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	<title>Isaac Asimov &#187; 2. Los primeros intentos</title>
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	<description>Un repaso a su obra y su vida</description>
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		<title>Los primeros intentos</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2008 05:31:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[2. Los primeros intentos]]></category>
		<category><![CDATA[II. El escritor en ciernes]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>

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		<description><![CDATA[De niño Asimov no tenía demasiados amigos. No tenía muchas oportunidades para hacer vida social. La tienda de golosinas, que lo mantenía a salvo de la pobreza, también lo tenía ocupado buena parte de su tiempo libre. Entre sus escasos &#8230; <a href="http://asimov.escritoenelagua.com/2008/11/10/los-primeros-intentos/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De niño Asimov no tenía demasiados amigos. No tenía muchas oportunidades para hacer vida social. La tienda de golosinas, que lo mantenía a salvo de la pobreza, también lo tenía ocupado buena parte de su tiempo libre.</p>
<p>Entre sus escasos amigos había uno que destacaba sobre los demás. A menudo hablaban de los libros que habían leído, pero Asimov sospechaba que su amigo Sol hacía algo más: se inventaba sus propias historias y se las contaba a los otros.</p>
<p>Fue como una revelación. Todo aquello que él leía venía de alguna parte. Alguien pensaba en ello, alguien inventaba aquellas narraciones y luego las escribía para que los demás las leyeran.</p>
<p>Aquello no hizo que Asimov desease convertirse en un escritor, pero fue sin duda un primer paso importante.</p>
<p>En realidad, empezó a escribir con un propósito mucho más ingenuo. Tenía que devolver tarde o temprano los libros que leía, así que se le ocurrió que podía copiarlos y así poder releerlos cuando quisiera.</p>
<p>No tardó en darse cuenta de que aquello era imposible. Luego, debió recordar a su amigo Sol, y el modo en que éste se inventaba las historias y todo encajó en su cabeza.</p>
<p>Empezó a escribir, sin ningún plan preconcebido y sin saber hacia dónde iba aquello que escribía. Cuando su padre lo vio y le preguntó qué hacía, Asimov se lo dijo. Su padre no respondió, pero debió quedar impresionado, porque poco después le consiguió una máquina de escribir.</p>
<p>Así, con dos dedos, empezó a mecanografiar lo que antes había emborronado sobre el papel. No tardó en aprender a escribir con los diez dedos (tras una amenaza paterna de quitarle la máquina si no lo hacía como era debido) y así pasó varios años: improvisando historias que nunca llegaban a ninguna parte y que jamás terminaba.</p>
<p>Entretanto, las revistas de ciencia ficción seguían floreciendo. Y lo que había tras sus páginas cambiaba.</p>
<p>Al principio, buena parte de aquellos relatos eran poco más que <em>westerns</em> espaciales y, de hecho, uno de los subgéneros más conocidos de la ciencia ficción, nacido por aquella época, llevaba aquella tendencia a curiosos extremos. Fue lo que se llamó <em>space opera</em>, término que surgió con cierto toque despectivo, pues estaba creado a partir de <em>soap opera</em>, que es como se llamaba a los culebrones radiofónicos (y posteriormente a los televisivos), buena parte de ellos patrocinados por fabricantes de jabón (<em>soap</em>).</p>
<p>El <em>space opera</em> presentaba gigantescos escenarios que abarcaban varias galaxias, multitud de especies extraterrestres, imposibles imperios galácticos y viajes a velocidades vertiginosas por todo el universo. Era aventura en estado puro.</p>
<p>Los componentes científicos del <em>space opera</em> eran bastante de pacotilla, algo que compartía con buena parte de la ciencia ficción de la época, y narrativamente no eran gran cosa. Despertaban, ciertamente, eso que se ha llamado luego “sentido de la maravilla”, pero más por los escenarios que planteaban, que porque sus autores supieran explotar adecuadamente esos escenarios.</p>
<p>E. E. “doc” Smith era por aquel entonces el rey del <em>space opera</em>. Y, poco después, en las páginas dominicales de los periódicos reinaría lo que sin duda es el <em>space opera</em> más famoso de todos los tiempos: <strong>Flash Gordon</strong>, el cómic creado por Alex Raymond. El cómic de Raymond ha sobrevivido a su época y está considerado, de hecho, una de las obras maestras del cómic; no así las novelas de Smith, que leídas hoy son plomizas y pesadas. El interés que puedan despertar hoy en día, más allá de la pura nostalgia, es más histórico que literario.</p>
<p>Pero el <em>space opera</em> tenía los días contados como rama dominante de la ciencia ficción de la época (aunque conocería un florecimiento posterior, radicalmente transformado). Hubo cambios en la dirección de las revistas de ciencia ficción y los nuevos directores empezaron a imponer unos ciertos criterios de calidad. Ya no valía todo y, aunque al principio el cambio no se notó demasiado, no tardaría en ser claramente perceptible.</p>
<p>F. Orryn Tremaine supo aglutinar un buen grupo de escritores a su alrededor y, cuando poco después llegó John W. Campbell Jr. y lo sustituyó como director de <strong>Astounding Science Fiction</strong> tenía el campo abonado para que los autores le dieran lo que quería.</p>
<p>Era algo muy sencillo, en realidad. La ciencia que apareciese en los relatos debía tener unas bases sólidas y partir de ciencia real. Y al mismo tiempo, las historias deberían ser historias consistentes y tenían que estar narradas con un mínimo de buen hacer. Buena ciencia y buena ficción combinadas para que el género diera un salto cualitativo importante.</p>
<p>Asimov siguió todo eso como lector. Lector silencioso al principio, pero pronto como fan activo. No podía ir a las reuniones que el entonces embrionario <em>fandom</em> empezaba a celebrar, pero sí que podía escribir a las revistas dando sus opiniones sobre lo que leía. Y algunas de sus cartas fueron publicadas y su nombre empezó a sonar entre la comunidad de aficionados de Nueva York.</p>
<p>Finalmente, un grupo decidió celebrar una reunión e invitaron a Asimov a unirse a ellos. Consiguió el permiso paterno y acudió y fue como encontrarse en el cielo. Aquellos eran los suyos. Al fin había llegado a casa.</p>
<p>Aquella asociación se llamó los Futurianos y escritores como Frederick Pohl o Cyril Kornbluth formaban parte de ella. Asimov nunca se llevó muy bien con Kornbluth, quien parecía encontrar molesta su jovial extraversión, pero sí que hizo enseguida buenas migas con Pohl, y eso dio inicio a una amistad que se mantuvo durante el resto de su vida.</p>
<p>Aquella reunión animó al joven Asimov a seguir escribiendo. Tomó el relato que tenía entre manos, al que había titulado “Tirabuzón cósmico”, consiguió rematarlo y decidió enviarlo a una revista.</p>
<p>¿A cuál?</p>
<p>En realidad, en su mente, sólo había una posibilidad. Campbell había desembarcado, como hemos dicho, en <strong>Astounding</strong> y estaba sacudiendo los cimientos del género con sus dos sencillas exigencias. Su revista destacaba con claridad sobre las otras y allí fue donde Asimov dirigió sus miras.</p>
<p>Fue su padre quien lo convenció para que llevara su manuscrito en persona. Carentes ambos de experiencia en esos terrenos, les pareció que era la forma adecuada de hacer las cosas.</p>
<p>Así, con su manuscrito bajo el brazo, muerto de miedo y vestido con sus mejores ropas, Asimov tomó el metro y fue hasta las oficinas de <em>Street &amp; Smith Publications</em>, editores de <strong>Astounding</strong>.</p>
<p>Tenía diecinueve años.</p>
<p>Para su sorpresa, descubrió que no era un completo desconocido. Al fin y al cabo, le habían publicado algunas cartas y, de hecho, había otra suya preparada para salir en el próximo número. Campbell lo recibió, aceptó el manuscrito y luego charló cordialmente con el nervioso joven durante largo rato.</p>
<p>Cuando Asimov volvió a casa no se lo podía creer. Y cuando, unos días más tarde, recibió el relato por correo con una nota de rechazo adjunta, no se sintió mal por ello.</p>
<p>Campbell se había tomado la molestia de explicarle al joven qué estaba mal en el cuento, por qué no funcionaba y cuáles eran sus principales defectos. Y lo animaba a presentar más material en el futuro.</p>
<p>Aquello era casi tan bueno como una aceptación y tuvo como consecuencia que Asimov se pusiera inmediatamente a trabajar en nuevos relatos de ciencia ficción.</p>
<p>Su objetivo era acabar apareciendo en las páginas de <strong>Astounding</strong>. Tardaría aún un poco, pero acabaría lográndolo.</p>
<div align=right><strong><span style="font-variant: small-caps;font-size: 13px; color: FFFFFF">&copy; 2008, Rodolfo Martínez</strong></span></div>]]></content:encoded>
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