noviembre y diciembre 1945. Edición española más reciente: Fundación e Imperio (La Factoría de Ideas, 2008).

1946:

  • “Prueba circunstancial” (Evidence). En Astounding Science-Fiction, setiembre 1946. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).

1947:

  • “Pequeño robot perdido” (Little Lost Robot). En Astounding Science-Fiction, marzo 1947. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).

1948:

  • “Ahora lo ves…” (Now You See…). En Astounding Science-Fiction, enero 1948. Edición española más reciente (como “El Mulo inicia la búsqueda”): Segunda Fundación (La Factoría de Ideas, 2008).
  • “Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada” (The Endochronic Properties of Resublimated Tiotimoline). En Astounding Science-Fiction, marzo 1948. Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza & Janés, 1988).
  • “Sin conexión” (No Connection). En Astounding Science-Fiction, junio 1948. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992).

1949:

  • “La carrrera de la Reina roja” (The Red Queen’s Race). En Astounding Science-Fiction, enero 1949. Edición española más reciente: Cuentos competos II (Ediciones B, 1993).
  • “Madre Tierra” (Mother Earth). En Astounding Science-Fiction, mayo 1949. Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza & Janés, 1988).
  • “…Y ahora no lo ves” (…And Now You Don’t). En Astounding Science-Fiction, noviembre y diciembre 1949. Edición española más reciente (como “La búsqueda de la Fundación): Segunda Fundación (La Factoría de Ideas, 2008).

1950:

  • “El hombrecillo del metro” (Little Man ont the Subway). En Fantasy Book 6, enero 1950. Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza & Janés, 1988).
  • “El conflicto evitable” (The Evitable Conflict). En Astounding Science-Fiction, junio 1950. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Ritos legales” (Legal Rites). En Weird Tales, setiembre 1950. Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza & Janés, 1988).
  • “Sala de billar darwiniana” (Darwinian Poolroom). En Galaxy Science Fiction, octubre 1950. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “El día de los cazadores” (Day of the Hunters). En Future Combined with Science Fiction Stories, noviembre 1950. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (Ediciones B, 1993).
  • “Manchas verdes” (Green Patches). En Galaxy Science Fiction, noviembre 1950. Edición española más reciente: Cuentos Completos I (Ediciones B, 1992).

1951:

  • “Por una buena causa” (In a Good Cause). En New Tales of Space and Time, Holt, 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Satisfacción garantizada” (Satisfaction Guaranteed). En Amazing Stories, abril 1951. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Huésped” (Hostess). En Galaxy Science Fiction, mayo 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Creced y multiplicaos” (Breeds There a Man…?). En Astounding Science Fiction, junio 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992),
  • “Conducto C” (C-Chute). En Galaxy Science Fiction, octubre 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “El Sha Guido G” (Sha Guido G). En Marvel Science Fiction, noviembre 1951. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza&Janés, 1998).
  • “Cómo se divertían” (The Fun They Had). En Boys and Girls Page, diciembre 1951. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).

1952:

  • “Juventud” (Youth). En Space Science Fiction, mayo 1952. Edición española más reciente: A lo marciano (Martínez Roca, 1990).
  • “Alternativas” (What if…?). En Fantastic Story Magazine, verano 1952. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “A lo marciano” (The Martian Way). En Galaxy Science Fiction, noviembre 1952. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Lo profundo” (The Deep). En Galaxy Science Fiction, diciembre 1952. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).

1953:

  • “Nadie salvo nosotras, las máquinas” (Nobody Here but…). En Star Science Stories 1, Ballantine, 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Button, Button” (Button, Button). En Startling Stories, enero 1953. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “El dedo del mono” (The Monkey’s Finger). En Startling Stories, febrero 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Sally” (Sally). En Fantastic Story Magazine, mayo-junio de 1953. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008)
  • “Moscas” (Flies). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, junio 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Cosas de niños” (Kid Stuff). En Beyond Fantasy Fiction, setiembre 1953. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Creencia” (Belief). En Astounding Science Fiction, octubre 1953. Edición española más reciente: Los vientos del cambio (Martínez Roca, 1984).
  • “Everest” (Everest). En Universe Science Fiction, diciembre 1953. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “The Mycropsichiatric Applications of Thiotimoline”, en Astounding Science Fiction, diciembre 1953. Sin edición española.
  • Cuentos paralelos (The Alternate Asimovs). Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1987.

1954:

  • “Hace un hermoso día” (It’s Such a Beautiful Day). En Star Science Stories 3, 1954. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “La pausa” (The Pause). En Time to Come: Science Fiction Stories of Tomorrow, 1954. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 1998)
  • “Engañabobos” (Sucker Bait). En Astounding Science Fiction, febrero 1954. Edición española más reciente: A lo marciano (Martínez Roca, 1990)
  • “El bardo inmortal” (The Inmortal Bard). En Universe Science Fiction, mayo 1954. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “No lo hagamos” (Let’s not). En Graduate Journal of Boston University, diciembre 1954. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 1998).

1955:

  • “La campana armoniosa” (The Singing Bell). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, enero 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Question”. En Computers and Automation, marzo 1955. Sin edición en castellano.
  • “Riesgo” (Risk). En Astounding Science Fiction, mayo 1955. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La última trompeta” (The Last Trump). En Fantastic Universe, junio 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Sufragio universal” (Franchise). En If: Worlds of Science Fiction, agosto 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “La piedra parlante” (The Talking Stone). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Mundo onírico” (Dreamwordl). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, noviembre 1955. Edición española más reciente: Opus 100 (Alianza, 1983).
  • “Soñar es un asunto privado” (Dreaming is a Private Thing). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, diciembre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “The Portable Star”. En Thrilling Wonder Stories, invierno 1955. Sin edición en castellano.

1956:

  • “El mensaje”. (The Message). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, febrero 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “El pasado muerto” (The Dead Past). En Astounding Science Fiction, abril 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Fuego del infierno” (Hell-Fire). En Fantastic Universe, mayo 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Espacio vital” (Living Spaces). En The Original Science Fiction Stories, mayo 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “¿Qué hay en un nombre?” (What’s in a name?). En Saint Detective Stories, junio 1956. Edición española más reciente: Estoy en Puertomarte sin Hilda (Alianza, 1972).
  • “La noche moribunda” (The Dying Night). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, julio 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Algún día”. (Someday). En Infinity Science Fiction, agosto 1956. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Paté de Foie Gras” (Pate de Foie Gras). En Astounding Science Fiction, setiembre 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
  • “Primera Ley”. (First Law). En Fantastic Universe, octubre 1956. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “El lugar acuático” (Watery Place). En Satellite Science Fiction, octubre 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Todos exploradores” (Each an Explorer). En Future Science Fiction ,1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
  • “La última pregunta” (The Last Question). En Science Fiction Quarterly, noviembre 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Treta tridimensional” (Gimmicks Three). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, noviembre 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “El chistoso”. (Jokester). En Infinity Science Fiction, diciembre 1956. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).

1957:

  • “Polvo mortal” (The Dust of Death). En Venture Science Fiction, enero de 1957. Edición española más reciente:  Estoy en Puertomarte sin Hilda (Plaza & Janés, 1998).
  • “Rompehuelgas” (Strikebreaker). En The Original Science Fiction Stories, enero de 1957. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Unámonos” (Let’s Get Together). En Infinity Science Fiction, febrero de 1957. Edición española más reciente:  El robot completo (Alamut, 2008).
  • “¡En blanco!” (Blank!). En Infinity Science Fiction, junio de 1957. Edición española más reciente:  Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “¿Le importa a una abeja?”. (Does a Bee Care?). En If: Worlds of Science Fiction, junio de 1957. Edición española más reciente:  Sueños de robot (DeBolsillo, 2004).
  • “El corazón de una mujer” (A woman’s Heart). En Satellite Science Fiction, junio de 1957. Inédito en castellano. Es otro cuento que Asimov siempre se negó a reimprimir.
  • “Profesión”. (Profession). En Astounding Science Fiction, julio de 1957. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Un nicho en el tiempo” (A Loint of Paw). En The Magazine of Fantasy and Science Fiction, agosto de 1957. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1993).
  • “A las ideas les cuesta morir” (Ideas Die Hard). En Galaxy Science Fiction, octubre de 1957. Edición española más reciente:  Los vientos del cambio (Martínez Roca, 1984).
  • “Estoy en Puertomarte sin Hilda” (I’m in Marspot without Hilda). En Venture Science Fiction, noviembre de 1957. Edición española más reciente Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Los buitres bondadosos” (The Gentle Vultures). En Super-Science Fiction, diciembre de 1957. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Esclavo en galeras” (Galley Slave). En Galaxy Science Fiction, diciembre de 1957. Edición española más reciente:  El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Inserte la varilla A en el agujero B”. (Insert Knob A in the Hole B”. En The Magazine of Fantasy and Science Fiction, diciembre de 1957. Edición española más reciente:  Cuentos Completos (B, 1992).

1958:

  • “Mi nombre se escribe con ‘S’” (Spell my name with an ‘S’). En Star Science Fiction, enero 1958. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992)
  • “Lenny” (Lenny). En Infinity Science Fiction, enero 1958. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La sensación de poder”. (The feeling of power). En If: Worlds of Science Fiction, febrero 1958. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Asnos estúpidos” (Silly Asses). En Future Science Fiction, febrero 1958. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “Todos los problemas del mundo” (All the troubles in the world). En Super-Science Fiction, abril 1958. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992)
  • “Compre Júpiter” (Buy Jupiter). En Venture Science Fiction, mayo 1958. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “El brujo al día” (The up-to-date sorcerer). En The Magazine of Fantasy and Science Fiction, julio 1958. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “El niño feo” (The ugly little boy). En Galaxy Science Fiction, setiembre 1958. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).

1959:

  • “Una estatua para papá” (A Statue for Father). En Satellite Science Fiction, febrero de 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
  • “Aniversario” (Anniversary). En Amazing Science Fiction, marzo de 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
  • “Cuarta generación” (Unto the Forth Generation). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, abril 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Necrológica” (Obituary). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, agoto 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
  • “Lluvia, lluvia, vete lejos” (Rain, Rain, Go Away). En Fantastic Universe, setiembre 1959. Edición españóla más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).

1960:

  • “El pacto” (The Covenant). En Fantastic Story Magazine, julio 1960. No sido recogido en ninguna antología.
  • “Tiotimolina y la era espacial” (Tiotimiline and Space Age). En Analog Science Fact & Fiction, octubre 1960. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992).

1961:

  • “¿Qué es eso que llaman amor?” (What is this Thing Called Love?). En Amazing Stories, marzo 1961. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “La máquina que ganó la guerra” (The Machine that Won the War). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre 1961. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).

1962:

  • “Mi hijo, el físico” (My son, the Pthysicist). En Scientific American, feberero 1962. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Lus estelar”  (Star Ligth). En Scientific American, octubre 1962. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).

1964:

  • “¡Autor! ¡Autor!” (Author! Author!). En The Unknow Five, 1964. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992).

1965:

  • “Los ojos hacen algo más que ver” (Eyes Do More Than See). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, abril 1965. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “El hombre que creó el siglo XXI” (The Man Who Made the 21st Century). En Boy’s Life, setiembre 1965. No ha sido incluido en ninguna colección.
  • “Padre fundador” (Founding Father). En Galaxy Science Fiction, octubre 1965. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).

1986:

  • “El fin de la Eternidad” (The End of Eternity). En The Alternate Asimovs, Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Cuentos paralelos (Martínez Roca, 1987).
  • “Envejece conmigo” (Grow Old Along with Me). En The Alternate Asimovs, Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Cuentos paralelos (Martínez Roca, 1987).
  • “Creencia” (Belief). Versión original inédita recuperada en The Alternate Asimovs, Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Cuentos paralelos (Martínez Roca, 1987).

(Los cuentos se irán actualizando semanalmente a medida que lo haga el resto del blog).

© 2009, Rodolfo Martínez

Antologías de ciencia ficción

Jueves 7 Mayo 2009 | 434 lectura(s) | 1 comentario »
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1950:

  • Yo, robot (I, Robot). Gnome Press, 1950. Edición española más reciente:  EDHASA, 2007.

1951:

  • Fundación (Foundation). Gnome Press, 1951. Edición española más reciente: La Factoría de Ideas, 2007.

1952:

  • Fundación e Imperio (Foundation and Empire). Gnome Press, 1952. Edición española más reciente: La Factoría de Ideas, 2008.

1953:

  • Segunda Fundación (Second Foundation). Gnome Press, 1953. Edición española más reciente: La Factoría de Ideas, 2008.

1955:

  • A lo marciano (The Martian way and other stories). Doubleday, 1955. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1990.

1957:

  • Con la Tierra nos basta (Earth is room enough). Doubleday, 1957. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1991.

1959:

  • Nueve futuros (Nine Tomorrows). Doubleday, 1959. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1985.

1964:

  • El resto de los robots (Rest of the Robots). Doubleday, 1964. Edición española más reciente: ¿Picazo, 1980?

1968:

  • Estoy en Puertomarte sin Hilda (Asimov’s Misteries). Doubleday, 1968. Edición española más reciente: Alianza, 1972.

1969:

  • Anochecer, Los ojos hacen algo más que ver, Cuarta generación (Nightfall and Other Stories). Doubleday, 1969. Edición española más reciente: Caralt, 1977.

1975:

  • Compre Júpiter (Buy Jupiter and Other Stories). Doubleday, 1975. Edición española más reciente: Plaza & Janés, 1998.

1976:

  • El hombre del bicentenario (Bicentennial  Man). Doubleday, 1976. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1978.

1982:

  • El robot completo (The Complete Robot). Doubleday, 1982. Edición española más reciente: Alamut, 2008.

1983:

  • Los vientos del cambio (The Winds of Change). Doubleday, 1983. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1984.

1986:

  • Cuentos paralelos (The Alternate Asimovs). Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Martínez Roca, 1987.
  • Sueños de robot (Robot Dreams). Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Debolsillo, 2004.

1990:

  • Visiones de robot (Robot visions). Doubleday, 1990. Edición española más reciente: Debolsillo, 2004.
  • Cuentos completos (The Complete Stories, Vol. 1). Doubleday, 1990. Edición española más reciente: B, 1992.

1992:

  • Cuentos completos II (The Complete Stories, Vol. 2): Doubleday, 1992. Edición española más reciente: B, 1992.
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