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	<title>Isaac Asimov &#187; 8. Por todas partes</title>
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	<description>Un repaso a su obra y su vida</description>
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		<title>Por todas partes</title>
		<link>http://asimov.escritoenelagua.com/2009/01/12/por-todas-partes/</link>
		<comments>http://asimov.escritoenelagua.com/2009/01/12/por-todas-partes/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 12 Jan 2009 04:56:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Rodolfo Martínez</dc:creator>
				<category><![CDATA[8. Por todas partes]]></category>
		<category><![CDATA[III. Saltando a la piscina]]></category>
		<category><![CDATA[La ciencia ficción de Asimov]]></category>

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		<description><![CDATA[El siete de diciembre de 1941 los japoneses atacan Pearl Harbor y Estados Unidos entra en la Segunda Guerra Mundial.
En ese momento, Asimov está en la Universidad en pleno proceso de investigación para su doctorado y no corre a alistarse para defender el mundo libre. Servirá a su país si lo llaman a filas, por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El siete de diciembre de 1941 los japoneses atacan Pearl Harbor y Estados Unidos entra en la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>En ese momento, Asimov está en la Universidad en pleno proceso de investigación para su doctorado y no corre a alistarse para defender el mundo libre. Servirá a su país si lo llaman a filas, por supuesto, pero tiene muy claro que lo que en esos momentos necesitan los Estados Unidos no es un mal soldado más, precisamente.</p>
<p>¿Una excusa? Es posible. Sin duda, Asimov no tiene ningunas ganas de ir a combatir a ultramar. Está dispuesto a cumplir con su deber, pero preferiría hacerlo en un lugar donde no corra el riesgo de ser abatido por fuego enemigo. Su estancia en la Universidad probablemente le permita prolongar un tiempo su estado como civil, pero también es consciente de que, tarde o temprano, eso se acabará y, si la guerra dura lo suficiente, tendrá que incorporarse a filas.</p>
<p>Y lo hará cuando le toque, aunque no lo hará lleno de entusiasmo. Acude al reconocimiento médico y vuelve a casa con una cartilla en la que aparece como &#8220;poco desarrollado&#8221;, lo que sin duda resulta un tanto humillante, pero le garantiza que, de momento, no será llamado a filas.</p>
<p>Lo que sí hace es dejar de escribir, durante un tiempo. Su actividad académica le tiene bastante ocupado, por no mencionar que ha echado novia y está planteándose la posibilidad de casarse; algo para lo que, lógicamente, necesita una fuente de ingresos. Eso hace que sus prioridades cambien y durante una temporada su actividad literaria se resiente. Sin embargo, tiene bastante material acumulado de años anteriores para que en 1942 no se note demasiado. Así que poco a poco va dando salida a todos esos cuentos.</p>
<p>En enero aparece “Navidades en Ganímedes” en <strong>Startling Stories</strong>. Al igual que otros intentos en aquellos años de hacer CF humorística (como “Un anillo alrededor del sol”  o “La magnífica posesión”) dista mucho de ser satisfactorio. En realidad, el cuento se salva por los extraterrestres descritos en él, que resultan ser bastante interesantes, pero la historia es tonta y el chiste final podría describirse, siendo muy benevolentes, como moderadamente gracioso.</p>
<p>Otro tanto podemos afirmar de “El robot AL-76 se extravía”, publicado en febrero de ese mismo año, y del que lo mejor que se puede decir es que es breve. De hecho, cuando años después Asimov recopilase todas sus historias de robots en <strong>Yo, robot</strong>, dejaría fuera este cuento. No es de extrañar.</p>
<p>“Círculo vicioso”, sin embargo, es bastante más satisfactorio. Es una nueva entrega de la breve serie protagonizada por Powell y Donovan y, como en todos los relatos de estos dos personajes, se trata de buscarles las vueltas a las tres leyes de la robótica; será en esta historia, por cierto, donde aparezcan citadas por primera vez de forma explícita. Los cuentos de este estilo (una especie de relato-puzzle en el que hay que ir encajando las piezas poco a poco hasta llegar a la resolución final) se le daban bastante bien a Asimov y “Círculo vicioso” no es un mal ejemplo. La situación está bien planteada, el relato tiene cierto toque de humor sin pretender ser gracioso a toda costa y el enigma está resuelto con ingenio.</p>
<p>Como casi todos los cuentos de robots de esa época, es publicado en <strong>Astounding</strong>, en el número de marzo.</p>
<p>Al mes siguiente, en abril, aparece en la misma revista “Cronogato”, un relato ultracorto cuyo efecto está basado en un retruécano final que carece por completo de gracia una vez traducido y que, de hecho, tampoco es que resulte muy gracioso en el original.</p>
<p>Es de destacar que el cuento fue publicado bajo el seudónimo de George E. Dale. Eso se debió a que  Campbell  estaba intentando crear una nueva sección para su revista, “Probabilidad cero”, dedicada a la publicación de material prometedor de autores noveles. Y, para dar la impresión de que el cuento era de un recién llegado y animar a los escritores en ciernes a enviar su material, Asimov lo publicó con ese seudónimo. Y sí, sin duda da la impresión de ser el cuento de un recién llegado.</p>
<p>Y luego, en mayo de ese año, la revista de Campbell publica “Fundación” el primer relato de lo que sería, de lejos, su serie más popular.</p>
<p>Su génesis es un tanto curiosa. Unos meses atrás, mientras acude a ver a Campbell (para entonces sus encuentros periódicos se habían convertido en un ritual) se da cuenta de que no tiene ninguna idea que ofrecerle, así que empieza a darle vueltas a la posibilidad de escribir una especie de &#8220;historia futura&#8221; (ya había intentado algo parecido anteriormente con otros cuentos, como en &#8220;Fraile negro de la llama&#8221;, un relato que hasta entonces no ha podido publicar y del que se siente cada vez menos satisfecho, como veremos en seguida) y juega con la idea de un Imperio Galáctico en decadencia, un hombre que es capaz de prever su caída y el modo en que creará un mecanismo para paliar sus efectos.</p>
<p>Cuando llega al despacho de Campbell lo que tiene no es el punto de partida de un relato, sino de toda una serie y el editor de <strong>Astounding</strong> se muestra entusiasmado con la idea y no tarda en aceptar el cuento que Asimov escribe poco después.</p>
<p>Lo que Campbell publica es, en esencia, lo que hoy conocemos como la segunda parte de <strong>Fundación </strong>(la titulada “Los enciclopedistas”) aunque no es del todo el mismo cuento que acabaría pasando al libro. La diferencia fundamental está en la secuencia inicial del relato publicado en la revista, donde vemos a Hari Seldon y a sus colaboradores preparar el futuro que se avecina para su Fundación.</p>
<p>Esta escena sería eliminada al incorporar el cuento a <strong>Fundación</strong> y, en su lugar se añadiría una nueva, escrita ex profeso para la ocasión y en la que, bajo el título de “Los psicohistoriadores”, asistimos a los últimos días de Hari Seldon y a las últimas fases de su proyecto para manipular los próximos mil años de historia.</p>
<p>El resto de las diferencias entre ambas versiones son mínimas: básicamente, Asimov se limitó a eliminar unos cuantos toques <em>pulp </em>en el estilo del relato original al revisarlo para incluirlo en el libro.</p>
<p>Aunque no estamos todavía ante los mejores relatos de la Fundación (al fin y al cabo, la serie está empezando), sí que nos encontramos ante un buen cuento, con abundantes dosis de intriga política, y varios personajes (especialmente Salvor Hardin) que se quedan con facilidad en la memoria del lector. Además, Asimov tiene el descaro de hacer terminar el cuento en un <em>cliffhanger </em>que no resolverá hasta la siguiente historia. De hecho, él mismo reconocería años más tarde que cuando dejó a sus personajes colgados al borde del abismo, por así decir, aún no sabía cómo resolvería la situación.</p>
<p>Pero lo hizo, concretamente en el relato “Brida y silla de montar” (&#8221;Los alcaldes&#8221;, en la versión en libro) que aparecería en junio en <strong>Astounding</strong>. Allí continua la trama de “Fundación”, haciendo avanzar la historia cuarenta años y mostrándonos cómo poco a poco ese pequeño y aparentemente indefenso planeta va convirtiéndose en la influencia dominante de una periferia galáctica a la que el Imperio ha dejado de lado. Salvor Hardin (ahora como maduro alcalde de Términus) es, de nuevo, un estupendo personaje; un manipulador nato, en realidad, que domina la situación en todo momento y mantiene engañados, no sólo a sus adversarios, sino incluso a sus colaboradores más cercanos. Frente a sus enemigos, partidarios de la acción directa y tan sutiles como un elefante en una cristalería, Hardin siempre prefiere esperar, negociar, ganar tiempo y resolver la situación aplicando la fuerza mínima necesaria en el instante adecuado.</p>
<p>Quizá si hay que reprocharle algo al relato, es que el principal antagonista es un villano demasiado de opereta; el autor carga en exceso los dados en su contra y lo hace parecer tan estúpido que, por simple comparación, encontramos a Hardin más brillante de lo que es en realidad.</p>
<p>Es un defecto que Asimov irá puliendo con el tiempo pero que en los primeros relatos de la Fundación es algo casi permanente: sin ir más lejos en &#8220;La cuña&#8221; (&#8221;Los comerciantes&#8221;, en la versión de <strong>Fundación</strong>), donde de nuevo el antagonista es, poco más o menos, un político corrupto y avaricioso que se cree más listo de lo que es. Poco a poco, sin embargo, a medida que sus narraciones van ganando en madurez y en complejidad, iremos descubriendo un autor en el que los “villanos” tienen motivaciones tan creíbles y lógicas como los “héroes”, hasta el punto de que el mismo concepto de héroe y villano termina careciendo de sentido. Seguiremos teniendo un protagonista y un antagonista, pero ambos tendrán sus razones para hacer lo que hacen, y no siempre las razones del protagonista serán mejores que las de su enemigo.</p>
<p>Los relatos de la Fundación tienen una buena acogida entre el público de la época, además de que no tardan en despertar cierta expectación por ver hacía dónde va a tirar la serie. Y es que, al contrario que los cuentos de robots, el ciclo de la Fundación sí que comparte un esqueleto argumental que lo va vertebrando, además de un escenario común. Por más que ese esqueleto argumental vaya siendo, en buena medida, improvisado sobre la marcha. Podríamos decir que el final de cada historia marca el principio de la siguiente, le da el pie, en cierta manera. En cualquier caso, hay una trama que va avanzando de historia en historia, mientras que sus cuentos de robots componen un ciclo mucho más abierto en el que puede haber personajes recurrentes, pero poco más.</p>
<p>Así, tanteando, sin tener del todo claro hacia dónde va, Asimov está probando dos fórmulas distintas y viendo cómo los lectores responden a ellas. La menos arriesgada es la de los cuentos de robots: al no existir demasiada relación argumental entre ellos, no necesitan de un conocimiento previo por parte de los lectores, con lo que se pueden ir captando adeptos sobre la marcha. El ciclo de la Fundación, por el contrario, tiene dos riesgos evidentes: si no funciona comercialmente, el autor puede quedarse a dos velas sin posibilidad de cerrar el arco; y, por otro lado, es más difícil atraer lectores sobre la marcha, pues se incorporarán a una historia que ya estaba empezada cuando ellos llegaron. Tiene la contrapartida evidente de que, si funciona, enganchará a los lectores con más fuerza que la otra serie, más abierta.</p>
<p>Un poco lo que pasa hoy en día con las series de televisión, en cierta manera: ¿qué es mejor comercialmente: una serie con episodios autoconclusivos o una sujeta a un arco argumental común? ¿O quizá una fórmula mixta? No hay una respuesta clara para esas preguntas, evidentemente, y el panorama televisivo actual es una muestra clara de las distintas alternativas que van probando los productores.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>Entre estos dos primeros relatos de la Fundación Asimov publica dos cuentos más.</p>
<p>El primero es “El arma” y, cuanto menos se diga de él, mucho mejor. Es, en realidad un retroceso evidente en todo lo que Asimov venía haciendo hasta el momento: una trama torpe, artificial, unos personajes totalmente estereotipados, un estilo con elementos de lo peor del <em>pulp</em>, situaciones francamente inverosímiles…</p>
<p>De hecho, Asimov llegó a olvidar que lo había escrito y, cuando lo releyó años más tarde, no conseguía reconocer nada de él. Lo incluyó en <strong>In Memory Yet Green</strong>, el primer volumen de su autobiografía, pero aparte de eso, si no me falla la memoria, no ha pasado a ninguna antología. Y, de hecho, creo que ni siquiera tiene versión en castellano. Mucho mejor. Es muy posible que sea uno de los primeros cuentos que escribió (es lo que parece, desde luego) que debió ir rodando de editor en editor hasta que, finalmente, encontró uno que lo aceptó. Sólo que, para entonces, Asimov ya había aprendido unas cuantas cosas sobre cómo escribir relatos y &#8220;El arma&#8221; se muestra muy inferior a otros que publicó en esa misma época.</p>
<p>El otro cuento es “Fraile negro de la llama”, del que ya hemos hablado, un relato del que Asimov siempre abominó, entre otras cosas porque fue obligado a revisarlo como media docena de veces y, tras cada cambio, se sentía más insatisfecho del resultado. De hecho, en la última revisión solicitada por el editor, se le pidió que eliminase toda referencia religiosa del relato. Asimov así lo hizo, sólo para descubrir que que el cuento, que el había titulado &#8220;Peregrinaje&#8221;, terminará apareciendo como &#8220;Fraile negro de la llama&#8221;.</p>
<p>Aunque irregular, no es de lo peor que ha escrito Asimov ni tampoco de lo peor de esa época. Es un cuento que no termina de funcionar del todo, cierto, pero que tiene algunos buenos momentos y un par de ideas interesantes. Un relato, en realidad, que no destaca en casi ningún aspecto, ni por bueno ni por malo; material &#8220;de repertorio&#8221;, prodíamos decir. Quizá lo más memorable de él sea el hecho de que aparecen alienígenas inteligentes, en lugar de la galaxia exclusivamente humana que vemos en la serie de la Fundación, a pesar de desarrollarse, en apariencia, en el mismo escenario. Se menciona a Trántor, por ejemplo, aunque está escrito, al menos en su primera versión, mucho antes que las primeras historias de la Fundación.</p>
<p>&#8220;Fraile negro de la llama&#8221; tiene una consecuencia interesante en su carrera. Le convence de que revisar en exceso, al menos en su caso, no acaba mejorando el original, sino todo lo contrario. A partir de ese momento, Asimov se mostrará reacio a las correcciones: no se niega a revisiones puntuales aquí y allá, pero comprende que si el editor le pide una revisión a fondo es porque el cuento no funciona y, en lugar de intentar arreglar el desastre, preferirá probar con un nuevo relato, donde seguramente se lo pasará mejor (describe a menudo las revisiones como &#8220;mascar un chicle usado&#8221;, imagen bastante gráfica).</p>
<p>Asimov es de esos afortunados escritores que se lo pasa bien escribiendo, que disfruta con el acto en sí de escribir, lo que implica que está mucho menos motivado cuando tiene que hacer una revisión a fondo que cuando inicia una nueva historia desde cero. Es un detalle que puede explicar por qué las sucesivas correcciones y revisiones acaban produciendo un resultado cada vez menos satisfactorio.</p>
<p style="text-align: center;">* * *</p>
<p>En agosto publica “Victoria accidental”, una continuación de “No tan definitivo”, que había publicado en 1941. La primera historia no pasaba de ser un cuento-enigma con una idea interesante pero un desarrollo que no estaba su altura. Su continuación, sin embargo, es bastante superior. Al introducir en la trama a los robots, con su forma lógica y carente de dobleces de ver el mundo, y enfrentarlos a los jovianos (taimados, orgullosos e incapaces de admitir que puedan ser inferiores en nada a nadie, prácticamente una parodia deliberada de los alienígenas en la tradición <em>pulp</em>) Asimov no solo consigue unas cuantas situaciones que van de lo divertido a lo delirante, sino que llena el cuento de cargas de profundidad ideológicas (al fin y al cabo, si los jovianos son una parodia de algo, es de nosotros mismos) y es capaz de rematar la historia con una conclusión a su altura. De los mejores cuentos que Asimov publica en esa época, sin duda.</p>
<p>En octubre aparece “La novatada”, un cuento ambientado en el escenario de “Homo Sol” (recordemos la avanzada civilización galáctica a la que la Tierra acaba de unirse) y sigue las características del resto de esos relatos: los humanos quizá estamos menos avanzados tecnológicamente, pero nuestro ingenio y mala leche nos hacen salir triunfantes de cualquier situación. No es un cuento especialmente memorable, aunque se lee con cierto agrado.</p>
<p>En noviembre ve la luz “El número imaginario”, otro relato ambientado en el mismo escenario que el anterior. Como éste, no deja una huella especial, pero se deja leer y contiene dos o tres momentos humorísticos bastante logrados.</p>
<p>Para cuando termina este año de 1942, Asimov ya es sin duda una de las principales figuras del género en Estados Unidos. Con una serie asentada en el mercado, la de los robots, y otra apenas iniciada (la Fundación) pero bien acogida por los lectores, parece que las cosas le van viento en popa, por no mencionar sus otros relatos que, en general, tienen un buen recibimiento y que, poco a poco, van contribuyendo a que su nombre esté presente prácticamente todas las revistas de ciencia ficción de la época. No sé si alguien llegó a calificarlo de &#8220;inevitable&#8221;, pero no sería descabellado pensarlo, teniendo en cuenta que casi no había publicación del género que no incluyera material suyo.</p>
<p>Si embargo, Asimov no las tenía todas consigo. Sí, había alcanzado un cierto estatus, sin duda, pero llevado eso a terrenos puramente prácticos no significaba casi nada. La idea de ganarse la vida vendiendo relatos a las revistas de ciencia ficción quedaba descartada; incluso en un año bueno como aquel, en el que había vendido once cuentos, aquello no daba ni de lejos para vivir. Hasta entonces le había permitido irse costeando sus estudios e incluso ahorrar un poco, lo que no estaba nada mal, pero parecía haber alcanzado un tope en lo que se refería a las posibilidades económicas del asunto. Estaba claro, eso pensaba Asimov, que como mucho la ciencia ficción sería un sobresueldo.</p>
<p>Eso lo desanimaría algún tiempo, como veremos.</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong>:</p>
<ul>
<li>&#8220;Navidades en Ganímedes&#8221; (Christmas on Ganymede). En <strong>Startling Stories</strong>, enero 1942. Edición española más reciente: <strong>La Edad de Oro II </strong>(Plaza &amp; Janés, 1988).</li>
<li>&#8220;El robot AL-76 se extravía&#8221; (Robot AL-76 Goes Astray). En <strong>Amazing Stories</strong>, febrero 1942. Edición española más reciente: <strong>El robot completo</strong> (Alamut, 2008).</li>
<li>&#8220;Círculo vicioso&#8221; (Runaround). En <strong>Astounding Science-Fiction</strong>, marzo 1942. Edición española más reciente: <strong>El robot completo</strong> (Alamut, 2008).</li>
<li>&#8220;Cronogato&#8221; (Timepussy). En <strong>Astounding Science-Fiction</strong>, abril 1942 (bajo el seudónimo de George E. Dale). Edición española más reciente: <strong>La Edad de Oro III</strong> (Plaza y &amp; Janés, 1988).</li>
<li>&#8220;Fundación&#8221; (Foundation). En <strong>Astounding Science-Fiction</strong>, mayo 1942. Edición española más reciente (como &#8220;Los enciclopedistas&#8221;): <strong>Fundación </strong>(La Factoría de Ideas, 2007).</li>
<li>&#8220;El arma&#8221; (The Weapon). En <strong>Super Science Stories</strong>, mayo 1942. Inédito en castellano.</li>
<li>&#8220;Fraile negro de la llama&#8221; (Black Friar of the Flame). En <strong>Planet Stories</strong>, primavera 1942. Edición española más reciente: <strong>La Edad de Oro I</strong> (Plaza &amp; Janés, 1988).</li>
<li>&#8220;Brida y silla de montar&#8221; (Bridle and Saddle). En <strong>Astounding Science-Fiction</strong>, junio 1942. Edición española más reciente (como &#8220;Los alcaldes&#8221;): <strong>Fundación </strong>(La Factoría de Ideas, 2007).</li>
<li>&#8220;Victoria accidental&#8221; (Victory Unintentional). En <strong>Super Science Stories</strong>, agosto 1942. Edición española más reciente: <strong>El robot completo</strong> (Alamut, 2008).</li>
<li>&#8220;La novatada&#8221; (The Hazing). En <strong>Thrilling Wonder Stories</strong>, octubre 1942. Edición española más reciente: <strong>Cuentos Completos II </strong>(B, 1993).</li>
<li>&#8220;El número imaginario&#8221; (The imaginary). En <strong>Super Science Stories</strong>, noviembre 1942. Edición española más reciente: <strong>La Edad de Oro II</strong> (Plaza &amp; Janés, 1988).</li>
</ul>
<div align=right><span style="font-variant: small-caps;font-size: 12px; color: #696969">&copy; 2009, Rodolfo Martínez</span></div>]]></content:encoded>
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