III. Saltando a la piscina

El primer chapuzón

Lunes 24 Noviembre 2008

Su primer cuento publicado es “Aislados de Vesta”, que aparece en el número de marzo de 1939 de Amazing Stories.

Un par de meses después publica “El arma demasiado terrible para ser usada” en la misma revista.

Y finalmente consigue el objetivo que buscaba desde un principio: aparecer en las páginas de la Astounding de Campbell con “Opinión pública”.

Y, en realidad, en su fuero interno Asimov consideraba su tercer relato vendido como su primera publicación “de verdad”. Por un lado se sentía bastante insatisfecho con los otros dos relatos (se los había presentado a Campbell y éste los había rechazado) y, por el otro, era consciente de que el nivel de calidad y exigencia de una publicación no era comparable a la otra.

Sin embargo, quizá fue buena cosa que su nombre apareciera previamente en letras de imprenta antes de que Campbell le aceptase un cuento. Es probable que, vistas sus tendencias, Campbell hubiera insistido en que Asimov hubiese usado algún seudónimo que sonase anglosajón, idea que a Asimov le horrorizaba. Para cuando Campbell decide publicarle, su nombre ya ha aparecido previamente en la competencia y el editor de Astounding asume sin problemas que lo use.

Tal vez, después de todo, no habría pasado nada y Campbell no habría insistido en ningún seudónimo, pero era un temor que tenía a Asimov bastante intranquilo y que no estaba del todo injustificado.

Por aquella época, lo étnico no estaba muy bien visto. Los héroes de los pulp debían ser invariablemente blancos y de origen anglosajón o germánico. Las minorías étnicas estaban presentes únicamente para dar carta de naturaleza a los clichés sobre ellas: los latinos vagos, los judíos avaros, los negros torpes y malintencionados, los franceses poco fiables…

De hecho, el propio Asimov perpetuó algunos de esos estereotipos en sus primeros relatos y sus héroes son invariablemente americanos de origen inglés.

Como sea, consigue publicar con su propio nombre estos tres primeros relatos y, a partir de ese momento, empieza a ser familiar para los aficionados al género. No se le considera uno de los grandes (como sí pasó con Heinlein prácticamente desde su primera historia publicada) pero sí alguien cuyas historias no están mal.

Eso cambiará con el tiempo, claro, pero ya hablaremos de ello en su momento.

Entretanto, Asimov acaba de lanzarse a la piscina y está aprendiendo a nadar a medida que lo hace.

Porque estamos ante tres cuentos claramente primerizos. Sin duda el mejor de ellos es “Opinión pública”, y no es sorprendente que Campbell rechazara los otros dos.

Tanto “Aislados de Vesta” como “El arma demasiado terrible para ser usada” son relatos que no terminan de funcionar.

El primero plantea un enigma interesante y lo resuelve de un modo inteligente, inaugurando otro de los tipos de historias favoritas de Asimov: lo que podríamos llamar el cuento-puzzle. Pero la historia que rodea el enigma está llena de clichés, los personajes son acartonados en sus actitudes y, en general, rebosa un cierto aire de amateurismo. Pese a todo, no es un mal cuento si tenemos en cuenta que es su primera publicación. Como tarjeta de presentación ante los lectores no deja una impresión imborrable, pero sí resulta lo bastante interesante para animarlos a leer más cosas de ese autor.

Mucho peor es “El arma demasiado terrible para ser usada”, desde el larguísimo título hasta la historia llena de estereotipos de lo más cutre del pulp. Frederick Pohl le hizo en su momento a Asimov una crítica bastante demoledora (y certera) del relato y, de hecho, le vaticinó que Campbell lo rechazaría y le explicó por qué. Por un lado, ese arma tan terrible para ser usada era usada de hecho en el cuento, con lo que el título perdía todo sentido; por el otro, una vez destruida esa arma, el final feliz que Asimov dibujaba carecía de sentido. Sin su amenaza, los terrestres no dudarían en lanzarse contra los venusinos.

“Opinión pública”, por el contrario, es una historia relativamente madura para el Asimov de esa época. Presenta por un lado una historia bastante curiosa y poco habitual en él: una reacción social adversa ante los viajes espaciales. Aún está escrita en un tono con resonancias pulp y tiene sus clichés por aquí y por allá, pero en general el relato está sorprendentemente bien llevado y los personajes funcionan mejor que en los dos cuentos anteriores. Se nota que los consejos de Campbell van dando su fruto.

Había pasado menos de un año desde que un nerviosísimo Asimov fuera a las oficinas de Astounding con su manuscrito bajo el brazo. Y no sólo había conseguido su objetivo de publicar en la revista, sino que había vendido dos cuentos más a otra publicación.

Aún le quedaba mucho camino por recorrer, es cierto, pero parecía estar en la dirección correcta.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Aislados de Vesta” (Marooned off Vesta). En Amazing Stories, marzo de 1939. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992). En inglés fue recogido originalmente en la antología Asimov’s Misteries pero desapareció misteriosamente de la versión española de la misma, Estoy en Puertomarte sin Hilda (Alianza editorial, 1972).
  • “El arma demasiado terrible para ser usada” (The Weapon Too Dreadful to Use). En Amazing Stories, mayo de 1939. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988). Este volumen junto con el II y el III componen en el original The Early Asimov (algo así como “El Asimov primerizo”), una antología dedicada a sus primeros años como autor de ciencia ficción. En 1992 se hizo una edición especial y no venal en un solo volumen para regalar a los clientes de Hoteles NH.
  • “Opinión pública” (Trends). En Astounding Stories, julio de 1939. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
© 2008, Rodolfo Martínez

Aprendiendo a nadar

Lunes 1 Diciembre 2008

A lo largo de 1938 y 1939 Asimov había escrito un buen puñado de cuentos. Consigue publicar tres de ellos en el 39, como hemos visto en el capítulo anterior. Y, con eso, se abre un hueco en el mercado editorial de la época.

Que tampoco era para tirar cohetes. Aunque Asimov, probablemente, los tiró. Y quién no.

Al fin y al cabo, tenía motivos para estar contento, incluso entusiasmado; acababa de dar un primer paso importante y nada despreciable: había conseguido publicar de forma retribuida. Estaba en el camino adecuado para llegar a convertirse en escritor profesional. Seguramente, aquella idea no pasaba de ser un sueño loco en la mente del jovencísimo Asimov, pero era un sueño que sin duda estaba allí, una meta que tal vez se revelase como inalcanzable pero que ya no era del todo descabellada.

Así que siguió escribiendo, y siguió probando a enviar sus relatos a las distintas publicaciones de la época. En mente tenía volver a aparecer en las páginas de Astounding, que estaba empezando a convertirse en la revista dominante de aquel período, pero eso no significaba que, entretanto, estuviera ocioso.

En 1940 Asimov publicó siete relatos. Lo cual no está nada mal para un joven recién llegado cuyos tres primeros cuentos publicados no son precisamente una maravilla. Como mucho, prometedores y con ideas interesantes.

De hecho, algunos de los cuentos que publica ese año no son mucho mejores: “La amenaza de Calixto”, que aparece en el número de abril de Astonishing Stories es un refrito de lugares comunes del pulp, tanto en lo que se refiere a los personajes como a las situaciones.

“Un anillo alrededor del sol”, aparecido un mes antes en Future Fiction, es un intento bastante chapucero de escribir ciencia ficción humorística. El cuento es interesante porque los personajes principales (dos intrépidos pilotos de pruebas) son, en cierto modo, los embriones de lo que enseguida serían Powell y Donovan, los dos testadores de robots que no tardarán en convertirse en protagonistas de varios cuentos de Asimov. Por lo demás, el relato apenas reviste interés.

En “La magnífica posesión” vuelve a intentar escribir un cuento humorístico. Por desgracia, el resultado no pasa de ser un chiste fácil demasiado alargado.

En “Mestizos” el joven Asimov introduce por primera vez una historia de amor. ¿El resultado? No diremos que desastroso, pero sin duda tan poco creíble como la conversación de bar en la que pretendía ambientar “Caza mayor”. Y por el mismo motivo.

Asimov carece prácticamente por completo de experiencia sentimental. Así que cuando tiene que describir una historia de amor echa mano de lo que conoce: por desgracia, lo que conoce es la literatura pulp, y el romance que introduce en “Mestizos” remite de nuevo a sus peores momentos. Si a eso añadimos una premisa narrativa no exenta de interés en lo ideológico, sobre todo por su evidente anti-racismo, pero desarrollada de un modo bastante obvio y carente de sutileza, es fácil llegar a la conclusión de que tampoco este relato es una de las cumbres de la narrativa asimoviana.

El resultado de su continuación, “Mestizos en Venus”, no es mucho mejor. De hecho, podríamos decir sin temor a equivocarnos que es incluso peor. Con los mismos clichés del primer cuento y la misma torpeza para describir relaciones sentimentales, este relato sólo tiene interés porque fue el primer intento de Asimov de escribir una serie.

Intento fallido, evidentemente. Pero el impulso estaba ahí. Era un impulso, por otra parte, con una motivación más económica que creativa o artística. Las series de relatos, si eran bien recibidas por el público, podían convertirse en una forma de asegurarse la publicación continuada de material en la misma revista. Dado que ni “Mestizos” ni “Mestizos en Venus” tuvo una acogida muy clamorosa por los lectores (y teniendo en cuenta que el director de Astonishing le aceptó medio a regañadientes la continuación del primer cuento) Asimov abandonó enseguida aquel intento.

No así la idea de escribir una serie, un grupo de relatos que compartieran un escenario común. De hecho, aquel mismo año de 1940 conseguiría publicar el primer cuento de lo que sería una de sus series más exitosas.

Otro de sus relatos de aquel año, “Homo Sol” (con el que vuelve a las páginas de Astounding), es también parte de una serie, aunque como serie es más bien exigua, ya que acabará compuesta de tan solo tres relatos.

Es uno de los pocos cuentos asimovianos donde existen varias especies inteligentes -todas ellas humanoides, eso sí- que comparten la Galaxia. El cuento está hecho a medida, como el propio Asimov reconoce, para John W. Campbell, director de Astounding: empezando por la avanzadísima federación galáctica que mira por encima del hombro a una Tierra menos desarrollada que ellos, y siguiendo por unos terrícolas cuyo ingenio y arrogancia pasa por encima de cualquier prueba y acaba aventajando a otras especies en apariencia “superiores”. Uno de los clichés habituales de la ciencia ficción más pulp y que a Campbell le gustaba usar con asiduidad (y que “sus” autores usasen también): la humanidad que le acaba dando sopa con ondas a especies más avanzadas gracias al ingenio y el espíritu de superación humano.

Un estereotipo racista, en realidad, del que Asimov era muy consciente (cuando Campbell decía “humanidad” estaba diciendo seguramente “hombre de origen anglosajón”, para empezar, y a saber qué tendría en mente cuando pensaba en las avanzadas civilizaciones extraterreste) y que, con el tiempo le haría sentirse cada vez más incómodo.

Es esa incomodidad lo que lo lleva a desarrollar algo que, andando el tiempo se convertiría en uno de sus rasgos más característicos: una civilización galáctica completamente humana. Algunos críticos de la época lo vieron como un rasgo original; otros, en cambio, lo criticaron como una falta de imaginación.

Ni una cosa ni otra, en realidad. A Asimov cada vez le iría constando más transigir con el racismo de Campbell. Al mismo tiempo mantenía una buena relación (tanto profesional como personal) con el editor de Astounding y el joven escritor no quería estropear ninguna de las dos.

La única forma de conservar la amistad con Campbell, seguir publicando en su revista y, al mismo tiempo, no traicionarse a sí mismo ideológicamente era hacer desaparecer el conflicto: si sólo había una especie inteligente en la galaxia, el problema dejaba de existir. (Un rasgo de la personalidad de Asimov que mantendría toda su vida: la huida de los conflictos. Algo que, en más de una ocasión, le pasaría factura).

Haciendo un chiste fácil y de dudoso gusto, podríamos decir que Asimov cometió un genocidio a escala galáctica para evitar un enfrentamiento con Campbell. Y, en cierto modo, David Brin y Greg Bear (cuanto menos hablemos de Gregory Benford y su papel en el asunto, mucho mejor) debieron pensar algo parecido. Cuando escriben sus respectivos libros de la nueva Trilogía de la Fundación, mencionan las naves colonizadoras robóticas cuyo objetivo es limpiar la galaxia de inteligencias no humanas para que el hombre, cuando se extienda por ella, sea el único.

Volviendo a “Homo Sol”, es un cuento bastante más consistente que los otros que publica en 1940. Y, lo que no deja de ser curioso, mucho menos heredero de la tradición pulp que ellos. Es cierto que el cliché antes mencionado está presente a lo largo de todo el relato, pero no lo es menos que la historia está llevada de un modo creíble, con buen pulso y un más que aceptable manejo de la trama.

Por otro lado, es la primera vez que Asimov menciona la psicología como una disciplina regida por una serie de leyes matemáticas; no cabe duda de que estamos ante el embrión de lo que, en breve, se convertiría en la psicohistoria.

“Homo Sol” es, probablemente, el mejor cuento que Asimov publica ese año. Aún es, en muchos aspectos, un relato primerizo, pero ya vamos viendo asomar en él a un escritor bastante más seguro de sí mismo y de sus posibilidades y que empieza sacar a la luz todo el potencial que lleva dentro.

Buena parte de la historia es llevada mediante el diálogo entre distintos personajes. Algo que enseguida se transformaría en una de las principales características de Asimov como narrador: el diálogo no sólo hace avanzar la acción, sino que aporta información relevante sobre personajes y situaciones e incluso sirve para crear atmósfera y ambientar la trama.

Y he dejado para el final el que sería el primer cuento de robots escrito por Asimov: “Robbie”. Asimov intentó presentárselo a Campbell, pero éste lo rechazó (y su amigo Fred Pohl, como ya había hecho en otras ocasiones, le explicó previamente por qué el editor de Astounding no lo iba a aceptar) y terminaría apareciendo bajo el título de “Strange Playfellow” (Extraño compañero de juegos) en otra de las revistas que había en la época.

Aunque a lo largo de la historia no se mencionan de forma explícita las famosas tres leyes de la robótica (es posible que por aquella época aún no estuvieran formuladas de un modo concreto y detallado), el comportamiento de su niñera artificial sí que encaja con ellas. Sin duda, su presentación del robot como una simple pieza de maquinaria, regida por un programa que dicta su comportamiento y, por tanto, alejado de los dos clichés imperantes en la época en el tratamiento de los robots (los que el propio Asimov describe como “el robot como amenaza” y “el robot como pathos”), es bastante original e inaugura (sin saberlo en aquel momento y seguramente sin pretenderlo) un giro bastante radical en ese tipo de historias. Con el tiempo, serían otros cuentos de Asimov los responsables de dirigir ese giro, pero entretanto “Robbie” no es una mala carta de presentación.

Cierto que el relato tiene un claro bajón de ritmo hacia la mitad y que resulta demasiado sentimental en ocasiones (no llega a caer en lo sensiblero, pero lo roza). Pero en el haber tiene elementos que compensan con creces sus defectos.

No sólo la relación entre la niña y su robótica niñera está magistralmente descrita, sino que a lo largo de todo el relato hay una distante y casi imperceptible ironía que le da a la historia una fuerza que un tono más emotivo, más “implicado” emocionalmente, no habría conseguido. La familia que nos presenta en el relato, por otra parte, es curiosamente disfuncional en más de un aspecto y, de hecho, el retrato que traza de una familia americana de clase media se acerca a la caricatura en más de un momento.

Aunque Asimov no es consciente de ello, está incorporando a su forma de narrar elementos tomados de P. G. Woodhouse, el humorista británico de principios del siglo XX. Poco a poco, esos elementos se irían haciendo más visibles en su modo de escribir y, en algunos casos, Asimov llegaría a escribir cuentos totalmente “woodhousianos”.

Pero eso sería en el futuro.

Entretanto, el balance de este año 1940 es bastante positivo para el joven autor. No sólo ha conseguido publicar siete relatos, lo que no está nada mal, sino que dos de ellos son lo bastante buenos para llamar la atención de los lectores y, quizá, hacerles pensar que el tipo ese del apellido ruso tal vez sea alguien cuya carrera merezca la pena seguir.

Entretanto, ha seguido escribiendo. Y en el proceso de escribir, enviar el material para su publicación, ser rechazado, hacer correcciones, ver su cuento publicado y compararlo con lo que otros publicaban, ha ido aprendiendo. Sobre la marcha y sin pararse a pensar mucho en lo que hace: dejando que sea el propio proceso el que le vaya enseñando qué cosas funcionan y cuáles no.

Aprendiendo a nadar a medida que nada, podríamos decir.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Mestizos” (Half-Breed). En Astonishing Stories, febrero de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Un anillo alrededor del sol” (Ring Around the Sun). En Future Fiction, marzo de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La amenaza de Calixto” (The Callistean Menace). En Astonishing Stories, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La magnífica posesión” (The Magnificent Possession). En Future Fiction, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Homo sol” (Homo Sol). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Robbie” (Robbie). En Super Science Stories, setiembre de 1940. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008). Es de destacar que el cuento fue modificado para su inclusión en Yo, Robot. Asimov no sólo añadió un prólogo, un epílogo y varios fragmentos que entrelazaban los cuentos -y se centraban en la figura de Susan Calvin-, sino que retocó algunos de los relatos para que encajaran mejor en el libro. Yo, Robot tiene una lógica narrativa propia, que lo hace interesante como libro coherente y no como simple amalgama de relatos. Su edición española más popular sigue siendo la de EDHASA.
  • “Mestizos en Venus” (Half-Breeds on Venus). En Astonishing Stories, diciembre 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
© 2008, Rodolfo Martínez

Ampliando la brazada

Lunes 8 Diciembre 2008

1941 será un año fundamental para Asimov. En cierto modo, es su momento de mayoría de edad como escritor de ciencia ficción, el punto en el que deja de ser un recién llegado moderadamente interesante y se convierte en un autor a tener en cuenta. Aún no alcanza su puesto en el panteón como uno de los Tres Grandes, y todavía pasarán unos años antes de que eso ocurra, pero ya no es el novato a prueba al que se mira con desconfianza.

A partir de 1941, Asimov es un escritor consolidado en el mercado de las revistas de ciencia ficción.

Él mismo sitúa ese punto de inflexión en la publicación de su relato “Anochecer”, influido en buena medida porque es el cuento que, en más ocasiones y en distintas épocas, ha sido elegido como favorito de los aficionados. Para el Asimov de entonces, sin embargo, probablemente sea más importante el hecho de que es gracias “Anochecer” que le es dedicada por primera vez la ilustración de portada de la revista y, sobre todo, que Campbell le concede una bonificación por ese cuento y se lo paga por encima de la tarifa habitual de entonces.

En apariencia, 1941 no es un año muy distinto de 1940: publica ocho relatos, cifra casi igual que el año anterior, repartidos por tres o cuatro revistas distintas.

Pero, de esos ocho relatos, la mitad aparecen en la Astounding de Campbell, lo que para Asimov es todo un éxito. Y no cabe duda de que en ese momento Campbell es el editor más exigente de los que publican ciencia ficción, así que es significativo el hecho de que cuatro de las ocho historias asimovianas de aquel año pasen el filtro “campbelliano” con éxito.

Por lo demás aún es un autor irregular. Cuentos como “Herencia”, “Historia” o “El sentido secreto” siguen siendo artefactos no muy bien ensamblados, demasiado deudores de los estereotipos pulp y con tramas que no terminan de funcionar del todo.

“No tan definitivo” es un poco mejor, pero todo el relato parece orientado al giro de tuerca final y resulta demasiado simple. Es, de nuevo, una historia-rompecabezas, un puzzle que queda armado con el retruecano final y también, en cierto modo, una historia de misterio. Éste resulta interesante y su resolución sorprende y culmina el cuento de forma adecuada, pero la anécdota está demasiado reducida al mínimo para que el relato resulta de veras interesante.

Los otros cuentos que Asimov publica ese año, sin embargo, ya son otra cosa.

Con “Super Neutron”, el joven autor da un paso más decidido, y moderadamente exitoso, en el camino que habría de llevarlo a los cuentos del ciclo de los Viudos Negros. La historia está bien tramada y el ambiente, en general, resulta conseguido. Asimov va elevando poco a poco la tensión de la historia (siempre apoyándose en el diálogo) y, cuando llega el desenlace final, todo encaja sin fisuras. No es uno de sus mejores cuentos, pero sin duda es un ejercicio de estilo más que interesante y la narración en “dos capas” (un narrador en primera persona que nos cuenta lo que otro le ha contado, que es la verdadera historia) funciona sin problemas.

“¡Embustero!” y “Razón” son dos nuevas aportaciones a las narraciones de robots, y en ambos relatos quedan establecidas la mayoría de las características de ese tipo de tipo de historias aunque aún no se mencionan de forma explícita las tres leyes de la robótica.

“¡Embustero!” es la primera aparición de Susan Calvin, uno de los más famosos (y mejor construidos) personajes de Asimov. Lo curioso es que la Calvin que vemos aquí es un tanto distinta a la que aparecerá en cuentos posteriores: más frágil, menos incisiva y, sobre todo, bastante más cerca de un cierto estereotipo femenino de la época de lo que lo será después. De hecho, parece claro que Asimov no tenía en mente seguir escribiendo historias con ella: la crea para ese relato porque la trama le exige un personaje de esas características y no será hasta algún tiempo después cuando le dé verdadera dimensión humana.

Por otro lado, “¡Embustero!” inaugura lo que será una de las características fundamentales de muchos de los cuentos de robots de Asimov: una vez establecidas las tres leyes de la robótica y el modo en que actúan, hay que ponerlas a prueba de algún modo, tantear sus límites y, con el tiempo, ir más allá. En este caso, la capacidad telepática del robot que aparece en el relato redefine el concepto de “daño” para la programación robótica y acaba situando a la máquina en un callejón sin salida.

Más interesante es “Razón”, donde hacen su aparición Gregory Powell y Mike Donovan, enfrentados a un robot que, a pura fuerza de razonamiento, ha deducido la existencia de Dios y cuál es su papel en el universo, con la consecuencia de que considera a los hombres un experimento fallido de la divinidad, el primer intento de construir una criatura racional que, por supuesto, culmina en los robots. Es un relato humorístico bastante bien llevado bajo que el que hay una sátira consciente y un tanto demoledora de la religión y el modo en que la creencia influye en la percepción del universo.

Con “Robbie”, “¡Embustero!” y “Razón”, Asimov ya podía decir con toda justificación que tenía una serie en marcha. Los tres relatos comparten los suficientes elementos de escenario (aparte del evidente uso de los robots) para ser considerados parte de una serie y, además, desconozco si por pura suerte o de forma deliberada, Asimov ha creado esas primeras historias de un modo lo bastante abierto para que sea una serie de duración indefinida. Con las premisas que ha elegido, puede pasarse el resto de su vida escribiendo cuentos de robots (en cierto modo lo hizo, podríamos decir) o abandonarlos en cuanto el público se canse de ellos sin que la serie se resienta o se quede a medias. No hay un lazo argumental que los una y que, por tanto, esté pidiendo un desarrollo o una conclusión: sólo elementos de ambientación y, por supuesto, los robots y el modo en que son afectados por las tres leyes de la robótica.

En aquel momento, tal como el mismo Asimov reconoce, en su fuero interno eran Powel y Donovan los protagonistas humanos de la serie: de carácter simpático y decidido, incluso algo campechano, creados para que el lector empatizara con ellos sin problemas, parecían la elección obvia. Paseando de un lado a otro del sistema solar para probar nuevos modelos de robots y solucionar los problemas que se presentasen, todo parecía indicar que estaban llamados a convertirse en una de las creaciones más exitosas de Asimov.

Podríamos decir que los cuentos de Powell y Donovan son un caso claro de “fan fiction”. John W. Campbell Jr., antes de iniciar su labor como director de Astounding y abandonar la literatura casi por completo, había escrito unos cuantos relatos de ciencia ficción. El más memorable es, seguramente, “¿Quién anda ahí?”, que sería el origen de la película El enigma de otro mundo y de su remake (La cosa) a manos de John Carpenter, mucho más cercano al original literario que la primera versión.

Campbell tenía una serie bastante exitosa cuyos protagonistas, Penton y Blake, recorrían el sistema solar conociendo distintas especies en cada planeta y resolviendo con ingenio situaciones apuradas. A Asimov le gustaba mucho esa serie cuando aún era un joven que se limitaba a leer ciencia ficción y, sin duda, sus historias de Powel y Donovan son en buena medida la obra de un fan que está haciendo su propia versión de lo que tanto le ha gustado.

En cualquier caso, no tardó en verse que Powell y Donovan no iban a ser el hilo conductor de la serie de los robots. Ambos se convierten enseguida en poco más que una nota a pie de página (una nota vital y agradable, cierto) y el protagonismo les es robado casi sin que se den cuenta por esa Susan Calvin que está llamada a convertirse en uno de los mejores personajes asimovianos.

Pero él aún no sabe nada de eso. Desde luego, lo desconoce en el momento en que se sienta a escribir un relato que titulará “Anochecer” y que parte de una premisa que Campbell le ha lanzado para que la recoja.

¿Qué harían los hombres si sólo pudieran ver las estrellas una vez cada mil años?, le preguntó el director de Astounding. Era una costumbre muy habitual en él: rumiar media docena de ideas y soltarle alguna de ellas al primer autor que pasara por su despacho en las oficinas de la revista. En esta ocasión, fue Asimov quien pasó por allí.

Y quien dijo, casi sin pensárselo: “Creo que enloquecerían”.

“Escribe un cuento sobre eso”, le dijo Campbell.

Y así fue. El resto, como se suele decir, es historia.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Historia” (History). En Super Science Stories, marzo de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “El sentido secreto” (The Secret Sense). En Cosmic Stories, marzo de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Razón” (Reason). En Astounding Science-Fiction, abril de 1941. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Herencia” (Heredity). En Astonishing Stories, abril de 194. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “¡Embustero!” (Liar!). En Astounding Science-Fiction, mayo de 1941. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Anochecer” (Nightfall). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Super Neutrón” (Super Neutron). En Astonishign Stories, setiembre de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “No tan definitivo” (Not Final!). En Astounding Science-Fiction, octubre 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1993).
© 2008, Rodolfo Martínez

Anochecer

Lunes 15 Diciembre 2008

¿Es realmente “Anochecer” el mejor cuento de ciencia ficción de todos los tiempos? ¿Es el mejor cuento que ha escrito Asimov?

Creo que no, en ninguno de los dos casos.

Sin duda la idea de partida es brillante. La historia está bien trabada y desarrollada de un modo convincente. Los personajes son creíbles.

Pero “Anochecer” es un ejemplo perfecto de lo que hizo que la Edad de Oro de la Ciencia Ficción fuese lo que fue. Para bien y para mal.

El problema del relato es que Asimov aún no sabe escribir sin librarse por completo de los peores amaneramientos del pulp, que aún no ha conseguido desprenderse de un buen montón de clichés; no tanto en lo que nos cuenta sino en la forma de contarlo.

El resultado es que tenemos, como he dicho, una idea brillante, una especulación llena de ese “sentido de la maravilla” que debe tener la buena ciencia ficción. Pero la ejecución de la idea no le hace justicia, no está a su altura.

Entendedme bien, no es un mal cuento. Asimov está aprendiendo cómo contar bien una historia a velocidades realmente vertiginosas (parece mentira que, apenas un año antes fuera capaz de perpetrar “La amenaza de Calixto” o “El arma demasiado terrible para ser usada”) y se va acercando a la madurez a un ritmo escalofriante. De ser un recién llegado torpe pero prometedor ha pasado en poco más de un año a ser un tipo a tener en cuenta.

Y, sin duda, de todos los relatos que había escrito hasta entonces, “Anochecer” es el mejor y tardará algún tiempo en volver a estar a su altura. El cuento es bueno por la idea que lo sostiene y por el modo que, poco a poco, de un modo casi magistral, el autor va situando las distintas piezas narrativas en el tablero y luego las hace moverse hasta la inevitable conclusión.

La estructura narrativa de “Anochecer” no tiene nada objetable. En realidad, el cuento en sí no tiene nada objetable.

Excepto su estilo, que aún no está a la altura.

De haber escrito este mismo cuento unos años más tarde (sólo unos pocos más, tal vez justo después de la Segunda Guerra Mundial) sería casi con total seguridad uno de los grandes relatos de CF de todos los tiempos y, muy probablemente, el mejor cuento de Asimov.

Sin embargo, no lo es.

Pero “Anochecer” es importante por otros motivos.

Como ya comenté, marca un punto de inflexión en la carrera literaria de Asimov: es la primera vez que le conceden la portada (es decir, la ilustración de cubierta está dedicada a su relato) y es la primera vez que le pagan por encima de la tarifa habitual. Sin duda Campbell estaba satisfecho con el resultado. Especialmente porque, en cierto modo, él había criado a Asimov como escritor profesional; así que verlo pasar en algo más de un año de un joven prometedor a un tipo capaz de escribir un cuento como aquél seguro que lo llenó de orgullo.

Así que en cierto modo, “Anochecer” es el proyecto de fin de carrera de Asimov. A partir de entonces ya no es un estudiante, sino un profesional. No en el sentido de que se gane la vida escribiendo, eso aún está a unos años en el futuro, sino en el de que empieza a encarar su actividad literaria desde una perspectiva profesional y afronta la escritura como una profesión y no un simple pasatiempo que le puede proporcionar algún ingreso extra.

Creo que a partir de ese momento llegar a convertirse en un escritor profesional, en alguien que viviera exclusivamente de lo que escribía, se transformó para Asimov, de un sueño vagamente posible, a una meta realizable.

No a corto plazo, cierto. Y, como hombre prudente (al fin y al cabo fue criado en un entorno de austeridad, en medio de la Gran Depresión, lo que marcó su carácter de un modo indeleble), Asimov tardó bastante en convencerse a sí mismo de que lo único que necesitaba para vivir (y vivir bien) eran los ingresos que le proporcionaba su talento como escritor.

No creo, en cualquier caso, que fuera una revelación, que Asimov viera su nombre en la portada de Astounding y se dijera que en un tiempo estaría ganándose la vida como escritor.

Seguramente se trató de algo paulatino. Un camino largo y sin prisas lleno de ciertos hitos que le aseguraban que estaba yendo en la dirección correcta. “Anochecer” fue uno de esos hitos, si bien no el único.

BIBLIOGRAGÍA:

  • “Anochecer” (Nightfall). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992)
© 2008, Rodolfo Martínez

Por todas partes

Lunes 12 Enero 2009

El siete de diciembre de 1941 los japoneses atacan Pearl Harbor y Estados Unidos entra en la Segunda Guerra Mundial.

En ese momento, Asimov está en la Universidad en pleno proceso de investigación para su doctorado y no corre a alistarse para defender el mundo libre. Servirá a su país si lo llaman a filas, por supuesto, pero tiene muy claro que lo que en esos momentos necesitan los Estados Unidos no es un mal soldado más, precisamente.

¿Una excusa? Es posible. Sin duda, Asimov no tiene ningunas ganas de ir a combatir a ultramar. Está dispuesto a cumplir con su deber, pero preferiría hacerlo en un lugar donde no corra el riesgo de ser abatido por fuego enemigo. Su estancia en la Universidad probablemente le permita prolongar un tiempo su estado como civil, pero también es consciente de que, tarde o temprano, eso se acabará y, si la guerra dura lo suficiente, tendrá que incorporarse a filas.

Y lo hará cuando le toque, aunque no lo hará lleno de entusiasmo. Acude al reconocimiento médico y vuelve a casa con una cartilla en la que aparece como “poco desarrollado”, lo que sin duda resulta un tanto humillante, pero le garantiza que, de momento, no será llamado a filas.

Lo que sí hace es dejar de escribir, durante un tiempo. Su actividad académica le tiene bastante ocupado, por no mencionar que ha echado novia y está planteándose la posibilidad de casarse; algo para lo que, lógicamente, necesita una fuente de ingresos. Eso hace que sus prioridades cambien y durante una temporada su actividad literaria se resiente. Sin embargo, tiene bastante material acumulado de años anteriores para que en 1942 no se note demasiado. Así que poco a poco va dando salida a todos esos cuentos.

En enero aparece “Navidades en Ganímedes” en Startling Stories. Al igual que otros intentos en aquellos años de hacer CF humorística (como “Un anillo alrededor del sol” o “La magnífica posesión”) dista mucho de ser satisfactorio. En realidad, el cuento se salva por los extraterrestres descritos en él, que resultan ser bastante interesantes, pero la historia es tonta y el chiste final podría describirse, siendo muy benevolentes, como moderadamente gracioso.

Otro tanto podemos afirmar de “El robot AL-76 se extravía”, publicado en febrero de ese mismo año, y del que lo mejor que se puede decir es que es breve. De hecho, cuando años después Asimov recopilase todas sus historias de robots en Yo, robot, dejaría fuera este cuento. No es de extrañar.

“Círculo vicioso”, sin embargo, es bastante más satisfactorio. Es una nueva entrega de la breve serie protagonizada por Powell y Donovan y, como en todos los relatos de estos dos personajes, se trata de buscarles las vueltas a las tres leyes de la robótica; será en esta historia, por cierto, donde aparezcan citadas por primera vez de forma explícita. Los cuentos de este estilo (una especie de relato-puzzle en el que hay que ir encajando las piezas poco a poco hasta llegar a la resolución final) se le daban bastante bien a Asimov y “Círculo vicioso” no es un mal ejemplo. La situación está bien planteada, el relato tiene cierto toque de humor sin pretender ser gracioso a toda costa y el enigma está resuelto con ingenio.

Como casi todos los cuentos de robots de esa época, es publicado en Astounding, en el número de marzo.

Al mes siguiente, en abril, aparece en la misma revista “Cronogato”, un relato ultracorto cuyo efecto está basado en un retruécano final que carece por completo de gracia una vez traducido y que, de hecho, tampoco es que resulte muy gracioso en el original.

Es de destacar que el cuento fue publicado bajo el seudónimo de George E. Dale. Eso se debió a que  Campbell  estaba intentando crear una nueva sección para su revista, “Probabilidad cero”, dedicada a la publicación de material prometedor de autores noveles. Y, para dar la impresión de que el cuento era de un recién llegado y animar a los escritores en ciernes a enviar su material, Asimov lo publicó con ese seudónimo. Y sí, sin duda da la impresión de ser el cuento de un recién llegado.

Y luego, en mayo de ese año, la revista de Campbell publica “Fundación” el primer relato de lo que sería, de lejos, su serie más popular.

Su génesis es un tanto curiosa. Unos meses atrás, mientras acude a ver a Campbell (para entonces sus encuentros periódicos se habían convertido en un ritual) se da cuenta de que no tiene ninguna idea que ofrecerle, así que empieza a darle vueltas a la posibilidad de escribir una especie de “historia futura” (ya había intentado algo parecido anteriormente con otros cuentos, como en “Fraile negro de la llama”, un relato que hasta entonces no ha podido publicar y del que se siente cada vez menos satisfecho, como veremos en seguida) y juega con la idea de un Imperio Galáctico en decadencia, un hombre que es capaz de prever su caída y el modo en que creará un mecanismo para paliar sus efectos.

Cuando llega al despacho de Campbell lo que tiene no es el punto de partida de un relato, sino de toda una serie y el editor de Astounding se muestra entusiasmado con la idea y no tarda en aceptar el cuento que Asimov escribe poco después.

Lo que Campbell publica es, en esencia, lo que hoy conocemos como la segunda parte de Fundación (la titulada “Los enciclopedistas”) aunque no es del todo el mismo cuento que acabaría pasando al libro. La diferencia fundamental está en la secuencia inicial del relato publicado en la revista, donde vemos a Hari Seldon y a sus colaboradores preparar el futuro que se avecina para su Fundación.

Esta escena sería eliminada al incorporar el cuento a Fundación y, en su lugar se añadiría una nueva, escrita ex profeso para la ocasión y en la que, bajo el título de “Los psicohistoriadores”, asistimos a los últimos días de Hari Seldon y a las últimas fases de su proyecto para manipular los próximos mil años de historia.

El resto de las diferencias entre ambas versiones son mínimas: básicamente, Asimov se limitó a eliminar unos cuantos toques pulp en el estilo del relato original al revisarlo para incluirlo en el libro.

Aunque no estamos todavía ante los mejores relatos de la Fundación (al fin y al cabo, la serie está empezando), sí que nos encontramos ante un buen cuento, con abundantes dosis de intriga política, y varios personajes (especialmente Salvor Hardin) que se quedan con facilidad en la memoria del lector. Además, Asimov tiene el descaro de hacer terminar el cuento en un cliffhanger que no resolverá hasta la siguiente historia. De hecho, él mismo reconocería años más tarde que cuando dejó a sus personajes colgados al borde del abismo, por así decir, aún no sabía cómo resolvería la situación.

Pero lo hizo, concretamente en el relato “Brida y silla de montar” (”Los alcaldes”, en la versión en libro) que aparecería en junio en Astounding. Allí continua la trama de “Fundación”, haciendo avanzar la historia cuarenta años y mostrándonos cómo poco a poco ese pequeño y aparentemente indefenso planeta va convirtiéndose en la influencia dominante de una periferia galáctica a la que el Imperio ha dejado de lado. Salvor Hardin (ahora como maduro alcalde de Términus) es, de nuevo, un estupendo personaje; un manipulador nato, en realidad, que domina la situación en todo momento y mantiene engañados, no sólo a sus adversarios, sino incluso a sus colaboradores más cercanos. Frente a sus enemigos, partidarios de la acción directa y tan sutiles como un elefante en una cristalería, Hardin siempre prefiere esperar, negociar, ganar tiempo y resolver la situación aplicando la fuerza mínima necesaria en el instante adecuado.

Quizá si hay que reprocharle algo al relato, es que el principal antagonista es un villano demasiado de opereta; el autor carga en exceso los dados en su contra y lo hace parecer tan estúpido que, por simple comparación, encontramos a Hardin más brillante de lo que es en realidad.

Es un defecto que Asimov irá puliendo con el tiempo pero que en los primeros relatos de la Fundación es algo casi permanente: sin ir más lejos en “La cuña” (”Los comerciantes”, en la versión de Fundación), donde de nuevo el antagonista es, poco más o menos, un político corrupto y avaricioso que se cree más listo de lo que es. Poco a poco, sin embargo, a medida que sus narraciones van ganando en madurez y en complejidad, iremos descubriendo un autor en el que los “villanos” tienen motivaciones tan creíbles y lógicas como los “héroes”, hasta el punto de que el mismo concepto de héroe y villano termina careciendo de sentido. Seguiremos teniendo un protagonista y un antagonista, pero ambos tendrán sus razones para hacer lo que hacen, y no siempre las razones del protagonista serán mejores que las de su enemigo.

Los relatos de la Fundación tienen una buena acogida entre el público de la época, además de que no tardan en despertar cierta expectación por ver hacía dónde va a tirar la serie. Y es que, al contrario que los cuentos de robots, el ciclo de la Fundación sí que comparte un esqueleto argumental que lo va vertebrando, además de un escenario común. Por más que ese esqueleto argumental vaya siendo, en buena medida, improvisado sobre la marcha. Podríamos decir que el final de cada historia marca el principio de la siguiente, le da el pie, en cierta manera. En cualquier caso, hay una trama que va avanzando de historia en historia, mientras que sus cuentos de robots componen un ciclo mucho más abierto en el que puede haber personajes recurrentes, pero poco más.

Así, tanteando, sin tener del todo claro hacia dónde va, Asimov está probando dos fórmulas distintas y viendo cómo los lectores responden a ellas. La menos arriesgada es la de los cuentos de robots: al no existir demasiada relación argumental entre ellos, no necesitan de un conocimiento previo por parte de los lectores, con lo que se pueden ir captando adeptos sobre la marcha. El ciclo de la Fundación, por el contrario, tiene dos riesgos evidentes: si no funciona comercialmente, el autor puede quedarse a dos velas sin posibilidad de cerrar el arco; y, por otro lado, es más difícil atraer lectores sobre la marcha, pues se incorporarán a una historia que ya estaba empezada cuando ellos llegaron. Tiene la contrapartida evidente de que, si funciona, enganchará a los lectores con más fuerza que la otra serie, más abierta.

Un poco lo que pasa hoy en día con las series de televisión, en cierta manera: ¿qué es mejor comercialmente: una serie con episodios autoconclusivos o una sujeta a un arco argumental común? ¿O quizá una fórmula mixta? No hay una respuesta clara para esas preguntas, evidentemente, y el panorama televisivo actual es una muestra clara de las distintas alternativas que van probando los productores.

* * *

Entre estos dos primeros relatos de la Fundación Asimov publica dos cuentos más.

El primero es “El arma” y, cuanto menos se diga de él, mucho mejor. Es, en realidad un retroceso evidente en todo lo que Asimov venía haciendo hasta el momento: una trama torpe, artificial, unos personajes totalmente estereotipados, un estilo con elementos de lo peor del pulp, situaciones francamente inverosímiles…

De hecho, Asimov llegó a olvidar que lo había escrito y, cuando lo releyó años más tarde, no conseguía reconocer nada de él. Lo incluyó en In Memory Yet Green, el primer volumen de su autobiografía, pero aparte de eso, si no me falla la memoria, no ha pasado a ninguna antología. Y, de hecho, creo que ni siquiera tiene versión en castellano. Mucho mejor. Es muy posible que sea uno de los primeros cuentos que escribió (es lo que parece, desde luego) que debió ir rodando de editor en editor hasta que, finalmente, encontró uno que lo aceptó. Sólo que, para entonces, Asimov ya había aprendido unas cuantas cosas sobre cómo escribir relatos y “El arma” se muestra muy inferior a otros que publicó en esa misma época.

El otro cuento es “Fraile negro de la llama”, del que ya hemos hablado, un relato del que Asimov siempre abominó, entre otras cosas porque fue obligado a revisarlo como media docena de veces y, tras cada cambio, se sentía más insatisfecho del resultado. De hecho, en la última revisión solicitada por el editor, se le pidió que eliminase toda referencia religiosa del relato. Asimov así lo hizo, sólo para descubrir que que el cuento, que el había titulado “Peregrinaje”, terminará apareciendo como “Fraile negro de la llama”.

Aunque irregular, no es de lo peor que ha escrito Asimov ni tampoco de lo peor de esa época. Es un cuento que no termina de funcionar del todo, cierto, pero que tiene algunos buenos momentos y un par de ideas interesantes. Un relato, en realidad, que no destaca en casi ningún aspecto, ni por bueno ni por malo; material “de repertorio”, prodíamos decir. Quizá lo más memorable de él sea el hecho de que aparecen alienígenas inteligentes, en lugar de la galaxia exclusivamente humana que vemos en la serie de la Fundación, a pesar de desarrollarse, en apariencia, en el mismo escenario. Se menciona a Trántor, por ejemplo, aunque está escrito, al menos en su primera versión, mucho antes que las primeras historias de la Fundación.

“Fraile negro de la llama” tiene una consecuencia interesante en su carrera. Le convence de que revisar en exceso, al menos en su caso, no acaba mejorando el original, sino todo lo contrario. A partir de ese momento, Asimov se mostrará reacio a las correcciones: no se niega a revisiones puntuales aquí y allá, pero comprende que si el editor le pide una revisión a fondo es porque el cuento no funciona y, en lugar de intentar arreglar el desastre, preferirá probar con un nuevo relato, donde seguramente se lo pasará mejor (describe a menudo las revisiones como “mascar un chicle usado”, imagen bastante gráfica).

Asimov es de esos afortunados escritores que se lo pasa bien escribiendo, que disfruta con el acto en sí de escribir, lo que implica que está mucho menos motivado cuando tiene que hacer una revisión a fondo que cuando inicia una nueva historia desde cero. Es un detalle que puede explicar por qué las sucesivas correcciones y revisiones acaban produciendo un resultado cada vez menos satisfactorio.

* * *

En agosto publica “Victoria accidental”, una continuación de “No tan definitivo”, que había publicado en 1941. La primera historia no pasaba de ser un cuento-enigma con una idea interesante pero un desarrollo que no estaba su altura. Su continuación, sin embargo, es bastante superior. Al introducir en la trama a los robots, con su forma lógica y carente de dobleces de ver el mundo, y enfrentarlos a los jovianos (taimados, orgullosos e incapaces de admitir que puedan ser inferiores en nada a nadie, prácticamente una parodia deliberada de los alienígenas en la tradición pulp) Asimov no solo consigue unas cuantas situaciones que van de lo divertido a lo delirante, sino que llena el cuento de cargas de profundidad ideológicas (al fin y al cabo, si los jovianos son una parodia de algo, es de nosotros mismos) y es capaz de rematar la historia con una conclusión a su altura. De los mejores cuentos que Asimov publica en esa época, sin duda.

En octubre aparece “La novatada”, un cuento ambientado en el escenario de “Homo Sol” (recordemos la avanzada civilización galáctica a la que la Tierra acaba de unirse) y sigue las características del resto de esos relatos: los humanos quizá estamos menos avanzados tecnológicamente, pero nuestro ingenio y mala leche nos hacen salir triunfantes de cualquier situación. No es un cuento especialmente memorable, aunque se lee con cierto agrado.

En noviembre ve la luz “El número imaginario”, otro relato ambientado en el mismo escenario que el anterior. Como éste, no deja una huella especial, pero se deja leer y contiene dos o tres momentos humorísticos bastante logrados.

Para cuando termina este año de 1942, Asimov ya es sin duda una de las principales figuras del género en Estados Unidos. Con una serie asentada en el mercado, la de los robots, y otra apenas iniciada (la Fundación) pero bien acogida por los lectores, parece que las cosas le van viento en popa, por no mencionar sus otros relatos que, en general, tienen un buen recibimiento y que, poco a poco, van contribuyendo a que su nombre esté presente prácticamente todas las revistas de ciencia ficción de la época. No sé si alguien llegó a calificarlo de “inevitable”, pero no sería descabellado pensarlo, teniendo en cuenta que casi no había publicación del género que no incluyera material suyo.

Si embargo, Asimov no las tenía todas consigo. Sí, había alcanzado un cierto estatus, sin duda, pero llevado eso a terrenos puramente prácticos no significaba casi nada. La idea de ganarse la vida vendiendo relatos a las revistas de ciencia ficción quedaba descartada; incluso en un año bueno como aquel, en el que había vendido once cuentos, aquello no daba ni de lejos para vivir. Hasta entonces le había permitido irse costeando sus estudios e incluso ahorrar un poco, lo que no estaba nada mal, pero parecía haber alcanzado un tope en lo que se refería a las posibilidades económicas del asunto. Estaba claro, eso pensaba Asimov, que como mucho la ciencia ficción sería un sobresueldo.

Eso lo desanimaría algún tiempo, como veremos.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Navidades en Ganímedes” (Christmas on Ganymede). En Startling Stories, enero 1942. Edición española más reciente: La Edad de Oro II (Plaza & Janés, 1988).
  • “El robot AL-76 se extravía” (Robot AL-76 Goes Astray). En Amazing Stories, febrero 1942. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Círculo vicioso” (Runaround). En Astounding Science-Fiction, marzo 1942. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Cronogato” (Timepussy). En Astounding Science-Fiction, abril 1942 (bajo el seudónimo de George E. Dale). Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza y & Janés, 1988).
  • “Fundación” (Foundation). En Astounding Science-Fiction, mayo 1942. Edición española más reciente (como “Los enciclopedistas”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
  • “El arma” (The Weapon). En Super Science Stories, mayo 1942. Inédito en castellano.
  • “Fraile negro de la llama” (Black Friar of the Flame). En Planet Stories, primavera 1942. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Brida y silla de montar” (Bridle and Saddle). En Astounding Science-Fiction, junio 1942. Edición española más reciente (como “Los alcaldes”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
  • “Victoria accidental” (Victory Unintentional). En Super Science Stories, agosto 1942. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La novatada” (The Hazing). En Thrilling Wonder Stories, octubre 1942. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1993).
  • “El número imaginario” (The imaginary). En Super Science Stories, noviembre 1942. Edición española más reciente: La Edad de Oro II (Plaza & Janés, 1988).
© 2009, Rodolfo Martínez

Casado y asalariado

Lunes 19 Enero 2009

En 1943 Asimov publica un solo cuento. Y si no lo hubiera hecho, no nos habríamos perdido gran cosa.

Se trata de “Sentencia de muerte” y lo cierto es que poco bueno se puede decir de él. El supuesto misterio que plantea, resuelto en la última frase del relato como no podía ser menos, nos hace chirriar los dientes por lo obvio y facilón y ni el desarrollo de la trama ni las ideas que maneja aportan nada ni al género ni a la propia obra de Asimov.

No es un cuento espantosamente malo, no tanto como “El arma”, en cualquier caso, pero  sin duda es un paso atrás en su evolución como escritor y no está a la altura de lo que ha publicado el año anterior. De hecho, al igual que el cuento que acabamos de mencionar, es un material que Asimov había escrito un tiempo atrás y que, por azares de la vida, tarda en encontrar editor. Es algo que se nota a poco que lo comparemos con la mayoría los relatos que publica el año anterior y con los que publicará el siguiente.

En cierta manera resulta sorprendente que Campbell le acepte el relato. Hasta este momento, los mejores cuentos que Asimov ha venido publicando aparecen en su Astounding y, de hecho, es a Campbell a quien somete en primer lugar todo lo que escribe (salvo que considere, de partida, que está por debajo de su nivel de exigencia) y sólo cuando él lo ha rechazado lo envía a otros editores. Así que hemos de suponer que “Sentencia de muerte” es presentado directamente a Campbell y que éste lo acepta sin problemas, ya sea porque ve en el relato virtudes que a mí se me escapan, ya porque (y sospecho que un poco por ahí van los tiros) Asimov lleva demasiado sin publicar nada y aceptar su relato es una forma de darle ánimos.

Como dije, no es que sea un cuento horrible… sólo prescindible. Y si publicarle un cuento un poco por debajo de los estándares es la forma de animar a seguir adelante al que para entonces sin duda ve como su pupilo más prometedor, es posible que haya hecho.

O también, simplemente, ése es un año en el que no tiene precisamente abundancia de material para la revista. O le parece un buen relato, que todo puede ser.

* * *

En los últimos meses, la vida de Asimov ha dado un gran cambio. Ha decidido solicitar una excedencia en su investigación para el doctorado (después de pensárselo mucho y sopesar los pros y los contras) y ha aceptado la oferta que la hace Robert A. Heinlein para trabajar en la  NAES, una compañía de ingeniería que hacía investigación para el gobierno y a la que también se incorpora L. Sprague de Camp.

Eso le permite cumplir su máxima aspiración en esa época: casarse. Con un sueldo fijo en el bolsillo, aunque no sea gran cosa, puede contraer matrimonio con su novia Gertrude e iniciar una familia. Y eso es lo que hace. Así que cuando se inicia 1943 su vida ha dado un vuelco considerable.

Su trabajo en la NAES tiene varias consecuencias inmediatas aparte de la ya comentada de empezar  a cobrar un sueldo y poder, por tanto, independizarse económicamente.

También tranquilza  en cierto modo su conciencia culpable por no estar batiéndose el cobre contra el enemigo en los campos de batalla de Europa o del Pacífico. Al fin y al cabo, la NAES es una compañía que contribuye al esfuerzo de guerra y quién sabe si el trabajo de Asimov ayudará a salvar vidas americanas en ultramar.

Por otro lado, su relación con Heinlein se va enfriando paulatinamente. Hasta entonces poco trato directo han tenido y, a medida que Asimov va conociendo más y mejor a su colega, menos le va gustando lo que ve. Se siente en deuda con él por haberle conseguido un trabajo, por supuesto y, por otro lado, su carácter no es muy dado a los enfrentamientos directos. Así que a lo largo de toda su vida mantendrá un trato cordial con Heinlein (al que admira como escritor) pero también superficial. Asimov tardó bastante en reconocer en público sus diferencias con Heinlein (diferencias ideológicas pero también, y sobre todo, de actitud vital): de hecho no llegaría a hacerlo hasta el último volumen de su autobiografía. Para entonces, Heinlein ya había muerto y él mismo sentía su propia muerte rondándole, idea que no estaba muy desencaminada.

Por el contrario, simpatiza enseguida con Sprague de Camp y se inicia entre ambos una amistad que durará toda la vida. Se habían conocido algún tiempo atrás en las oficinas de Campbell y el trabajar juntos y verse todos los días los acerca aún más.

Por último su trabajo le deja menos tiempo libre para escribir. Eso, unido al posible desánimo al ver lo poco que rinden económicamente sus esfuerzos literarios, sin duda contribuye al parón en su producción, como también lo hace el hecho de que, comparado con otros escritores de su mismo ámbito, el Asimov de entonces se ve a sí mismo como poco más que una medianía prometedora (”un prometedor autor de tercera fila” es como se describe a sí mismo), lo que dice mucho de la capacidad de autocrítica de alguien a quien siempre se ha acusado de poseer un ego sobredesarrollado.

Si no llega a abandonar del todo la ciencia ficción es por la confluencia de dos factores que mantienen encendida, como si dijéramos, la llama piloto. Aunque lleva varios meses sin escribir, a lo largo de 1942 se han ido publicando varios de sus relatos y recibir el ejemplar de la revista con su material hace que se sienta todavía vinculado al género. De hecho, no puede evitar llevar la revista a la NAES y mostrásela a sus compañeros de trabajo.

La otra es que, aunque está alejado de Nueva York (la NAES se encontraba en Filadelfia) y de Campbell, no está solo. Al fin y al cabo, De Camp y Heinlein están con él y pronto se les uniría John D. Clarke, un aficionado de Filadelfia que luego sería bastante relevante en el futuro profesional de Asimov.

Esos dos factores hacen que, pese a todo, no abandone por completo la ciencia ficción.

* * *

1944 sería un poco mejor, aunque no mucho, al menos en cantidad. Sólo tres cuentos y los tres publicados en la Astounding de Campbell. Uno de ellos era un relato de robots (una nueva historia de Powell y Donovan) y los otros dos, las siguientes entregas de la Fundación.

“Atrapa esa liebre” es, como todas las historias de Powell y Donovan, un intento de jugar a buscarles las vueltas a las tres leyes de la robótica: construido a partir de una aparente violación de las mismas, el truco está en ver cómo se aprovechan los huecos de diseño de las normas que rigen el comportamiento de los robots para justificar el asunto. No es un mal cuento, aunque el esquema seguido empieza a sonar demasiado a fórmula y Asimov no tardaría en abandonarlo.

Las otras dos historias, como he dicho, forman parte de la Fundación. Y son de factura y resultados muy distintos.

“Lo grande y lo pequeño” (“Los príncipes comerciantes” en la edición en libro) narra con bastante buen tino una nueva historia de intriga política –con toques de relato de misterio incluido y hasta diría que cierta influencia de las historias de Perry Mason en la secuencia del juicio al protagonista- en la que se aprovecha para hacer evolucionar el escenario y, poco a poco, ir haciéndolo mayor y más complejo. Por su extensión es casi una novela corta y a lo largo de ella vamos viendo cómo a Asimov empiezan a quedársele pequeños los relatos y, casi sin darse cuenta, está buscando distancias más largas en las que probarse. De hecho, es el relato más complejo de los que hasta ahora ha escrito (en estructura, en ambiciones y también en el desarrollo del escenario) y uno tiene la impresión de que está, casi, ante el embrión de lo que habría podido ser su primera novela.

“La cuña” (“Los comerciantes” en Fundación) es todo lo contrario: una viñeta breve que en realidad aporta más bien poco al conjunto. Lo que nos cuenta el relato tiene cierta gracia e ingenio y nos da una pequeña pincelada de la evolución de la Fundación y el modo en que va extendiendo sus garras hacia sus vecinos, pero poco más.

Curiosamente, cuando Asimov publique Fundación invertirá el orden de los relatos y “La cuña” aparecerá antes que “Lo grande y lo pequeño”. Una decisión bastante acertada, a mi entender. De este modo, en el cuerpo del libro, “La cuña” funciona como un pequeño paréntesis y la historia más grande y más satisfactoria queda como cierre de Fundación.

Como se ve (y se verá mejor en los siguientes años), Asimov parece haberse centrado en las dos series que tiene en marcha y con las que, sin duda, está consiguiendo mejor respuesta entre los lectores de ciencia ficción. Para este año 1944, tanto sus relatos de robots como su ciclo de la Fundación se han asentado sin problemas en el mercado y el público ya cuenta con ellos como parte imprescindible de sus lecturas.

Podríamos decir que, en un momento en que su producción se reduce, Asimov decide tirarse a lo que parece más seguro comercialmente y prescindir de lo incierto.

BIBLIOGRAFIA:

  • “Sentencia de muerte” (Death Sentence). En Astounding Science Fiction, noviembre 1943. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Atrapa esa liebre” (Catch that Rabbit). En Astounding Science Fiction, febrero 1944. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Lo grande y lo pequeño” (The Big and the Little). En Astounding Science Fiction, agosto 1944. Edición española más reciente (como “Los príncipes comerciantes”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
  • “La cuña” (The Wedge). En Astounding Science Fiction, octubre 1944. Edición española más reciente (como “Los comerciantes”): Fundación (La Factoría de Ideas, 2007).
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