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	<title>Isaac Asimov &#187; La ciencia ficción de Asimov</title>
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	<description>Un repaso a su obra y su vida</description>
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		<title>Epílogo</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 17:34:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Epílogo]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>

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		<description><![CDATA[Empecé con este repaso a la obra de ciencia ficción de Asimov hace casi cuatro años. Evidentemente, he escrito unas cuantas cosas más en este tiempo, como varias novelas y un puñado de artículos y relatos. Nunca antes había escrito &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/10/24/epilogo/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Empecé con este repaso a la obra de ciencia ficción de Asimov hace casi cuatro años. Evidentemente, he escrito unas cuantas cosas más en este tiempo, como varias novelas y un puñado de artículos y relatos.</p>
<p>Nunca antes había escrito por entregas y la forma en que se desarrolló esta biografía literaria de Isaac Asimov ha sido algo muy parecido a crear un folletín. El plantearme escribir un capítulo semanal (algo que no siempre hice, es cierto) y tenerlo listo para su publicación <em>online</em> todos los lunes, fue una forma pintoresca de trabajar y, en muchos aspectos, estimulante.</p>
<p>Ahora se ha terminado. Con estas palabras llego al final del repaso a la obra de ciencia ficción de Isaac Asimov, recorrida de forma cronológica y hablando de los acontecimientos de su vida cuando me parecía que venía cuento hacerlo.</p>
<p>Una forma de pagar una deuda, podríamos decir.</p>
<p>Como comentaba en el prólogo, fue el primer autor de ciencia ficción que leí, el primero que atrapó mi imaginación infantil y me llevó, por usar una frase hecha, «donde nadie había llegado anteriormente».</p>
<p>El escritor que soy hoy, para bien o para mal, se lo debo a muchas personas y Asimov fue una de las primeras.</p>
<p>Y, más importante, la persona que soy (escéptica, racionalista, autocrítica… o al menos ésa es la imagen que tengo de mí mismo, lo cual no tiene por qué coincidir necesariamente con la realidad) se lo debo a unas pocas y Asimov fue también una de las primeras y más influyentes.</p>
<p>Este blog ha sido, como comentaba antes, una forma de pagar esa deuda, de rendirle un homenaje y de intentar presentar con cierta perspectiva lo que significó su figura en el campo de la ciencia ficción. También ha sido una forma de comprenderle mejor: releer todas sus novelas y relatos de CF, reflexionar sobre ellos, volver a saborearlos para comentarlos en estas páginas, me ha hecho comprender mejor su forma de narrar y de encarar la literatura.</p>
<p>Pero, en realidad, las deudas nunca se pagan. Sospecho que éstas no serán las últimas páginas que escriba sobre Isaac Asimov. Ahí queda su obra policiaca, sin ir más lejos, que daría ella sola para otro libro.</p>
<p>¿Me atreveré? ¿Me pondré a ello?</p>
<p>Quien sabe. Si es así, amable lector, serás el primero en enterarte, sin duda.</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Telón</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Oct 2011 09:47:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[55. Telón]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Isaac Asimov murió el 6 de abril de 1992. A lo largo de su vida escribió cientos de libros. No consiguió llegar a los quinientos, objetivo que una vez se planteó, pero no quedó lejos de ellos. Y es posible &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/10/19/telon/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Isaac Asimov murió el 6 de abril de 1992. A lo largo de su vida escribió cientos de libros. No consiguió llegar a los quinientos, objetivo que una vez se planteó, pero no quedó lejos de ellos. Y es posible que, a medida que se acumulan los volúmenes póstumos con su firma, acabe consiguiéndolo.</p>
<p>Su obra de ciencia ficción, en términos de pura cantidad, fue una gota en el océano de sus obras completas. En términos de importancia personal, sin embargo, fue lo que siempre lo definió como creador. Incluso en los momentos en los que había dejado el género casi por completo, seguía definiéndose, antes que como cualquier otra cosa, como escritor de ciencia ficción.</p>
<p>Amaba escribir. A veces hasta límites obsesivos.</p>
<p>Era profundamente racionalista y hondamente escéptico. En muchos sentidos (en su visión humanista del mundo, en el modo en que el pensamiento racional dominó siempre casi todas sus actitudes, en la cantidad de disciplinas que llegó a conocer, manejar con soltura y en algunos casos, dominar) fue quizá el último Renacentista.</p>
<p>Para la historia de la ciencia ficción fue una figura importante en su etapa clásica, a la que le dio varias novelas memorables y un puñado de relatos cortos soberbios. Sus últimas obras no nos dejan tan buen recuerdo como las de los años cincuenta, es cierto, y a veces nos preguntamos si no habría sido mejor que no las hubiera escrito.</p>
<p>Sin embargo, ¿por qué no? Los lectores querían leerlas, los editores querían publicarlas y él quería escribirlas.</p>
<p>Los resultados que alcanzó con ellas, en su mayoría discretos y a veces mediocres, no empañan su narrativa anterior, ni sus logros en un género literario que, le pese a quien le pese, es la principal seña de identidad literaria del siglo XX.</p>
<p>Porque, más allá de sus virtudes y sus carencias literarias, la ciencia ficción es el género que mejor ha sabido comprender su propio tiempo y su propia sociedad (aunque para ello haya tenido que irse a otros tiempos y a otros mundos, o tal vez precisamente por ello) y que sido capaz de diseccionarlo con una agudeza a veces implacable, sin por ello perder el sentido de la maravilla que siempre ha sido una de su principales características.</p>
<p>No toda la narrativa asimoviana de ciencia ficción es buena o memorable. Pero eso no empaña sus logros y sus méritos, no cuando una buena parte de ella no es precisamente desdeñable, y un puñado de sus creaciones están entre lo mejor que ha dado el género. No era el mejor escritor de su campo ni de su época, algo que, por otra parte, siempre tuvo claro. Pero supo combinar una prosa sencilla y directa con tramas inteligentes e historias a menudo fascinantes. Y, sobre todo, era un escritor honrado, sincero, que siempre intentó jugar limpio con el lector y que procuraba dar lo mejor que tenía en lo que escribía. No siempre lo consiguió, pero cuando lo hizo logró algunas de las mejores páginas de la ciencia ficción del siglo pasado.</p>
<p>Ahí queda eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Hacia la Fundación</title>
		<link>http://asimov.escritoenelagua.com/2011/10/10/hacia-la-fundacion/</link>
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		<pubDate>Mon, 10 Oct 2011 09:44:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[54. Hacia la Fundación]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[En el anterior libro de la saga, Asimov ha dejado a Seldon justo al borde de conseguir algo real y palpable con la psicohistoria. En la siguiente novela mostrará cómo, poco a poco, lo que al principio no pasa de &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/10/10/hacia-la-fundacion/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En el anterior libro de la saga, Asimov ha dejado a Seldon justo al borde de conseguir algo real y palpable con la psicohistoria. En la siguiente novela mostrará cómo, poco a poco, lo que al principio no pasa de un proyecto científico acaba convirtiéndose en un ambicioso plan para salvar del caos a la Galaxia.</p>
<p>Pero… ¿tiene que ser una novela?</p>
<p>¿Por qué no volver, se dice, a la fórmula original que utilizó para las primeras historias de la Fundación, por qué no escribir, en un lugar de una única novela larga, una serie de novelas cortas o relatos de mediana extensión que, juntos y entrelazados, acaben por componer un libro?</p>
<p>Y ése es el plan con el que inicia lo que será <em>Hacia la Fundación</em>. Su idea original es que el proyecto quede compuesto de cinco historias que vayan mostrando, cada una, una etapa distinta en el desarrollo de la psicohistoria y el nacimiento de la Fundación. Sin embargo, las fuerzas le alcanzarán para rematar sólo cuatro de ellas.</p>
<p>Cuando se publique en forma de libro, se añadirá una más, a modo de epílogo, donde se nos muestra un Hari Seldon justo al borde de la muerte con las ecuaciones psicohistóricas desplegándose ante él mientras su último pensamiento va para su esposa Noys.</p>
<p>Esa secuencia, que Asimov nunca llegó a escribir, es añadida por Robert Silverberg siguiendo las instrucciones de su amigo, quien le había descrito como había imaginado el final de Seldon.</p>
<p>Sin duda, el abandono de la novela larga a favor de las novelas cortas entrelazadas hace que el resultado sea más satisfactorio. Por un lado, Asimov puede relajarse un poco, centrar sus esfuerzos en cada historia individual y descansar antes de emprender la siguiente. Por el otro, es evidente que se siente mucho más cómodo en ese formato de narración que en el tipo de novela (excesivamente larga e inflada) que había estado cultivando los últimos años.</p>
<p><em>Hacia la Fundación</em> no es, desde luego, lo mejor que ha escrito Asimov, pero sí que resulta bastante más satisfactorio que sus anteriores trabajos, aunque sólo sea porque al ganar en concisión pierde buena parte de la morosidad y los problemas de ritmo que lo habían aquejado en obras anteriores.</p>
<p>Es cierto que, en cierta medida, traiciona las premisas de la serie: por las historias originales sabíamos que Seldon había sido un oscuro matemático casi desconocido para el gran público, algo que aquí no se sostiene desde el momento en que se convierte en Primer Ministro.</p>
<p>Por otro lado, la trama de cada historia resulta, en general, bastante previsible. La primera, de hecho, es casi un <em>remake</em> de «Evidencia», el relato donde alguien acusaba a un político humano de ser un robot, y la solución que se acaba aportando es también muy similar: el supuesto robot termina haciendo algo que, en teoría, sólo podría hacer un ser humano. La siguiente historia basa buena parte de su trama en un juego de palabras que, además de intraducible, resulta bastante traído por los pelos en el original. En cuanto a las otras dos, la intriga que las vertebra es escasa y, con poco esfuerzo, cualquier lector medianamente inteligente ve venir la solución.</p>
<p>Pese a eso, el libro resulta interesante porque, en cierto modo, es una suerte de autobiografía camuflada del propio Asimov, o al menos una metáfora de sus relaciones familiares. Así, Hari Seldon sería él mismo; <del>Noys</del> Dors, su esposa Janet. Y Wanda Seldon, su hija Robyn. Así, lo que importa no es tanto la trama construida o las distintas peripecias de cada relato, sino el estudio de personajes y de relaciones familiares que Asimov va trazando en ellos.</p>
<p>Por otro lado, y mientras una novela corta sucede a la otra, es fácil ver cómo Asimov va presintiendo la muerte cada vez más cercana. A medida que el libro se acerca al final, hay una sensación de pérdida, casi de despedida, que se va haciendo cada vez mayor. Es fácil extrapolar lo que experimentaba y pensaba Asimov a partir de los sentimientos de Seldon, de la lenta decrepitud de su forma física, del modo en que el mundo parece irse apagando a su alrededor.</p>
<p>Es un libro extraño. Como hemos dicho la peripecia resulta, en general, bastante previsible, aunque no del todo carente de interés. Y, sobre todo, las relaciones entre los personajes funcionan y el carácter de «despedida del mundo» que tienen buena parte de sus páginas terminan convirtiéndolo en una lectura agridulce.</p>
<p>Asimov siempre se vio a sí mismo muriendo con las botas puestas, al pie de la máquina de escribir y tecleando hasta el último minuto. No fue así, llegó un momento en que su deteriorado estado de salud le impidió seguir escribiendo.</p>
<p>Sin embargo, cuando leemos <em>Hacia la Fundación</em>, tenemos la sensación de que sí, de que hasta el último momento de su vida estuvo al pie del cañón y que, con la última palabra tecleada de su último libro, exhaló también su último aliento.</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Varios refritos</title>
		<link>http://asimov.escritoenelagua.com/2011/10/04/varios-refritos/</link>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2011 11:34:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[53. Varios refritos]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Asimov no tarda en notar que no puede mantener el ritmo de publicar una novela al año que sus editores le demandan. De hecho, escribir ficción está empezando a convertirse en algo cada vez más agotador y laborioso y, con &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/10/04/varios-refritos/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Asimov no tarda en notar que no puede mantener el ritmo de publicar una novela al año que sus editores le demandan. De hecho, escribir ficción está empezando a convertirse en algo cada vez más agotador y laborioso y, con su salud deteriorándose poco a poco, le cuesta mantener el ritmo.</p>
<p>La solución llega de manos de una especie de colaboración. Su amigo Robert Silverberg accede a tomar tres de los cuentos más famosos de Asimov y convertirlos en novelas. De ese modo, Asimov no tendrá que trabajar (su trabajo ya lo hizo con los relatos originales) y podrá darles a Doubleday lo que éstos quieren: nuevas de ciencia ficción con su firma, aunque en este caso sea compartida.</p>
<p>Las novelas serán tres, como hemos dicho, y se irán publicando escalonadamente en los siguientes años. Sólo dos de ellas lo hacen en vida del autor. La tercera, al igual que <em>Hacia la Fundación</em>, su último libro, lo harán póstumamente.</p>
<p>No se corre riesgo alguno con los relatos elegidos. Son, sin duda, tres de los cuentos de Asimov más famosos y mejor considerados por el público: «Anochecer», «El niño feo» y «El hombre del bicentenario».</p>
<p>Silverberg es un escritor hábil y con oficio (y con un dominio de las herramientas narrativas bastante superior al de Asimov), así que los resultados que obtiene a partir del material asimoviano no son malos. Cuando se limita a ampliar lo narrado por Asimov, a darle más detalle y profundidad a las situaciones, cumple sobradamente su propósito de darle más volumen a lo narrado y construir una historia más sólida. El problema es que con eso no es suficiente para engordar los relatos y convertirlos en novelas, al menos con los dos primeros, así que Silverberg se ve obligado a crear nuevas subtramas (en <em>El niño feo</em>, por ejemplo, nos cuenta que ha pasado con la tribu del niño neandertal o se embarca en narrar una intriga política contra la empresa que lo ha traído al presente) que, en realidad, aportan poco a lo narrado y vuelven el ritmo de las novelas un tanto moroso.</p>
<p>El resultado es agridulce. Supongo que para un lector que no conozca los relatos originales, no le parecerán malas novelas. Cuando la inevitable comparación surge, uno no puede por menos que echar en falta la concisión asimoviana y pensar que, con la ampliación a novela de las historias, se ha perdido algo por el camino.</p>
<p>Entretanto, eso le deja a Asimov las manos libres para centrarse en lo que, aunque aún no lo sabe, será su última  novela de ciencia ficción. Aunque no será exactamente una novela. Pero de eso hablaremos en el próximo capítulo.</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Némesis</title>
		<link>http://asimov.escritoenelagua.com/2011/06/20/nemesis/</link>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 06:22:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[52. Némesis]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[El compromiso de Asimov con Doubleday, su editor principal, es entregarle una nueva novela de ciencia ficción al año siguiente de Preludio a la Fundación. Y, por supuesto, debe ser una novela de la Fundación. Lo que les entrega, en &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/06/20/nemesis/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El compromiso de Asimov con Doubleday, su editor principal, es entregarle una nueva novela de ciencia ficción al año siguiente de <em>Preludio a la Fundación</em>. Y, por supuesto, debe ser una novela de la Fundación.</p>
<p>Lo que les entrega, en su lugar, es una novela de futuro cercano, ambientada en los primeros tiempos de la colonización espacial y cuya protagonista es una niña que, en apariencia, es capaz de comunicarse con una estrella. La estrella, que dará título a la novela, se llama Némesis y se encuentra en un sistema solar cercano a la tierra al que un grupo de «colonos» han huido usando una técnica de viaje hiperespacial experimental. En la Tierra se los considera desertores y, posiblemente, los han dado por muertos.</p>
<p>Asimov usa en esta novela una técnica muy similar a la utilizada en la primera parte de <em>Los propios dioses</em>: comienza <em>in media res</em> y los capítulos en el presente narrativo se van alternando con otros que cuentan lo que ha pasado hace algún tiempo. De este modo, la historia avanza en dos frente temporales distintos que terminarán, tarde o temprano, confluyendo. Y, también como en Los propios dioses, Asimov pide disculpas a sus lectores por no narrar la historia de un modo lineal. De hecho, llega a decir, literalmente:</p>
<blockquote><p><em>(…) my stories write themselves, I&#8217;m afraid, and in this one I was rather appalled to find out that I was writing it in two strands. One set of events was taking place in the story&#8217;s present, and another set was taking place in the story&#8217;s past, but steadily approaching the present. I am sure you will have no trouble following the pattern, but since we are all friends, I thought I would let you know.</em></p></blockquote>
<p>Curioso modo de dar inicio a la novela, sin duda. ¿Realmente Asimov se fiaba tan poco del nivel intelectual del lector medio que tenía que avisarle de que la novela usaba abundantemente una técnica tan habitual como los <em>flashbacks</em>? Quizá haya algo de eso, pero sospecho que el motivo que lleva a Asimov a escribir algo así es un poco más complejo.</p>
<p>Durante todos estos años, tanto en su ficción como en sus trabajos de divulgación, ha desarrollado un estilo claro y preciso: limpio, sencillo sin ornamentos innecesarios y sin complicaciones estructurales. Y lo ha hecho deliberadamente, al menos en sus trabajos de popularización científica. Su meta es que cualquier persona que sepa leer, sin importar su nivel cultural, sea capaz de comprender los conceptos que describe en sus artículos.</p>
<p>Eso, piensa él, establece un pacto implícito entre autor y lector. Asimov se ha transformado en un tipo de escritor muy concreto y los lectores saben perfectamente lo que pueden encontrar cuando abren un libro suyo, ya sea ficción no. Así, cuando las necesidades narrativas lo llevan a apartarse de las directrices que se ha trazado él mismo, se ve obligado, como mínimo, a advertir al lector de antemano.</p>
<p>Podemos discutir si esa actitud por su parte estaba errada o no, pero para mí, al menos, no me cabe ninguna duda de que lo que lo lleva a realizar ese tipo de avisos es pura honradez personal, pura responsabilidad. Si siente que no puede cumplir el pacto no escrito que ha establecido con los lectores durante varias décadas de escritor profesional, no puede por menos que avisarles de ello.</p>
<p>Centrándonos en <em>Némesis</em>, podemos afirmar que la novela cuenta con una ventaja clara sobre sus trabajos anteriores: es la novela que le apetece escribir en ese momento, la que le pide el cuerpo. No la que quieren sus editores o buena parte de su público, sino la que quiere él.</p>
<p>Eso se nota a lo largo de todo el libro. Y, si bien es cierto que comparte con otras novelas de la época el defecto de un cierto sobredimensionamiento, no lo es menos que Asimov no tiene problemas en volvernos interesante la peripecia que narra, así como el escenario que en el que se desarrolla o los personajes que la viven.</p>
<p>No estamos ante una de sus mejores novelas, pero consigue alcanzar sin problemas el nivel (en cuanto a interés y agilidad narrativa) de sus trabajos de los años cincuenta. Eso, combinado con su actual madurez a la hora de tratar temas y situaciones a los que, treinta años antes, no se habría acercado (o lo habría hecho de un modo más vacilante y torpe), consiguen un resultado bastante satisfactorio y una novela mucho mejor rematada.</p>
<p>Lo que no consigue, evidentemente, son unas ventas comparables a las de la serie de la Fundación. La novela funciona bien comercialmente (es un Asimov, al fin y al cabo) pero sin el factor añadido de ser parte de su serie estrella no alcanza los niveles de ella.</p>
<p>De hecho, a menudo suele pasar desapercibida ente la producción novelística del Asimov de la última época. Lectores y críticos prestan cierta atención a sus novelas de Robots y de la Fundación, o incluso a su segunda parte de <em>Viaje alucinante</em>. Pero pasan sobre esta novela sin apenas reparar en ella.</p>
<p>Es una lástima porque, como hemos dicho, no es una mala novela. Y es, con todo, un trabajo mucho más honrado y personal  que otros trabajos de la misma época. Es, como hemos dicho más arriba, lo que a Asimov le pedía el cuerpo escribir. Y decidió, sin pararse a mirar más intereses que los puramente literarios, darse ese gustazo.</p>
<p>El resultado no decepciona. No deslumbra, es cierto. Pero, reconozcámoslo, hace tiempo que Asimov no deslumbra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Preludio a la Fundación</title>
		<link>http://asimov.escritoenelagua.com/2011/06/06/preludio-a-la-fundacion/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Jun 2011 07:16:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[51. Preludio a la Fundación]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Un día, mientras sube en ascensor a su casa, un vecino le comenta a Asimov que siempre ha tenido curiosidad por saber cómo fue la juventud de Hari Seldon, cómo llegó a desarrollar la psicohistoria y, en suma, cómo fue &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/06/06/preludio-a-la-fundacion/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un día, mientras sube en ascensor a su casa, un vecino le comenta a Asimov que siempre ha tenido curiosidad por saber cómo fue la juventud de Hari Seldon, cómo llegó a desarrollar la psicohistoria y, en suma, cómo fue el largo proceso que lo llevó, finalmente, a establecer dos Fundaciones para modificar el futuro que había previsto.</p>
<p>A Asimov la idea no tarda en resultarle interesante, se convierte enseguida en una derivación de su universo que no había previsto y que puede dar juego narrativamente. Además, le permite escribir una nueva novela de la Fundación sin tener que plantearse (ni plantear a los lectores) qué va a pasar tras <em>Fundación y Tierra</em>.</p>
<p>Así que, ni corto ni perezoso, se pone manos a la obra.</p>
<p>El resultado es <em>Preludio a la Fundación</em>, donde se nos narran las andanzas de un joven Hari Seldon por las calles de Trántor, perseguido por «los siniestros agentes del Imperio» que habría dicho George Lucas, espoleado por un oscuro personaje que parece tener contactos en todas partes para que convierta la psicohistoria en una ciencia práctica y deje de ser una ociosa especulación matemática, codiciado por diversas facciones políticas que quieren tener de su parte una herramienta predictiva que, por supuesto, prediga el futuro que a ellos mejor les convenga y ayudado por una joven historiadora que cada vez se irá implicando más en la búsqueda de Seldon.</p>
<p>En cada parada del camino asistimos a una sociedad distinta y Asimov se esfuerza en analizarla y volverla interesante a nuestros ojos. Es como si cada uno de los ochocientos sectores del planeta imperial fuera, en sí mismo, un planeta distinto, todos ellos con sus diversas peculiaridades.</p>
<p>De este modo, la novela se articula en tres partes, cada una de ellas relacionada con uno de los sectores que Seldon visita. A esto se unen un preámbulo en los terrenos del sector imperial (que sirve a modo de arranque de la historia y de presentación de personajes) y un clímax narrativo en el polo sur del planeta (donde la búsqueda llega a su final, el peligro se cristaliza y el misterio se resuelve). Así, estos cinco elementos estructurales tienen su reflejo en un elemento geográfico o, para ser más exactos, político.</p>
<p>Asimov usa una estructura sencilla, clara y dinámica para hacer que la historia avance: mantiene a su personaje en movimiento con el peligro permanentemente mordiéndole los talones y aprovecha para diseccionar distintas sociedades mientras va mostrando cómo éstas, y sus sistemas de creencias, afectan al  joven Seldon.</p>
<p>Cada parada en el camino es como una pequeña pieza en el rompecabezas, una nueva pista en el misterio que hay que resolver. Y éste no es otro que: ¿se puede convertir la psicohistoria en algo práctico?</p>
<p>Las distintas sociedades que los personajes principales visitan están bien construidas, así como sus rituales, su psicología y el modo en que afectan al comportamiento de sus individuos.</p>
<p>De este modo, del monumental y aparentemente apacible sector imperial, pasamos a un ambiente académico en la Universidad de Streeling, donde Asimov nos muestra un tipo de sociedad que conoce bastante bien.</p>
<p>De allí, nos dirigimos al sector de Mycogen, terriblemente aislacionista, enormemente elitista y que ha desarrollado una curiosa religión que no adora a dios alguno, sino que está basada en la pura nostalgia de un pasado mejor donde ellos eran la potencia hegemónica en la galaxia.</p>
<p>De Mycogen vamos a Dahl, sector proletario y conflictivo, contemplado con desprecio por el resto de Trántor y que, como pasa a menudo, es fundamental para que las necesidades enérgeticas del planeta sean atendidas.</p>
<p>Y, finalmente, llegamos a Wye, cuyo alcalde ha tenido, tradicionalmente, aspiraciones al trono Imperial y donde se nos presenta una sociedad militarista y aristocrática.</p>
<p>Cinco ambientes (si bien el primero y el último apenas son esbozados) por los que Hari Seldon irá pasando en algo que es, al mismo tiempo, búsqueda y huida y en cada uno de los que encontrará una pieza que le ayudará a responder afirmativamente a la pregunta planteada más arriba:</p>
<p>Sí, por supuesto que la psicohistoria se puede convertir en una herramienta práctica.</p>
<p>Y el problema, al menos uno de los problemas de la novela, es que cualquier lector sabe que la respuesta será positiva. Al fin y al cabo, sabemos por las historias originales de la Fundación, que Seldon ha sido capaz de predecir y alterar el futuro.</p>
<p>Por tanto, no existe incertidumbre alguna al respecto. Estamos seguros de que, de algún modo, al final de la novela Seldon sabrá que su herramienta matemática es eficaz. Por tanto, el interés de la historia no puede ir tanto por el camino de si el personaje tendrá éxito como de la forma en que llegará a su meta.</p>
<p>En ese aspecto, la novela es impecable. Como he dicho, cada pieza del rompecabezas es un elemento importante en el todo final, está bien dispuesto y va dando las pistas adecuadas que lleven a la siguiente etapa del viaje.</p>
<p>Sobre el papel, por tanto, <em>Preludio a la Fundación</em> tiene todos los elementos para ser una novela más que digna: su estructura es adecuada, los temas planteados en ella resultan interesantes y los distintos personajes y escenarios por los que éstos pasan están bien construidos.</p>
<p>Tiene, sin embargo, dos problemas no precisamente pequeños en lo que se refiere a los misterios que se van resolviendo a lo largo de su trama:</p>
<p>En primer lugar, como hemos dicho más arriba, cualquiera que haya leído la trilogía original de la Fundación sabe que Seldon tendrá éxito en su empeño.</p>
<p>Por el otro, los lectores que hayan leído <em>Robots e Imperio</em> y <em>Fundación y Tierra</em> experimentarán cualquier cosa menos sorpresa al saber que R. Daneel está detrás de toda la trama.</p>
<p>De ese modo, dos importantes elementos de intriga argumental dejan de serlo a las pocas páginas. Pese a todo, como hemos dicho, la novela contaba con suficientes elementos de interés (especialmente en lo que se refiere al escenario, a la forma en que se diseccionan las sociedades presentadas) para que el balance fuese positivo.</p>
<p>Sin embargo, muchas de sus páginas se acercan peligrosamente a una invitación al bostezo y el ritmo de la novela no consigue remontar el vuelo en ningún momento. Las conversaciones entre los distintos personajes (conversaciones que, antes, era rápidas, hacían avanzar la trama y daban información pertinente) son ahora morosas, pesadas, repetitivas.</p>
<p>Así pues, estamos ante el mismo problema que en <em>Fundación y Tierra</em>, por ejemplo: una historia que, con el estilo habitual de Asimov, habría dado para una ágil novela de doscientas o trescientas páginas, es alargada de forma innecesaria, se entra en detalles irrelevantes que no aportan nada y, en general, se inflan de forma artificial el argumento y la trama, con la consecuencia de que los elementos de interés (y los hay, y no son pocos) acaban siendo ahogados por la morosidad y una cierta pesadez narrativa.</p>
<p>El balance, por tanto, no termina de resultar positivo. Y, de nuevo, no podemos evitar pensar que es una lástima, que si Asimov no se hubiera rendido con tanta facilidad a ciertas necesidades comerciales habría logrado una novela mucho más compacta, bien llevada y redonda.</p>
<p>¿Le pasó eso por la cabeza en algún momento?</p>
<p>Es difícil responder a eso. Aunque el modo en que encara el siguiente proyecto de la Fundación podría llevarnos a pensar que sí, que se había dado cuenta de que estaba usando la fórmula narrativa inadecuada y que era necesario un cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Viaje alucinante II: Destino el cerebro</title>
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		<pubDate>Mon, 23 May 2011 06:00:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[50. Viaje alucinante II: Destino el cerebro]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Hollywood se acerca a Asimov. No es la primera vez. Ya en los años cincuenta, Orson Wells compró los derechos cinematográficos de uno de sus relatos, aunque nunca llegó a adaptarlo a la pantalla. Y también ha vendido los derechos &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/05/23/viaje-alucinante-ii-destino-el-cerebro/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hollywood se acerca a Asimov.</p>
<p style="text-align: justify;">No es la primera vez. Ya en los años cincuenta, Orson Wells compró los derechos cinematográficos de uno de sus relatos, aunque nunca llegó a adaptarlo a la pantalla. Y también ha vendido los derechos de «Anochecer», uno de sus relatos más famosos: la película basada en él (que va de lo mediocre a lo infecto) se estrenaría en 1988.</p>
<p style="text-align: justify;">Por no mencionar que su amigo Harlan Ellison lleva años embarcado en un proyecto cinematográfico basado en <strong>Yo, robot</strong>. Proyecto que nunca termina de cuajar (en parte, sin duda, a causa de la polémica personalidad de Ellison) y que languidecerá durante mucho tiempo. Es cierto que existe una película reciente dirigida por Alex Proyas y protagonizada por Will Smith, pero que no tiene nada que ver con el proyecto original de Ellison.</p>
<p style="text-align: justify;">En cualquier caso, Asimov siempre ha desconfiado de Hollywood. Su opinión era que la Meca del Cine estaba llena de dinero y ausente de talento.</p>
<p style="text-align: justify;">La oferta que le hacen los productores, sin embargo, no pinta mal. Quieren una secuela de <strong>Viaje alucinante</strong>, y quieren que Asimov les haga un tratamiento del argumento. Los problemas vienen cuando le explican qué tipo de film quieren.</p>
<p style="text-align: justify;">Básicamente desean una película de acción, un filme bélico, con un montón de submarinos miniaturizados correteando por el torrente sanguíneo humano en una repetición a escala microscópica de la guerra fría: submarinos rusos y submarinos americanos persiguiéndose por las venas de una persona y jugando al característico juego del escondite habitual de la guerra submarina.</p>
<p style="text-align: justify;">A Asimov la idea le atrae y al mismo tiempo le echa para atrás. Escribir una continuación de <strong>Viaje alucinante</strong> no le parece mal: nunca quedó satisfecho con los elementos científicos de la primera película y le gustaría retomar el tema a su modo. Pero no está dispuesto a hacer una película de explosiones y disparos al mejor servicio de los efectos especiales.</p>
<p style="text-align: justify;">Se lo dice a los productores. Les cuenta que él no es el adecuado para lo que quieren y hasta les indica un posible sustituto: su amigo Lester del Rey.</p>
<p style="text-align: justify;">Acuden a él y éste les entrega exactamente lo que habían pedido: una historia de acción e intriga de ritmo trepidante.</p>
<p style="text-align: justify;">¿El resultado? Los productores rechazan el material y vuelven a contactar con Asimov.</p>
<p style="text-align: justify;">Quieren que sea él quien escriba el tratamiento. Y están dispuestos a jugar a su modo, a dejarle las manos libres y que les presente la historia que él quiere escribir.</p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, quién entiende a esos tipos del cine, se dice Asimov. Pero se pone las manos a la obra, no sin antes imponer un par de condiciones. Ellos pagarán por una opción, tanto si la usan como si no, y Asimov tendrá el derecho de publicar la novela basada en su tratamiento tanto si hacen la película como si no.</p>
<p style="text-align: justify;">Aceptan. Escribe la historia, se la entrega.</p>
<p style="text-align: justify;">Y la rechazan.</p>
<p style="text-align: justify;">Vale, allá ellos.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que se pone manos a la obra y comienza a escribir lo que será <strong>Viaje alucinante II: Destino el cerebro</strong>, que será publicada por Doubleday, su editor habitual, en 1987.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Y la película? ¿Se llega a hacer?</p>
<p style="text-align: justify;">Lo ignoramos. Pero casualmente, en 1987 se estrena <strong>El chip prodigioso</strong>, dirigida por Joe Dante y producida por Spielberg. ¿Es esta la película que hacen finalmente los productores que hablaron con Asimov? No puedo asegurarlo, pero la coincidencia en el tiempo y el tema me hacen sospechar que es posible.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto a la novela…</p>
<p style="text-align: justify;">Como decimos, Asimov quería que la tecnología utilizada para la miniaturización tuviera los pies bien asentados en la realidad y no fuera pura jerga, como en la película original. También quería (especialmente después de su entrevista con los productores) mostrar un futuro sin guerra fría, donde rusos y americanos colaborasen.</p>
<p style="text-align: justify;">Y eso hace. Y en ambos aspectos la novela es un éxito.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema es, de nuevo, que le sobran páginas. Que la trama que la sustenta es demasiado fina para alargarse durante capítulos y capítulos que poco aportan narrativamente y que la terminan volviendo morosa y ocasionalmente aburrida. Se salva por algún que otro detalle ciéntifico, por un par de personajes secundarios bien diseñados y por una conclusión (se le podrán echar en cara muchas cosas a Asimov, pero los finales de sus novelas rara vez decepción) que da un giro sorprendente a la trama y que cierra la historia de un modo adecuado.</p>
<p style="text-align: justify;">En resumen, estamos de nuevo, como en <strong>Fundación y Tierra</strong>, ante una novela irregular, un artefacto que no termina de estar bien ensamblado, con algún momento interesante pero con un resultado final más que decepcionante.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p style="text-align: justify;">Hay otro motivo para que Asimov escriba esta novela y no otra.</p>
<p style="text-align: justify;">Doubleday no le va a permitir abandonar la narrativa de ciencia ficción, eso está claro. Y mejor si son nuevas novelas de la Fundación o del nuevo ciclo unificado.</p>
<p style="text-align: justify;">Y Asimov está, literalmente, harto de escribir sobre la Fundación. Durante cuatro novelas ha creado una trama que une dos series narrativas en principio separadas y, más allá de los resultados, lo que no se puede dudar es que ha puesto toda la carne en el asador.</p>
<p style="text-align: justify;">Está agotado. Es consciente de que ha dejado la serie en medio de un tremendo cliffhanger, como si hubiera abandonado todo el escenario justo al borde de un precipicio. Y sabe que debería seguir adelante: cruzar el precipicio o caer. Pero no puede quedarse ahí.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, como decimos, apenas le quedan fuerzas para seguir adelante con la trama. Quizá ni siquiera tenga muy claro hacia dónde llevarla (aunque el final de <strong>Fundación y Tierra</strong> de un par de pistas de por dónde puede ir la cosa, es cierto)  o simplemente, ya no quiere seguir.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras tanto, al menos, puede ir dándoles a sus editores otras novelas de ciencia ficción y este <strong>Viaje alucinante II</strong> será una de ellas. Doubleday lo acepta a regañadientes (lo que ellos quieren es una nueva novela de la Fundación, eso es evidente), pero seguramente también son conscientes del cansancio narrativo de Asimov y deciden ser pacientes y no presionarle demasiado, dejar que se tome un descanso y vuelva con nuevas fuerzas a su escenario más famoso.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, por otro lado, el cansancio de Asimov no sólo es el de un escritor agotado. Es el de un hombre al que, poco a poco, su cuerpo lo va traicionando. Ha contraído, como dijimos unos capítulos atrás, el VIH y eso se va notando paulatinamente. A medida que pasa el tiempo se va cerniendo sobre él una sensación cada vez mayor de abatimiento, de cansancio, y cosas que antes no le habrían costado ningún esfuerzo ahora se ve casi impedido de llevarlas a cabo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sigue adelante, pese a todo. Su cuerpo puede fallarle, pero su mente estará lúcida hasta el final. Y, después de todo, es un adicto a la máquina de escribir: puede intentar alejarse de ella, pero no durante mucho tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Siempre vuelve, tarde o temprano.</p>
<p style="text-align: justify;">Como lo hará a la Fundación, pero quizá no como todos esperan.</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Fundación y Tierra</title>
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		<pubDate>Tue, 03 May 2011 08:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[49. Fundación y Tierra]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Los límites de la Fundación establecía que alguna vez hubo robots en el escenario de la Fundación y nos presentaba lo que podría ser el siguiente paso evolutivo de la humanidad: Gaia, una especie de conciencia planetaria formada a partir &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/05/03/fundacion-y-tierra/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los límites de la Fundación</strong> establecía que alguna vez hubo robots en el escenario de la Fundación y nos presentaba lo que podría ser el siguiente paso evolutivo de la humanidad: Gaia, una especie de conciencia planetaria formada a partir de las mentes de todos sus habitantes; una suerte de noosfera, podríamos decir. De paso, descubríamos que la Tierra, el mítico planeta original, se había vuelto radiactivo y su localización era, quizá, el misterio mejor guardado de toda la historia.</p>
<p>Con <strong>Los robots del amanecer</strong> y <strong>Robots e Imperio</strong> regresábamos al remoto pasado para contemplar cómo se plantaban en él las semillas del futuro. Asistíamos la nacimiento de los primeros robots con propiedades telepáticas, al desarrollo de la Ley Cero de la Robótica («un robot no dañará a la humanidad»), a la expansión de los colonos terrícolas por toda la Galaxia y a la conspiración que terminaba volviendo radiactiva la corteza de la Tierra. Terminábamos con un R. Daneel guiado por la Ley Cero y decidido a velar por el bienestar de la humanidad durante tanto tiempo como fuera necesario.</p>
<p>Así que ha llegado el momento del desenlace. Con la primera novela establecíamos una conexión entre dos series aparentemente no relacionadas. Las dos siguientes novelas creaban los cimientos y buena parte de la estructura que permitía relacionarlas. En <strong>Fundación y Tierra</strong>, por  tanto, deberíamos desvelar el misterio, cerrar los cabos sueltos y llevar el ciclo unificado a su conclusión lógica.</p>
<p>Algo así supongo que debió pasar por la mente de Asimov cuando se sentó a escribir una nueva novela de la Fundación.</p>
<p>Tenía un par de frentes abiertos que debía cerrar. Por un lado, Golan Trevize (el hombre que siempre toma las decisiones correctas) ha elegido Gaia, una idea que no podría repugnarle más como individuo pero que, sin embargo, presiente necesaria para la supervivencia del género humano. Por el otro, está el misterio de que todas las referencias a la Tierra (y a su posible localización) han sido eliminadas de la antigua Biblioteca Galáctica de Trantor.</p>
<p>Guiado por esas dos ideas (descubrir por qué ha elegido algo que odia y averiguar dónde está la Tierra y qué secreto oculta) Trevize vuelve a recorrer la galaxia acompañado de su amigo Pelorat y la pareja de éste, Bliss.</p>
<p>¿Qué nos espera tras este arranque?</p>
<p>Bueno, podríamos pensar que tal vez un paulatino desentrañamiento de los dos misterios y, quizá, el descubrimiento final de que ambos están relacionados o incluso son uno solo. Por el camino, nos encontraremos nuevas sociedades y cada etapa, además de tener interés por sí misma, nos irá guiando hasta la resolución final.</p>
<p>Y sí, algo de eso hay.</p>
<p>Excepto por ese «además de tener interés por sí misma».</p>
<p>A lo largo de <strong>Fundación y Tierra</strong>, Trevize y sus acompañantes visitan media docena de mundos: una de las más antiguas colonias humanas, Comporellon (antiguamente el Mundo de Baley), tres de los viejos mundos espaciales, un planeta en Alfa Centauro y, finalmente, la mítica Tierra. Y es cierto, cada escala del viaje aporta una nueva pieza a la resolución del misterio y nos guía hacia la siguiente.</p>
<p>¿Cuál es el problema?</p>
<p>Dos en realidad.</p>
<p>Por un lado, desde el momento mismo en que empezamos la novela conocemos la resolución, o al menos parte de ella. Al fin y al cabo, ¿no quedaba R. Daneel al final de <strong>Robots e Imperio </strong>como ángel custodio de la Galaxia y la humanidad? ¿No es lógico suponer, entonces, que el misterio que hay en la Tierra es, precisamente, ése?</p>
<p>Así pues, sabemos perfectamente que nuestros héroes encontrarán la Tierra y que al hacerlo, descubrirán al robot inmortal que ha estado guiando los pasos de todos durante los últimos veinte mil años.</p>
<p>Los personajes lo desconocen, claro, pero el lector lo sabe o se lo puede imaginar con facilidad, con lo cual buena parte del misterio no es tal y el interés que su resolución pueda aportar a la novela es escaso.</p>
<p>El verdadero problema, sin embargo, es que por lo general la peripecia de la novela es morosa, aburrida en más de una ocasión y aporta muy pocas cosas relevantes narrativamente hablando. Estamos ante una novela que no debería haber sobrepasado, como mucho, las trescientas páginas y que, sin embargo, se demora durante casi quinientas.</p>
<p>Ya en <strong>Robots e Imperio</strong>, Asimov cae de vez en cuando en la excesiva morosidad, en el detalle irrelevante por el puro propósito de obtener más páginas. En <strong>Fundación y Tierra</strong> esa tendencia es llevada a límites en algunos momentos exasperantes. Descripciones que no aportan nada, diálogos redundantes, frases innecesariamente largas y sin apenas información relevante… casi lo contrario de lo que, con los años, se ha ido convirtiendo en la marca de fábrica de Asimov como escritor.</p>
<p>¿Dónde está, en <strong>Fundación y Tierra,</strong> la capacidad de síntesis, el minimalismo expresivo y narrativo que lo ha caracterizado durante todos estos años?</p>
<p>Bueno, no en la novela, eso está claro.</p>
<p>Que, por otro lado, no carece de momentos interesantes: El encuentro en Solaria con una suerte de humanidad posthumana y hermafrodita, por ejemplo, y las consecuencias que eso traerá para el resto de la historia. O las discusiones entre Tevize, Pelorat y Bliss sobre las decisiones y los pensamientos del primero y donde a veces encontramos ecos lejanos de los mejores diálogos asimovianos. O incluso, por qué no, algunas de las sociedades que el trío protagonista va encontrando a lo largo de su viaje.</p>
<p>Por desgracia, todo eso se diluye en una trama demasiado predecible y narrada de un modo excesivamente pormenorizado y, digámoslo claro, aburrido.</p>
<p>Así, cuando llegamos a la Tierra y, en efecto, descubrimos que R. Daneel Olivaw estaba detrás de todo, el sentimiento que nos embarga es ambivalente. Por un lado, la resolución de la historia es consecuente con el escenario y las premisas y, sin duda, el ciclo parece quedar cerrado de un modo adecuado y elegante. Al mismo tiempo, no podemos evitar pensar «¿ya está, esto es todo, para saber algo que ya sabía me he tragado todas estas páginas?».</p>
<p>Aunque… aún nos queda algo por saber, ¿no es cierto? Trevize ha optado por convertir a los humanos en una especie de mente colmena y sigue sin saber por qué. Quizá, empieza a presentir, porque hay algo que la psicohistoria no ha tenido en cuenta, algo que se le ha escapado a Seldon. Pero, ¿qué puede ser?</p>
<p>El descubrimiento del fallo en las premisas psicohistóricas parece animar un poco el final, darle quizá un último giro de tuerca a la trama que nos deja un poco más satisfechos. No lo suficiente, sin embargo.</p>
<p>Y poco después, cuando menos lo esperamos y en sólo dos frases, todas las premisas del universo de la Fundación quedan dinamitadas. Y la novela termina con una sensación de amenaza e incertidumbre que no puede ser más desasosegante. Una simple frase por parte de Trevize y una mirada que se niega a enfrentar y todo cuanto habíamos supuesto a lo largo de la novela salta por los aires.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>* * *</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Fundación y Tierra</strong> no es, por los motivos que ya hemos explicado, una buena novela. A lo largo de todas sus páginas se percibe una clara sensación de cansancio, de desgaste, como si su autor estuviera empujándose a sí mismo una y otra vez a un lugar al que no quiere ir.</p>
<p>Y hay algo de eso. Asimov empezaba a sentirse cada vez más cansado y la consecuencia de ello es que transmite ese agotamiento a lo que escribe. Hasta ahora había sido capaz de mantener el interés, en buena medida porque él mismo estaba interesado en lo que contaba. Pero aquí se encuentra con una contradicción que no es capaz de resolver de un modo adecuado. Lo que de verdad le importa está al final de la historia; el misterio que quiere resolver, y para el que ha armado las piezas cuidadosamente, no cobra verdadera relevancia hasta que nos encontramos a dos frases del final. El viaje en sí es importante, por supuesto, en el sentido de que sin él, sin el recorrido de los personajes por cada mundo y lo que encuentran en él, lo que ocurre en la conclusión carece de sentido.</p>
<p>Sin embargo, Asimov se encuentra en medio de dos impulsos contradictorios. Por un largo, lo que le pide el cuerpo es, sin duda, seguir su forma habitual de narrar, desnuda y sin pararse en el detalle; una narración directa y ágil donde las piezas vayan encajando de forma natural y no haya nada que no sea relevante para la resolución del misterio. Y, por el otro, ha accedido a someterse a las exigencias del mercado, que reclama novelas cada vez más largas.</p>
<p>Atrapado entre su preferencia personal y su rendición a la política editorial, no logra el equilibro de novelas anteriores (especialmente el que sí conseguía en <strong>Los límites de la Fundación</strong> y, sobre todo, <strong>Los robots del amanecer</strong>) y va desgranando la trama casi a su pesar, sin apenas interés en lo que cuenta y consiguiendo, sólo en ciertos momentos muy concretos (aquellos verdaderamente relevantes para lo que le interesa narrativamente) darle un ritmo y un pulso adecuado a su novela.</p>
<p>Y sin embargo, y al igual que ocurría con <strong>Robots e Imperio</strong>, como parte de un todo mayor <strong>Fundación y Tierra</strong> no sólo no puede ser obviada, sino que es necesaria. Casi diríamos que imprescindible. Es el punto donde todo confluye, donde se atan los cabos sueltos, se encajan las últimas piezas del rompecabezas y todo termina de cuadrar…</p>
<p>Y al mismo tiempo (y ahí Asimov sí que es capaz de probar su talento, de mostrarnos que, pese a todo, aún distaba mucho de estar acabado) en solo dos frases la novela es capaz de darle un giro radical e inesperado al ciclo de la Fundación y apuntar hacia un lugar totalmente nuevo e inexplorado…</p>
<p>Que Asimov jamás exploró, por otro lado. Quizá incluso, jamás lo pretendió. Así, acabada la lectura de la novela nos descubrimos, de pronto, colgando en mitad del vacío sin nada a lo que agarrarnos y pensando, tal vez, que todo cuanto creíamos saber es muy posible que no sirva de nada. Confusos, tal vez irritados. Preguntándonos qué va a pasar a continuación y cómo vamos a salir de esta y presintiendo, a lo mejor, que nunca lo sabremos.</p>
<p>Confieso que no me parece una mala forma de finalizar el ciclo de la Fundación. Al fin y al cabo (y creo que el propio Asimov vería así las cosas: y en cierto modo lo demostró con cada historia de la Fundación) el final de algo es sólo el principio de lo siguiente, el fin de cada etapa no es más que un alto en el camino que apunta al próximo recodo.</p>
<p>«El camino sigue siempre adelante», que decía Tolkien. Y seguramente Asimov estaba totalmente de acuerdo con eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Robots e Imperio</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Apr 2011 10:59:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[48. Robots e Imperio]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Han pasado doscientos años desde la muerte de Elijah Baley y la situación galáctica ha pegado un vuelco considerable. Los cincuenta mundos espaciales no parecen haber movido un solo dedo en todo ese tiempo mientras que la Tierra ha estado &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/04/26/robots-e-imperio/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Han pasado doscientos años desde la muerte de Elijah Baley y la situación galáctica ha pegado un vuelco considerable. Los cincuenta mundos espaciales no parecen haber movido un solo dedo en todo ese tiempo mientras que la Tierra ha estado enviando oleadas colonizadoras sin parar. Parece evidente que el empuje y la vitalidad de los nuevos colonos acabará con el tiempo por ahogar y dejar atrás a las estancadas sociedades robotizadas de los cincuenta mundos espaciales.</p>
<p>Por tanto, estamos ante los primeros pasos de expansión galáctica que, con el tiempo, acabarán dando lugar al Imperio Galáctico humano que conocemos por las tres primeras novelas de Asimov y, por supuesto, por su ciclo de la Fundación.</p>
<p>Aunque hay algunos problemillas que resolver, mientras tanto.</p>
<p>Baley ha muerto, decíamos, pero algunos personajes de las anteriores novelas de robots siguen con vida y establecen el necesario nexo de unión con otras partes de la saga. Por un lado Gladia que, como espacial, goza de una larga vida que se mide en décadas más que en años. Y, por el otro, por supuesto, los propios robots:</p>
<p>R. Daneel Olivaw, compañero de Baley en buena parte de sus investigaciones, y R. Giskard Reventlov, el robot con capacidades telepáticas que está obsesionado con crear unas «leyes de la humánica» que le permitan predecir el comportamiento humano y, por tanto, servir mejor al hombre, tal como establecen las tres leyes de la robótica.</p>
<p>Durante los últimos doscientos años, ambos robots (especialmente el segundo) han estado manipulando la política galáctica, manteniendo tranquilos a los espaciales y fomentando las ansias de expansión de los terrestres. Y, durante ese tiempo, han estado discutiendo sobre las tres leyes de la robótica y la posibilidad de que se queden cortas, de que sean insuficientes, de que haya que ir más allá.</p>
<p>De estas premisas parte <strong>Robots e Imperio</strong>. ¿Y adónde nos lleva?</p>
<p>Hay una parte de la peripecia que es pura aventura: un viaje de un mundo a otro donde los peligros parecen ocultarse en cada vuelta del camino. Curiosamente esa parte, que a priori podría parecer la más interesante, es la más floja de la novela y, a la larga, la menos memorable. Ciertamente, la intriga que se va desvelando ante nuestros ojos no carece de interés, pero no resiste comparación con la verdadera trama que hay en el fondo de la novela y que es lo que, de verdad, la hace alzarse por encima de lo que de otra manera no sería más que una mediocre novela de aventurillas espaciales en un escenario moderadamente interesante.</p>
<p>¿Y cuál es esa trama?</p>
<p>Obviamente la que atañe a los robots, la que afecta las tres leyes de la robótica y la que implica consecuencias verdaderamente graves para el futuro de la humanidad.</p>
<p><strong>Robots e imperio</strong> es una novela bastante irregular. Especialmente en lo que atañe a la parte humana del reparto. Donde, en la etapa clásica de Asimov teníamos villanos inteligentes y carismáticos, con unos motivos lógicos y coherentes para su comportamiento, aquí tenemos un Amadiro comido por el rencor y cuya inteligencia parece haberse ido por el desagüe. Donde, en esa misma etapa, teníamos unos personajes principales interesantes, aunque fueran delineados de un modo apresurado, aquí tenemos un par de estereotipos que sólo ocasionalmente son capaces de darle la vuelta a su propio cliché y resultar interesantes.</p>
<p>Pero los robots… ah, los robots.</p>
<p>Las mejores partes de la novela son sin duda aquellas que los implican. Y ahí, <strong>Robots e Imperio </strong>remonta el vuelo sin problemas y Asimov consigue algunas de sus mejores páginas:</p>
<p>Lo logra con las discusiones entre Daneel y Giskard que acaban llevando a la creación de la Ley Cero de la Robótica («un robot no dañará a la humanidad ni, por inacción, permitirá que ésta sufra daño»). Con el modo en que el cerebro de Daneel, a causa de su asociación con Baley, va funcionando de una forma cada vez más humana. Con la manera en que ambos robots dan rodeo lógico tras rodeo lógico para impedir que la Primera Ley de la Robótica desactive sus mentes mientras, al mismo tiempo, buscan una forma de superarla. Con la forma, en definitiva, en que vemos a dos criaturas pensantes y conscientes luchando contra sus propias limitaciones y tratando de ir más allá de su diseño.</p>
<p>Todo esto se va construyendo poco a poco, se va creando muy despacio. La peripecia más externa de la novela es, como ya hemos dicho, poco más que moderadamente interesante (por no mencionar que tiene algún momento un tanto bochornoso, como aquél en que vemos a Gladia soltar un discurso a los habitantes del Mundo de Baley). Sin embargo, es necesaria para que la subtrama verdaderamente importante, la robótica, se vaya desarrollando al ritmo adecuado y las piezas vayan encajando como deben. Podríamos decir que toda la historia que afecta a Gladia y D.G. Baley es una excusa para la verdadera historia que hay detrás, la de Daneel y Giskard.</p>
<p>El todo resultante es, por desgracia, irregular, con bastantes altibajos. Como decíamos, encontramos algunas de las mejores páginas y momentos de la narrativa asimoviana, pero también muchos prescindibles cuando no meramente rutinarios.</p>
<p>Como novela aislada, <strong>Robots e Imperio</strong> nunca será de las mejores de Asimov. Y es una lástima, porque el fallo no está en los ingredientes que la componen sino en el modo en que algunos de ellos han sido mezclados. Con pequeños cambios aquí y allá, con un empujón que volviera un poco más interesante la parte humana de la historia, estaríamos ante una novela muy superior.</p>
<p>Como parte del ciclo unificado al que hemos llamado «De los robots a la Fundación» es, sin embargo, un libro fundamental. Es, de hecho, el libro definitivo, la viga maestra; podríamos decir que sostiene el peso de todo el edificio que Asimov ha construido.</p>
<p>Como ya dijimos, con <strong>Los límites de la Fundación</strong> y <strong>Los robots del amanecer</strong>, se habían tendido los primeros puentes entre ambas series: pequeños detalles en la ambientación que nos llevaban a pensar que no se trataba de dos ciclos narrativos aislados sino que formaban parte de un todo mayor.</p>
<p><strong>Robots e Imperio</strong> termina por dejar fijado ese hecho. Por un lado, tenemos una oleada colonizadora humana en la que ya no hay sitio para los robots y que, por tanto, es ahora consistente con el Imperio Galáctico de posteriores libros. Y es también en esta novela donde queda fijado el personaje común a todo el ciclo: la presencia en las sombras que irá manipulando los destinos humanos (por su propio bien) durante los miles de años siguientes y cuyas últimas creaciones serán la Fundación y Gaia. Ese Daneel que, al terminar la novela, está «solo y con una Galaxia de la que cuidar».</p>
<p>Lo hará con dos armas: las mismas capacidades telepáticas de Giskard (que éste le traspasará justo antes de su muerte) y la Ley Cero de la robótica.</p>
<p>Y es también en esta novela donde Asimov consigue eliminar uno de los mayores obstáculos (en cuanto a coherencia de escenario) que había para que ambos ciclos pudieran ser uno solo.</p>
<p>Por las novelas que componen la Trilogía del Imperio sabemos que la superficie de la Tierra es radiactiva. Y lo es en distintos grados: moderadamente en las dos primeras novelas, de acuerdo a su cronología interna, y cada vez más en la última, <strong>Un guijarro en el cielo</strong>. ¿Cómo se ha llegado a esa situación?</p>
<p>Un personaje de <strong>Un guijarro en el cielo</strong> especula con que esto se ha producido a causa de una guerra nuclear. Claro que él viene de los años cincuenta del siglo XX, así que es normal que piense eso.</p>
<p>Sin embargo, por lo que sabemos a partir del ciclo de robots, esa posibilidad no existe. La Tierra ha salido del siglo XX sin caer en una catástrofe nuclear y ha aprendido a usar fuentes alternativas de energía mientras colonizaba los primeros mundos espaciales.</p>
<p>Así pues… ¿cómo se ha convertido su superficie en radiactiva?</p>
<p>Asimov da la respuesta en esta novela. Y su respuesta es, sin duda, uno de sus momentos más brillantes como creador de tramas. Por un lado, por la respuesta en sí; pero, sobre todo porque está perfectamente imbricada en la historia y sus implicaciones argumentales serán determinantes para los acontecimientos futuros.</p>
<p>El título, <strong>Robots e Imperio</strong>, está perfectamente justificado, desde luego. Como hemos dicho, este libro es el pivote determinante, la viga maestra que sostiene el escenario unificado.</p>
<p>Es una pena que no sea una mejor novela, cierto. Pese a eso, no está carente de buenos momentos. Y, al menos para mí, tiene el disfrute añadido de ver la construcción de un preciso mecanismo de relojería en el que las piezas van encajando en su sitio, y de asistir al modo inteligente y meticuloso en que se va engarzando todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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		<title>Encajando las piezas</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Apr 2011 06:52:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[47. Encajando las piezas]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>
		<category><![CDATA[VII. La vuelta a casa]]></category>

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		<description><![CDATA[Los robots del amanecer no tiene el mismo éxito que Los límites de la Fundación y es probable que Asimov tampoco lo esperase. La novela, sin embargo tiene una carrera comercial más que exitosa y, en cierto modo, termina de &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2011/04/11/encajando-las-piezas/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los robots del amanecer</strong> no tiene el mismo éxito que <strong>Los límites de la Fundación</strong> y es probable que Asimov tampoco lo esperase. La novela, sin embargo tiene una carrera comercial más que exitosa y, en cierto modo, termina de remachar su futuro como escritor.</p>
<p>Al fin y al cabo, <strong>Los límites de la Fundación</strong> podía haberse tratado de un fenómeno aislado: era el primer libro en muchos años de una serie que, para los aficionados, había alcanzado la categoría de mítica y era normal que el factor nostalgia, entre otros, hiciera que las ventas subieran astronómicamente.</p>
<p>Por el contrario, <strong>Los robots del amanecer</strong> no juega con esa ventaja. Es cierto que es parte de una serie popular, la de los robots, pero ni de lejos tiene el aura legendaria de la Fundación. Y sin embargo, se ha vendido más que ninguna de sus antiguas novelas.</p>
<p>Después de esto, será casi imposible que Asimov se plantee dejar la ciencia ficción. Los aficionados no se lo permitirán. Los editores no se lo permitirán. Y él mismo, que es lo que importa realmente, no se lo permitirá.</p>
<p>¿Es una decisión acertada? Difícil respuesta. A lo largo de los siguientes años, habrá varios momentos en los que preferiría que las cosas hubieran sido distintas. Cada nueva novela del ciclo lo deja más agotado que la anterior y va estrechando el camino narrativo que puede seguir para la siguiente. En cierto modo, Asimov había abandonado el ciclo original de relatos de la Fundación precisamente por eso. Y ahora, se ve obligado (sí, por sí mismo, por su obsesión de asegurar el bienestar de los suyos cuando ya no esté) a seguir por un camino cada vez más estrecho; y, encima, a hacerlo escribiendo novelas cuya extensión (es lo que pide el mercado) sobrepasa ampliamente lo que está acostumbrado y con lo que se siente cómodo.</p>
<p>Aunque no lo ha hecho mal con las dos primeras, es cierto.</p>
<p><strong>Los límites de la Fundación</strong> es una continuación digna de la serie original. Y <strong>Los robots del amanecer</strong> es una espléndida novela que no sólo no desmerece para nada de <strong>Bóvedas de acero</strong> y <strong>El sol desnudo</strong> sino que es bastante más compleja y elaborada que ellas: los personajes están construidos con mayor detalle, la trama es más elaborada —tanto en sus aspectos policiacos como en su análisis de una sociedad humana— y, en general, es una obra mucho más madura y satisfactoria que sus dos anteriores novelas de robots.</p>
<p>Y además, con ambas novelas ha establecido los cimientos para algo mayor.</p>
<p>Como ya hemos dicho, su idea es unir sus dos ciclos narrativos más famosos —la Fundación y los robots— en uno solo. Hemos dicho dos y quizá habría que decir tres; pues aunque las novelas que forman parte de la Trilogía del Imperio (<strong>Polvo de estrellas</strong>, <strong>Las corrientes del espacio</strong> y <strong>Un guijarro en el cielo</strong>) comparten el mismo escenario que la Fundación, forman por sí mismas otro ciclo narrativo. Además, se desarrollan muchos años antes del primero libro de la Fundación, tanto que, en alguna de las novelas, Trántor ni siquiera es un Imperio sino una joven y pujante república que empieza a ser una influencia considerar en la política galáctica. Así que buen podrían considerarse un escenario distinto: relacionado con la Fundación, pero con sus propias características.</p>
<p>Y precisamente esas tres novelas serán uno de los principales escollos para que las cosas encajen y todo pueda formar parte de una misma saga, como veremos más adelante.</p>
<p>Ha establecido los cimientos, decimos. ¿Y cómo lo ha hecho?</p>
<p>En <strong>Los límites de la Fundación</strong> ha dejado claro que alguna vez existieron los robots y que éstos, por un motivo que se desconoce, acabaron dejando a la humanidad a su suerte, no sin antes crear el experimento de Gaia, un planeta con una conciencia global que, en cierta forma está sometido a una versión universal de las Tres Leyes de la Robótica:</p>
<ul>
<li>Gaia no dañará la vida ni permitirá, por inacción, que la vida sea dañada.</li>
<li>Gaia atenderá a los deseos de los seres vivos individuales, excepto allí donde  esto entre en conflicto con el punto anterior.</li>
<li>Gaia velará por su propia existencia, excepto allí donde esto entre en conflicto con los dos puntos anteriores.</li>
</ul>
<p>De paso, ha hablado de la Eternidad, una institución que, en cierto modo, ha velado por el correcto desarrollo de los acontecimientos: situados fuera del tiempo, han sido capaces de ver todos los futuros posibles y han elegido uno donde los humanos son la única especie inteligente de la Galaxia. De hecho, es posible que los Eternos fueran robots.</p>
<p>Esto, por supuesto, no encaja por completo con lo que se narra en <strong>El fin de la Eternidad</strong>, pero tiene los suficientes puntos en común para poder considerar a esa novela una suerte de prólogo a toda la saga.</p>
<p>También se comenta de pasada una cosa que acabará teniendo bastante importancia: la Tierra, el hogar original de la humanidad, hace tiempo que ha sido abandonada porque se ha vuelto radiactiva y ya no puede albergar la vida. O al menos eso cuenta uno de los personajes de la novela y afirma que es una leyenda muy conocida en el mundo del que él procede.</p>
<p>En <strong>Los robots del amanecer</strong> tenemos nuevas pistas:</p>
<p>Por una parte, se habla de la necesidad de que la humanidad se extienda por la Galaxia. En la situación actual, estancada por un lado en una Tierra agorafóbica y, por el otro, en cincuenta planetas en los que la vida se ha convertido en algo plácido y monótono, está condenada a desaparecer. El establecimiento de algún tipo de Imperio Humano a nivel galáctico se considera una necesidad para asegurar la supervivencia del género humano.</p>
<p>También se establece la idea de que, al igual que existen leyes de la robótica, tal vez algún día podrían existir leyes de la humánica. Una serie de reglas que definan el comportamiento de los grandes grupos sociales y que, tal vez, puedan ser usadas para modificar ese comportamiento. A esas «leyes de la humánica» se las llama <em>psicohistoria</em> un par de veces a lo largo de la novela. ¿A alguien le suena de algo?</p>
<p>No pasa de ser una idea, una especulación. El responsable de ella, el robot Giskard Reventlov, necesita la creación de esa psicohistoria como una herramienta práctica para poder servir mejor a los humanos. Es, al fin y al cabo, telépata, lo que significa que su definición de lo que es causarle daño a un ser humano es mucho más amplia que la de un robot normal.</p>
<p>De hecho, es Giskard quien está detrás de todo lo que ocurre en <strong>Los robots del amanecer</strong>. Es él quien es consciente de que la humanidad está abocada a la destrucción (y que, en parte, los propios robots son una parte del problema, al haberse convertido en unas muletas tan cómodas que los humanos ni siquiera son conscientes de estar inválidos). La Primera Ley de la robótica lo lleva a poner en marcha una serie de fuerzas que, acabada la novela, dan lugar a una expansión de los humanos por la Galaxia.</p>
<p>Así pues, tenemos establecidos los cimientos de lo que será el escenario unificado del ciclo que podríamos denominar «De los robots a la Fundación»:</p>
<ul>
<li>Hacia el final de la saga, se sabe que en el remoto pasado, los robots estuvieron allí y, tal vez, ayudaron a los hombres a extenderse por la Galaxia.</li>
<li>En el principio de la saga, vemos quién es el robot responsable de eso (aunque no será así, exactamente) y cómo pone en movimiento las fuerzas que harán que el ser humano se expanda por el espacio.</li>
</ul>
<p>¿Qué nos queda entonces?</p>
<p>Bueno, unas cuantas cosas, sin duda. Pequeños refinamientos por aquí y por allá, pero las claves comunes para considerar ambos ciclos narrativos como uno solo ya se han establecido con firmeza en estas dos novelas…</p>
<p>O casi.</p>
<p>Porque queda un pequeño escollo.</p>
<p>La Tierra se ha vuelto radiactiva. Sabemos eso porque lo dice un personaje de <strong>Los límites de la Fundación</strong>. Pero, más importante aún, lo sabemos porque es un factor común que se repite a lo largo de las novelas que componen la Trilogía del Imperio. Y, como hemos comentado, esa Trilogía se desarrolla en el mismo escenario que la Fundación.</p>
<p>Tenemos, pues, una Tierra radiactiva a la que, además, nadie considera ya (excepto quizá los pocos terrícolas que aún quedan) como hogar original de la humanidad.</p>
<p>¿Cómo se llega a eso partiendo de una Tierra vital y expansiva que lanza sus naves colonizadoras por toda la galaxia?</p>
<p>La respuesta llegaría con <strong>Robots e Imperio</strong>, la siguiente novela del ciclo unificado. Una novela que, curiosamente, nos ofrece algunos de los mejores instantes de la saga junto a unos cuantos momentos que, narrativamente, resultan un tanto bochornosos. Un artefacto, por tanto, irregular y que no termina de funcionar del todo.</p>
<p>Pero de eso hablaremos en el siguiente capítulo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2011, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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