5. Aprendiendo a nadar

Aprendiendo a nadar

Lunes 1 Diciembre 2008

A lo largo de 1938 y 1939 Asimov había escrito un buen puñado de cuentos. Consigue publicar tres de ellos en el 39, como hemos visto en el capítulo anterior. Y, con eso, se abre un hueco en el mercado editorial de la época.

Que tampoco era para tirar cohetes. Aunque Asimov, probablemente, los tiró. Y quién no.

Al fin y al cabo, tenía motivos para estar contento, incluso entusiasmado; acababa de dar un primer paso importante y nada despreciable: había conseguido publicar de forma retribuida. Estaba en el camino adecuado para llegar a convertirse en escritor profesional. Seguramente, aquella idea no pasaba de ser un sueño loco en la mente del jovencísimo Asimov, pero era un sueño que sin duda estaba allí, una meta que tal vez se revelase como inalcanzable pero que ya no era del todo descabellada.

Así que siguió escribiendo, y siguió probando a enviar sus relatos a las distintas publicaciones de la época. En mente tenía volver a aparecer en las páginas de Astounding, que estaba empezando a convertirse en la revista dominante de aquel período, pero eso no significaba que, entretanto, estuviera ocioso.

En 1940 Asimov publicó siete relatos. Lo cual no está nada mal para un joven recién llegado cuyos tres primeros cuentos publicados no son precisamente una maravilla. Como mucho, prometedores y con ideas interesantes.

De hecho, algunos de los cuentos que publica ese año no son mucho mejores: “La amenaza de Calixto”, que aparece en el número de abril de Astonishing Stories es un refrito de lugares comunes del pulp, tanto en lo que se refiere a los personajes como a las situaciones.

“Un anillo alrededor del sol”, aparecido un mes antes en Future Fiction, es un intento bastante chapucero de escribir ciencia ficción humorística. El cuento es interesante porque los personajes principales (dos intrépidos pilotos de pruebas) son, en cierto modo, los embriones de lo que enseguida serían Powell y Donovan, los dos testadores de robots que no tardarán en convertirse en protagonistas de varios cuentos de Asimov. Por lo demás, el relato apenas reviste interés.

En “La magnífica posesión” vuelve a intentar escribir un cuento humorístico. Por desgracia, el resultado no pasa de ser un chiste fácil demasiado alargado.

En “Mestizos” el joven Asimov introduce por primera vez una historia de amor. ¿El resultado? No diremos que desastroso, pero sin duda tan poco creíble como la conversación de bar en la que pretendía ambientar “Caza mayor”. Y por el mismo motivo.

Asimov carece prácticamente por completo de experiencia sentimental. Así que cuando tiene que describir una historia de amor echa mano de lo que conoce: por desgracia, lo que conoce es la literatura pulp, y el romance que introduce en “Mestizos” remite de nuevo a sus peores momentos. Si a eso añadimos una premisa narrativa no exenta de interés en lo ideológico, sobre todo por su evidente anti-racismo, pero desarrollada de un modo bastante obvio y carente de sutileza, es fácil llegar a la conclusión de que tampoco este relato es una de las cumbres de la narrativa asimoviana.

El resultado de su continuación, “Mestizos en Venus”, no es mucho mejor. De hecho, podríamos decir sin temor a equivocarnos que es incluso peor. Con los mismos clichés del primer cuento y la misma torpeza para describir relaciones sentimentales, este relato sólo tiene interés porque fue el primer intento de Asimov de escribir una serie.

Intento fallido, evidentemente. Pero el impulso estaba ahí. Era un impulso, por otra parte, con una motivación más económica que creativa o artística. Las series de relatos, si eran bien recibidas por el público, podían convertirse en una forma de asegurarse la publicación continuada de material en la misma revista. Dado que ni “Mestizos” ni “Mestizos en Venus” tuvo una acogida muy clamorosa por los lectores (y teniendo en cuenta que el director de Astonishing le aceptó medio a regañadientes la continuación del primer cuento) Asimov abandonó enseguida aquel intento.

No así la idea de escribir una serie, un grupo de relatos que compartieran un escenario común. De hecho, aquel mismo año de 1940 conseguiría publicar el primer cuento de lo que sería una de sus series más exitosas.

Otro de sus relatos de aquel año, “Homo Sol” (con el que vuelve a las páginas de Astounding), es también parte de una serie, aunque como serie es más bien exigua, ya que acabará compuesta de tan solo tres relatos.

Es uno de los pocos cuentos asimovianos donde existen varias especies inteligentes -todas ellas humanoides, eso sí- que comparten la Galaxia. El cuento está hecho a medida, como el propio Asimov reconoce, para John W. Campbell, director de Astounding: empezando por la avanzadísima federación galáctica que mira por encima del hombro a una Tierra menos desarrollada que ellos, y siguiendo por unos terrícolas cuyo ingenio y arrogancia pasa por encima de cualquier prueba y acaba aventajando a otras especies en apariencia “superiores”. Uno de los clichés habituales de la ciencia ficción más pulp y que a Campbell le gustaba usar con asiduidad (y que “sus” autores usasen también): la humanidad que le acaba dando sopa con ondas a especies más avanzadas gracias al ingenio y el espíritu de superación humano.

Un estereotipo racista, en realidad, del que Asimov era muy consciente (cuando Campbell decía “humanidad” estaba diciendo seguramente “hombre de origen anglosajón”, para empezar, y a saber qué tendría en mente cuando pensaba en las avanzadas civilizaciones extraterreste) y que, con el tiempo le haría sentirse cada vez más incómodo.

Es esa incomodidad lo que lo lleva a desarrollar algo que, andando el tiempo se convertiría en uno de sus rasgos más característicos: una civilización galáctica completamente humana. Algunos críticos de la época lo vieron como un rasgo original; otros, en cambio, lo criticaron como una falta de imaginación.

Ni una cosa ni otra, en realidad. A Asimov cada vez le iría constando más transigir con el racismo de Campbell. Al mismo tiempo mantenía una buena relación (tanto profesional como personal) con el editor de Astounding y el joven escritor no quería estropear ninguna de las dos.

La única forma de conservar la amistad con Campbell, seguir publicando en su revista y, al mismo tiempo, no traicionarse a sí mismo ideológicamente era hacer desaparecer el conflicto: si sólo había una especie inteligente en la galaxia, el problema dejaba de existir. (Un rasgo de la personalidad de Asimov que mantendría toda su vida: la huida de los conflictos. Algo que, en más de una ocasión, le pasaría factura).

Haciendo un chiste fácil y de dudoso gusto, podríamos decir que Asimov cometió un genocidio a escala galáctica para evitar un enfrentamiento con Campbell. Y, en cierto modo, David Brin y Greg Bear (cuanto menos hablemos de Gregory Benford y su papel en el asunto, mucho mejor) debieron pensar algo parecido. Cuando escriben sus respectivos libros de la nueva Trilogía de la Fundación, mencionan las naves colonizadoras robóticas cuyo objetivo es limpiar la galaxia de inteligencias no humanas para que el hombre, cuando se extienda por ella, sea el único.

Volviendo a “Homo Sol”, es un cuento bastante más consistente que los otros que publica en 1940. Y, lo que no deja de ser curioso, mucho menos heredero de la tradición pulp que ellos. Es cierto que el cliché antes mencionado está presente a lo largo de todo el relato, pero no lo es menos que la historia está llevada de un modo creíble, con buen pulso y un más que aceptable manejo de la trama.

Por otro lado, es la primera vez que Asimov menciona la psicología como una disciplina regida por una serie de leyes matemáticas; no cabe duda de que estamos ante el embrión de lo que, en breve, se convertiría en la psicohistoria.

“Homo Sol” es, probablemente, el mejor cuento que Asimov publica ese año. Aún es, en muchos aspectos, un relato primerizo, pero ya vamos viendo asomar en él a un escritor bastante más seguro de sí mismo y de sus posibilidades y que empieza sacar a la luz todo el potencial que lleva dentro.

Buena parte de la historia es llevada mediante el diálogo entre distintos personajes. Algo que enseguida se transformaría en una de las principales características de Asimov como narrador: el diálogo no sólo hace avanzar la acción, sino que aporta información relevante sobre personajes y situaciones e incluso sirve para crear atmósfera y ambientar la trama.

Y he dejado para el final el que sería el primer cuento de robots escrito por Asimov: “Robbie”. Asimov intentó presentárselo a Campbell, pero éste lo rechazó (y su amigo Fred Pohl, como ya había hecho en otras ocasiones, le explicó previamente por qué el editor de Astounding no lo iba a aceptar) y terminaría apareciendo bajo el título de “Strange Playfellow” (Extraño compañero de juegos) en otra de las revistas que había en la época.

Aunque a lo largo de la historia no se mencionan de forma explícita las famosas tres leyes de la robótica (es posible que por aquella época aún no estuvieran formuladas de un modo concreto y detallado), el comportamiento de su niñera artificial sí que encaja con ellas. Sin duda, su presentación del robot como una simple pieza de maquinaria, regida por un programa que dicta su comportamiento y, por tanto, alejado de los dos clichés imperantes en la época en el tratamiento de los robots (los que el propio Asimov describe como “el robot como amenaza” y “el robot como pathos”), es bastante original e inaugura (sin saberlo en aquel momento y seguramente sin pretenderlo) un giro bastante radical en ese tipo de historias. Con el tiempo, serían otros cuentos de Asimov los responsables de dirigir ese giro, pero entretanto “Robbie” no es una mala carta de presentación.

Cierto que el relato tiene un claro bajón de ritmo hacia la mitad y que resulta demasiado sentimental en ocasiones (no llega a caer en lo sensiblero, pero lo roza). Pero en el haber tiene elementos que compensan con creces sus defectos.

No sólo la relación entre la niña y su robótica niñera está magistralmente descrita, sino que a lo largo de todo el relato hay una distante y casi imperceptible ironía que le da a la historia una fuerza que un tono más emotivo, más “implicado” emocionalmente, no habría conseguido. La familia que nos presenta en el relato, por otra parte, es curiosamente disfuncional en más de un aspecto y, de hecho, el retrato que traza de una familia americana de clase media se acerca a la caricatura en más de un momento.

Aunque Asimov no es consciente de ello, está incorporando a su forma de narrar elementos tomados de P. G. Woodhouse, el humorista británico de principios del siglo XX. Poco a poco, esos elementos se irían haciendo más visibles en su modo de escribir y, en algunos casos, Asimov llegaría a escribir cuentos totalmente “woodhousianos”.

Pero eso sería en el futuro.

Entretanto, el balance de este año 1940 es bastante positivo para el joven autor. No sólo ha conseguido publicar siete relatos, lo que no está nada mal, sino que dos de ellos son lo bastante buenos para llamar la atención de los lectores y, quizá, hacerles pensar que el tipo ese del apellido ruso tal vez sea alguien cuya carrera merezca la pena seguir.

Entretanto, ha seguido escribiendo. Y en el proceso de escribir, enviar el material para su publicación, ser rechazado, hacer correcciones, ver su cuento publicado y compararlo con lo que otros publicaban, ha ido aprendiendo. Sobre la marcha y sin pararse a pensar mucho en lo que hace: dejando que sea el propio proceso el que le vaya enseñando qué cosas funcionan y cuáles no.

Aprendiendo a nadar a medida que nada, podríamos decir.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Mestizos” (Half-Breed). En Astonishing Stories, febrero de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Un anillo alrededor del sol” (Ring Around the Sun). En Future Fiction, marzo de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La amenaza de Calixto” (The Callistean Menace). En Astonishing Stories, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La magnífica posesión” (The Magnificent Possession). En Future Fiction, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Homo sol” (Homo Sol). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Robbie” (Robbie). En Super Science Stories, setiembre de 1940. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008). Es de destacar que el cuento fue modificado para su inclusión en Yo, Robot. Asimov no sólo añadió un prólogo, un epílogo y varios fragmentos que entrelazaban los cuentos -y se centraban en la figura de Susan Calvin-, sino que retocó algunos de los relatos para que encajaran mejor en el libro. Yo, Robot tiene una lógica narrativa propia, que lo hace interesante como libro coherente y no como simple amalgama de relatos. Su edición española más popular sigue siendo la de EDHASA.
  • “Mestizos en Venus” (Half-Breeds on Venus). En Astonishing Stories, diciembre 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
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