Gnome Press continúa la publicación de las series de relatos de Asimov, que había iniciado el año anterior con Yo, Robot. En 1951 aparece Fundación, el primero de los tres volúmenes que compondrán la saga original de las fundaciones. El segundo y el tercero aparecerán, puntualmente, en 1952 y 1953.
La idea de dividir toda la saga en tres volúmenes es del editor y, aunque comercialmente parece un buen asunto (el concepto de trilogía tiene un cierto atractivo en la mente del lector) no estoy muy seguro de que sea correcta estructuralmente.
Fundación e Imperio parece un artefacto ensamblado con dos elementos bastante disímiles. Y más teniendo en cuenta que la primera historia que lo compone guarda una relación bastante cercana con la última de Fundación y la siguiente está más relacionada aún con la primera de Segunda Fundación. Eso, unido a la escasa conexión temática que hay entre las dos me lleva a pensar que quizá la forma más adecuada de agrupar estar historias –aparte de la evidente de un único tomo- habría sido en dos volúmenes (Fundación y Segunda Fundación, por ejemplo) cuyo resultado final, creo, sería más satisfactorio en el plano literario.
Los cambios que Asimov realiza para su edición en libro no son muy numerosos. El más significativo está en el primer volumen, Fundación, y consiste en el añadido de un nuevo relato, “Los Psicohistoriadores”, donde se narra el modo en que Hari Seldon manipula a los políticos del imperio para obtener lo que quiere: el exilio para los que trabajan en su proyecto a un remoto planeta de la Galaxia, lo que los dejará en la situación adecuada para, por medio de sucesivas “crisis de crecimiento”, ir ocupando una posición de dominio en la periferia galáctica. De este modo, y a medida que el imperio se va desmoronando, la Fundación va extendiendo sus tentáculos por los sistemas estelares vecinos y convirtiéndose en una fuerza a respetar en una Galaxia que se está deshaciendo en luchas intestinas.
El otro cambio importante es la eliminación de la secuencia inicial en “Los Alcaldes” (el primer cuento que Asimov escribió sobre la Fundación y que, de hecho, llevaba ese título) donde se veía, de un modo mucho más rápido y genérico, lo que en “Los Psicohistoriadores” es narrado con mucho mayor detalle.
Éste no es un relato especialmente memorable, pero digamos que cumple su función primaria: presentarnos el escenario y dar los primeros pasos para establecer la situación de la que todo parte. Como cuento aislado no tiene mucho sentido, al contrario que los cuentos originales, que debían funcionar como una unidad narrativa por más que compartiesen un entorno y una trama global común. Pero como introducción a la serie funciona sin problemas.
Resulta interesante ver cómo ha evolucionado la forma de narrar de Asimov en los años transcurridos entre los primeros cuentos de la Fundación y la publicación del libro. Al fin y al cabo, “Los Psicohistoriadores” es un relato reciente, mientras que el resto de los que componen el volumen son bastante anteriores, en algunos casos, casi diez años.
Desde luego, el estilo de Asimov se ha ido depurando en ese tiempo, hasta el punto de que “Los Psicohistoriadores” está narrado de un modo mucho más directo, eficaz y, al mismo tiempo, es capaz de presentar las situaciones de una manera bastante más realista y creíble que el resto de los cuentos del volumen. Es evidente que toda la hojarasca pulp y los amaneramientos característicos de lo peor del género en la época en la que empezaba a publicar ya han desaparecido de su estilo y éste es ya el que usará, sin apenas cambios, durante el resto de su carrera como escritor: sencillez en la expresión y fluidez en el ritmo, con una predilección evidente por el diálogo como herramienta narrativa (de hecho, hay una secuencia en el relato, la del juicio, resuelta totalmente a través del diálogo) y una rendición total a las necesidades de la trama, al fluir de los acontecimientos, de modo que nada los interrumpa. Si el ritmo narrativo lo permite, puede haber lugar para la introspección y la reflexión, pero en general no será así y los personajes asimovianos se irán definiendo sobre la marcha, a través de sus acciones y sus palabras.
Aún no vemos asomar otra de las características principales de Asimov como escritor, su predilección por los flashbacks para evitar la morosidad en el ritmo, lo que tiene sentido, ya que hablamos de un relato corto, al fin y al cabo.
En Fundación e Imperio se añade un prólogo que resume el libro anterior pero, aparte de eso, el libro se limita a presentar juntos dos nuevos relatos: “El general” (originalmente aparecido como “La mano muerta”) y “El Mulo”.
Otro tanto podemos decir de Segunda Fundación, que se abre con un prólogo muy similar al del volumen anterior (la diferencia es que resume también los acontecimiento de éste) y donde encontramos dos nuevas novelas cortas, que son las que cierran el ciclo.
Aunque sin duda no lo cierran. En realidad, Asimov se ha quedado a poco más de un tercio de todo lo que quería narrar. Si su plan original era contar los mil años de interregno entre la caída del primer Imperio Galáctico y el establecimiento del segundo, en la Trilogía de las Fundaciones apenas recorre los cuatrocientos primeros años de ese periodo.
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Como he dicho, la publicación de la serie en tres volúmnes no me resulta del todo adecuada. No sólo por el motivo que ya he comentado, sino por el evidente quiebro temático que hay hacia la mitad del segundo volumen.
En los relatos de Fundación, el esquema que sigue Asimov no varía: nos presenta un momento de crisis para el proyecto de Hari Seldon y nos muestra el modo en que esa crisis es solucionada. Cada narración es distinta (y, sin duda, cada una es algo más compleja que la anterior) pero el patrón temático que hay detrás es invariablemente el mismo.
Y otro tanto pasa con “El general”, primera parte de Fundación e Imperio. No sólo su argumento tiene mucho que ver con “Los príncipes comerciantes” (último cuento de Fundación) sino que el esquema que sigue es una vez más el de la aparición de una crisis y el modo en se resuelve.
Pero, de pronto, llegamos a “El Mulo” y todo cambia. Asimov rompe nuestras espectativas (para entonces, lo que esperamos es que, tras unas cuantas dificultades, la Fundación salga airosa de todo) y dinamita las premisas de la serie: la Fundación es derrotada, el plan de Seldon parece irse a criar malvas y, a partir de ese momento, todo es incertidumbre. Ya no tenemos tan claro que la Fundación establecida por Hari Seldon vaya a convertirse en el futuro núcelo de un nuevo Imperio Galáctico. Todo puede pasar, a partir de ese momento.
Y en Segunda Fundación, seguimos en esa línea. Vemos de nuevo al Mulo, obsesionado con encontrar el emplazamiento de la Segunda Fundación y asistimos al modo en que ésta intenta detenerlo. Y después, para colmo de males, es la Primera fundación -que recupera más o menos su lugar dominante, aunque no sin quedar algo tocada tras el descalabro del Mulo- la que trata de encontrar y de destruir a su gemela.
Por todo eso, siempre pensé -desde la primera vez que leí la trilogía, hará más de treinta años- que la partición más adecuada habría sido en dos volúmnes. Y, de hecho, los títulos de Fundación y Segunda Fundación me parecían perfectos. Al fin y al cabo, el primer volumen estaría centrado en en la Primera; y en el segundo el foco de la acción iría basculando paulatinamente hacia la Segunda.
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¿Y qué habría hecho Asimov de haber continuado con los planes originales de narrar los mil años de interregno entre un Imperio y el otro? No podemos saberlo, claro. Sabemos lo que hizo unos cuantos años más tarde, pero no es descabellado pensar que, de haber seguido con la serie en su momento, las cosas no habrían ido por donde fueron.
Cuando remata la serie con “…Y ahora no lo ves” (titulado “La búsqueda de la Fundación” en Segunda Fundación) Asimov está harto de su creación, como ya hemos explicado anteriormente. No tiene fuerzas para seguir adelante y está cansado de las limitaciones que le impone la continuidad de la serie. A esto contribuyó, sin duda, la publicación aislada de los relatos en revista, pues el autor se veía obligado, al principio de cada historia, a hacer un resumen de los acontecimientos hasta el momento, una suerte de “en el episodio anterior de Fundación…”. Hacer eso de un modo que no convirtiera esa parte de la historia en algo pesado y plomizo que se cargase su ritmo cada vez le resultaba más difícil (cada vez tenía más que resumir) y le planteaba bastantes problemas.
No fue el único motivo, por supuesto. La conclusión de cada relato le cerraba puertas argumentales, de modo que su libertad narrativa cada vez era menor. Cuando empieza a escribir la serie parte casi de una página en blanco y poco más que una idea prometedora (un imperio galáctico que se derrumba y un hombre capaz de predecir y paliar esa caída), pero a medida que pasa el tiempo las posibilidades argumentales se van estrechando y cada vez queda menos sitio por el que seguir adelante y conseguir algo novedoso sin dejar de ser consistente con todo lo anterior.
Como ya he comentado, durante muchos años la respuesta de Asimov a cualquier pregunta de aficionados o editores relativa a una continuación de la Trilogía fue siempre negativa. No, la Fundación había terminado y ahí se iba a quedar.
Eso no es del todo cierto. A mediados de los setenta Asimov llegó a iniciar una continuación de su saga. Bajo el título de “Lightning Road” eran poco más de catorce páginas que no tardó en dejar de lado. Y que sin embargo, usaría como punto de partida cuando, a principios de los ochenta, y convencido por una serie de circunstancias que detallaremos posteriormente, se sentó a escribir lo que sería Los límites de la Fundación.
“El cuarto libro de la Trilogía de las Fundaciones”, como estuvo a punto de anunciar la publicidad editorial.
Como el mismo Asimov reconoció, habría sido un buen chiste.
BIBLIOGRAFÍA:
- Fundación (Foundation). Gnome Press, 1951. Edición española más reciente: Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
- Fundación e Imperio (Foundation and Empire). Gnome Press, 1952. Edición española más reciente: Fundación e Imperio (La Factoría de Ideas, 2008).
- Segunda Fundación (Second Foundation). Gnome Press, 1953. Edición española más reciente: Segunda Fundación (La Factoría de Ideas, 2008).



