28. Sin salir de casa

Sin salir de casa

Lunes 1 Junio 2009

Con “Riesgo”, Asimov vuelve al escenario de sus robots positrónicos y, de hecho, este  cuento es una continuación bastante evidente de “El pequeño robot perdido”. No es de los mejores cuentos de Asimov, pero está bien estructurado y funciona sobre todo gracias al modo en que Susan Calvin manipula al personaje principal del relato para usar sus prejuicios anti-robots a su favor y obtener lo que desea.

“Mundo onírico” es un ultracorto que, la verdad, no aporta gran cosa ni a la ciencia ficción en general ni a la obra de Asimov. Dirigido hacia un retruécano final, se lee rápido y se olvida con más rapidez todavía.

No puedo decir nada de “The Portable Star”, básicamente porque es un relato del que Asimov siempre abominó y nunca permitió que fuera reproducido en ninguna antología del género, por lo que me ha sido imposible echarle un vistazo. Por los comentarios y resúmenes que he podido leer, es un mal relato, aunque no necesariamente el peor que haya escrito Asimov.

Otro tanto me sucede con “Question”, un ultracorto sobre Multivac (el superordenador que utilizó en unos cuantos de sus relatos) que no ha sido incluido en ninguna antología. Aparece en marzo de 1955 en una revista llamada Computers and Automation y se reedita un par de años más tarde en Science World. En ese momento, otro escritor se pone en contacto con Asimov y le hace  notar las similitudes entre ese relato y otro que él ha publicado varios años antes. Los relatos son, en realidad, bastante distintos, pero el clímax narrativo es casi idéntico.

Asimov no esá seguro de lo que ha pasado y, desde luego, no tiene conciencia de haber copiado el cuento del otro individuo: pero se da cuenta de que, sin duda, éste ha sido publicado antes de que él escriba el suyo y que, además, posee (y seguramente ha leído) la antología en la que ha aparecido el otro cuento. Puede ser pura casualidad, pero parece más probable que se trate de un caso de plagio inadvertido: leído el cuento y olvidado rápidamente, el final sin embargo queda rodando por su cabeza y acaba usándolo sin darse cuenta de que no es suyo. Cosas como esas pasan con más frecuencia de lo que se cree, de hecho.

Así pues, accede a retirar su cuento de circulación y no lo incluye jamás en sus propias antologías ni permite que otros lo edien.

Este incidente sería comentado por el propio Asimov en Gold, una antología postuma editada en 1995.

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En “Sufragio universal” el autor toma una tendencia existente en el mundo real y la lleva a las últimas consecuencias. Está escrito en una época en que las encuestas electorales comenzaban a ponerse de moda y se discutía su fiabilidad y, probablemente, se hablaba de ellas como herramientas predictivas válidas. A partir de ahí, construir esa sociedad donde el resultado de las elecciones se decide en base a una encuesta única realizada sobre un solo ciudadano elegido de forma aleatoria, era cuestión, simplemente, de llevar las cosas al extremo. El relato se lee con agrado, pero no aporta nada especialmente relevante.

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“La última trompeta” es un cuento apocalíptico. Dios ha decidido que ha llegado el día del Juicio Final, los ángeles tocan la trompeta y los muertos se levantan de sus tumbas.

Es un cuento, como poco, curioso, enfocado alrededor del paseo que da el personaje central por la ciudad a medida que muertos cada vez más antiguos van despertando y uniéndose a los vivos mientras todos aguardan el juicio.

Al final, éste se evita por una pirueta de calendario y todo parece volver a la normalidad,  pero un personaje siniestro aguarda entre bastidores su próxima oportunidad.

La moralina final (una advertencia contra el peligro atómico, algo inevitable en los años cincuenta) estropea lo que de otro modo habría sido un buen cuento.

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Como ya hemos comentado anteriormente, Heinlein acusó amistosamente en cierta ocasión a Asimov de hacerse de oro a cuenta de sus obsesiones. Se refería al cuento “Soñar es un asunto privado”, que Asimov publica en 1955.

Y algo de eso hay. El personaje central del relato es una suerte de “bicho raro con talento” que no encaja en ningún sitio demasiado bien y al que le gustaría poder no tener su don y dejar de soñar. Sin embargo, no puede. Es fácil ver que el personaje es, en cierto modo, un trasunto del propio Asimov y de su obsesión cada vez mayor por escribir, hasta el extremo de que llegaría un momento en que iba a resultar difícil convencerlo para que hiciera nada más. Su día a día acabaría consistiendo precisamente en eso: levantarse, sentarse frente a la máquina de escribir y permanecer ante ella hasta el momento de volver a acostarse… más o menos. Es evidente que se levantaba para comer o hacer sus necesidades, pero no lo es menos que si hubiera podido agenciarse un sistema (un par de sondas, pongamos por caso) para no tener que detenerse a satisfacer esas engorrosas necesidades biológicas, lo habría usado, y habría pasado el resto de su vida “atado” a su máquina de escribir y, seguramente, sintiéndose feliz.

Por el contrario, el protagonista de “Soñar es un asunto privado” siente su don como una maldición y quisiera librarse de él, aunque no puede. Toda su vida se ve afectada por su talento, especialmente la relación con su mujer que tiene que “sufrir”, en cierto modo, las excentricidades de su marido. No es descabellado pensar que ahí Asimov está, una vez más, haciendo un retrato deformado de su relación con Gertrude, su primera esposa.

Este cuento, por otro lado, no es el único de los publicados ese año en los que Asimov utiliza piezas de su propia personalidad y algunas de sus manías como base para componer un personaje o una situación.

En “La campana armoniosa” y “La piedra parlante” nos presenta a Wendell Urth, un extraterrólogo cuasi claustrofílico que se niega a usar medio alguno de transporte que no sean sus propias piernas, con la consecuencia obvia de que es una autoridad en el espacio exterior sin haber salido casi nunca de su casa. En realidad aquí Asimov parte de un cliché habitual de la novela policiaca de corte clásico: el detective misántropo que resuelve los crímenes sin haberlos visto y, muchas veces, sin presenciar siquiera la escena del crimen y cuyo máximo exponente es, sin duda, Nero Wolfe, que jamás sale de su casa.

Dado que estos dos cuentos son, precisamente, naraciones policiacas, ese estereotipo le va como anillo al dedo. Con ellos, Asimov inicia una serie de relatos policiacos de ciencia ficción en los que Urth es siempre quien desvela el misterio y apunta a la policía en la dirección correcta. Son cuentos de corte clásico, en los que lo que importa a menudo (como pasa en “La campana armoniosa”) no es descubrir quién es el asesino o cómo ha realiza su crimen -algo que muchas veces se sabe nada más empezar la historia- sino cómo se las apañará Urth para demostrarlo.

La serie será breve y no llegará a la media docena de relatos. Y es una pena: como fusión entre policiaco y ciencia ficción son bastante buenos y la personalidad excéntrica de Urth les añade más interés. En cierto modo, Asimov está tanteando en busca de un personaje que pueda servirle como hilo conductor para una serie policiaca: Urth con sus excentricidades, es uno de sus primeros intentos realmente logrados, pero no será hasta que de con Henry, el camarero de los Viudos Negros (inspirado en el Jeeves de Woodhouse), cuando encuentre lo que realmente estaba buscando.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “La campana armoniosa” (The Singing Bell). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, enero 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Question”. En Computers and Automation, marzo 1955. Sin edición en castellano.
  • “Riesgo” (Risk). En Astounding Science Fiction, mayo 1955. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La última trompeta” (The Last Trump). En Fantastic Universe, junio 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Sufragio universal” (Franchise). En If: Worlds of Science Fiction, agosto 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “La piedra parlante” (The Talking Stone). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Mundo onírico” (Dreamwordl). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, noviembre 1955. Edición española más reciente: Opus 100 (Alianza, 1983).
  • “Soñar es un asunto privado” (Dreaming is a Private Thing). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, diciembre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “The Portable Star”. En Thrilling Wonder Stories, invierno 1955. Sin edición en castellano.
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