Doubleday se le acerca a Asimov con una propuesta. Una cadena de televisión tiene pensado producir un programa de ciencia ficción para jóvenes y quieren que un autor del género escriba varias novelas que les puedan servir de punto de partida (suponemos que para usar el escenario y los personajes) y, de paso, promocionar la serie.
Asimov acepta. La idea de escribir para jóvenes le gusta y, si el programa televisivo tiene éxito, eso puede ayudar a que las novelas se vendan mejor. Sin embargo Asimov no tiene la menor confianza en los medios de comunicación audiovisuales y es muy posible que la serie de televisión termine siendo una auténtica chapuza, así que toma la decisión de usar un pseudónimo para estas novelas.
La primera, David Starr: ranger del espacio, aparece en 1952 firmada por Paul French. Y a partir de ahí, Asimov irá publicando puntalmente una al año (excepto en 1955), hasta llegar a Lucky Starr y los anillos de Saturno, aparecida en 1958.
De hecho, este libro de Lucky Starr será la última novela de ciencia ficción que escriba Asimov hasta Viaje alucinante en 1966, adaptación de la película del mismo título. Y dado que ésta es una novelazación, podríamos decir que Lucky Starr y los anillos de Saturno es la última novela de ciencia ficción enteramente original de Asimov hasta la aparición en 1972 de Los propios dioses.
Aunque, como hemos dicho, las novelas aparecen originalmente con pseudónimo, con el tiempo serían reeditadas bajo el nombre de Asimov. En realidad, éste no debería ni haberse molestado en usar un pseudónimo ya que la supuesta serie de televisión basada en sus novelas nunca llegó a realizarse. Lo cual, teniéndolo todo en cuenta y considerando cómo era la televisión en los años cincuenta es muy posible que fuera una suerte.
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Las novelas de Lucky Starr son lo que son: aventuras sencillas, sin grandes complicaciones, destinadas fundamentalmente a un público juvenil. La trama es simple, el misterio que hay que resolver a menudo es totalmente obvio y los personajes están más bosquejados que otra cosa. Sin embargo, las novelas tienen un ritmo más que adecuado y la peripecia que narran es lo bastante interesante para que se conviertan en un pasa-páginas entretenido e intrascendente.
Como literatura juvenil (digamos para pre-adolescentes o, como mucho, jóvenes en los primeros años de la adolescencia) son una lectura amena e interesante. No resultan especialmente memorables (lo que sin duda no son es una lectura impactante) pero cumplen su objetivo sin problemas. A lo que habría que añadir el evidente componente didáctico de la serie: cada una de las aventuras se desarrolla en un lugar distinto de nuestro sistema solar y Asimov aprovecha para, sin interrumpir nunca el fluir narrativo con ladrillos de información, ilustrar a sus jóvenes lectores sobre las características y maravillas de cada uno de los planetas.
Por desgracia, parte de esa información ha sido superada por los avances científicos de años posteriores y nuestro mejor conocimiento y comprensión del sistema solar, pero eso no es culpa de Asimov, evidentemente. Y siguen siendo una buena forma para un niño de introducirse, no sólo en la ciencia ficción, sino en la misma ciencia y el conocimiento del universo.
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Curiosamente, el escenario en que se ambientan estas novelas casi podría ser el mismo de los cuentos y posteriores novelas de robots. Están presentes los robots positrónicos y las leyes de la robótica, y se menciona a las colonias espaciales de la Tierra. El único detalle de ambientación que las hace no encajar con ese decorado es la presencia de inteligencias extraterrestres.
En cierto modo, son quizá un producto atípico dentro de la obra asimoviana. Por un lado, hay bastante más acción directa que en las novelas para adultos de Asimov, y la estructura de la mayoría de las historias (sin abandonar nunca, eso sí, el componente de misterio y de intriga) beben más del western que de ningún otro género.
Vistas hoy, estas novelas tienen más de curiosidad que de otra cosa. No están entre lo mejor de Asimov, pero tampoco son de lo peor que ha escrito. Tienen ciertas características que las hacen interesantes de por sí y, pese a que su parte científica no ha envejecido demasiado bien, siguen funcionando en cierta medida como “viaje turístico” por el sistema solar.
Lo que aportan al corpus asimoviano es más bien poco, ya que no destacan en casi ningún aspecto, ni por su calidad ni por su falta de ella. Pero sin duda en su momento fueron un ejercicio interesante para el autor y lo ayudaron a ir puliendo sus dotes narrativas como novelista.
BIBLIOGRAFÍA:
- David Starr: ranger del espacio (David Starr: Space Ranger). Doubleday, 1952. Edición española más reciente: B, 1992.
- Lucky Starr y los piratas de los asteroides (Lucky Starr and the Pirates from the Asteroids). Doubleday, 1953. Edición española más reciente: B, 1992.
- Lucky Starr y los océanos de Venus (Lucky Starr and the Oceans of Venus). Doubleday, 1954. Edición española más reciente: B, 1992.
- Lucky Starr y el gran sol de Mercurio (Lucky Starr and the Big Sun of Mercury). Doubleday, 1956. Edición española más reciente: B, 1992.
- Lucky Starr y las lunas de Júpiter (Lucky Starr and the Moons of Jupiter). Doubleday, 1957. Edición española más reciente: B, 1992.
- Lucky Starr y los anillos de Saturno (Lucky Starr and the Rings of Saturn). Doubleday, 1958. Edición española más reciente: B, 1992.



