Asimov y España

Asimov y España (I): Del amor al odio

Lunes 22 Diciembre 2008

En los años setenta Asimov era el escritor que todos los editores españoles querían publicar, o eso parecía. Bruguera, Plaza & Janés, Alianza Editorial, Vértice, Edhasa… Fue Bruguera la que se llevó el gato al agua, al menos en lo que se refiere a su obra de ciencia ficción, seguida muy de cerca, seguramente, por Alianza, que no tardó en especializarse en sus libros de divulgación.

Así, durante esa década, Asimov fue un autor que parecía estar en todas partes en las librerías españolas. Y en los años ochenta, esa tendencia no pareció disminuir. Era el escritor de ciencia ficción que publicaban incluso los editores que no tenían el menor interés en publicar ciencia ficción. Y era el escritor de ciencia ficción conocido incluso por los lectores que no tenían el menor interés en leer ciencia ficción.

Durante más de veinte años, Asimov fue en España sinónimo de ciencia ficción. Los aficionados al género seguro que le veían de otro modo (aunque si lo pienso un poco, ¿cuántos se iniciaron en la ciencia ficción a través de la obra de Asimov en los años sesenta, setenta y buena parte de los ochenta?), pero en el ancho mundo que hay más allá del fandom, las cosas eran de otro modo. Si a un lego en el asunto le decías ciencia ficción, había muchas posibilidades de que su reacción fuera “Isaac Asimov” o, si estaba un poco más al loro, “Isaac Asimov y Arthur C. Clarke”.

El tiempo pasó y la situación no tardó en dar un vuelco. Vuelco que empezó a mediados de los ochenta y al que contribuyó, sin duda, la calidad como poco discutible de las novelas que Asimov publicó a partir de esos años.

Y, como los españoles tendemos a ser criaturas de extremos, Asimov no tardo en pasar de ser el autor de ciencia ficción, el hombre que con su sola presencia definía el género, a una nulidad literaria cuya importancia para el desarrollo de la CF había sido poco menos que irrelevante. Y esto no bastó. Ningunearlo no era suficiente; había también que odiarlo, como si nos hubiera hecho algo personal.

Porque los argumentos que se usaban para denostar a Asimov iban de lo puramente literario (lo cual tendría sentido, sin duda) a lo directamente peregrino. Rebatir su importancia como autor centrándose en sus carencias como escritor era un postura defendible y argumentable, pero negarle el pan y la sal con el razonamiento de que su “preponderancia pública”, por llamarla de algún modo, había oscurecido a autores realmente relevantes era tan estúpido como carente de sentido. Como si Asimov fuera responsable de que los editores (y hemos de suponer que también lectores, porque me cuesta creer que un empresario se tire veinte años vendiendo un producto que el público no quiere comprar) lo publicaran una y otra vez, o su popularidad más allá del género fuera producto de una conspiración por su parte para ningunear a los demás.

Si los editores consideraban a Asimov una apuesta segura y preferían publicarlo a él antes que probar suerte con otros autores… ¿era acaso culpa de Asimov? ¿Hace falta realmente hacer esa pregunta?

Confieso que en estos momentos no sé muy bien cuál es el estatus de Asimov entre los aficionados al género. Si tuvierámos un comportamiento mínimamente lógico habría alcanzado el lugar que realmente le corresponde: una figura de indudable valor histórico para entender la evolución de la ciencia ficción y un escritor competente con una obra interesante y algún hito destacable. Ni el gigante al que algunos adoraban ni la nulidad que otros querían ver, en cualquier caso.

Aunque sospecho que no tenemos un comportamiento mínimamente lógico y que los aficionados españoles siguen oscilando entre esos dos focos: adoración y desdén.

Fan, al fin y al cabo, viene de fanatic, no lo olvidemos. De hecho, durante muchos años ha habido unas cuantas personas, con cierta relevancia intelectual dentro del mundillo de aficionados, que han insistido en que no lo olvidásemos.

En lo que nunca insistieron, sin embargo, fue en el hecho evidente de que hay tantos fanáticos entre el sector más friki de los aficionados a la ciencia ficción, como en el más gafapasta. Pero eso ya es otra historia, me temo, y ni siquiera estoy seguro de que sea contada en otra ocasión.

© 2008, Rodolfo Martínez

Asimov y España (II): Algunos títulos (1)

Lunes 5 Enero 2009

EDITANDO: La memoria me ha jugado una mala pasada. Tyrann no fue el título de The Stars, Like Dust en ninguna de sus ediciones en castellano. Fue como Horace L. Gold decidió titularla cuando la serializó en su revista Galaxy. He corregido ese detalle en el cuerpo del artículo (aunque dejando tachado el texto original, por aquello de la fidelidad) y aprovecho esta nota de edición para explicar por qué.

La obra de ciencia ficción de Asimov lleva mucho tiempo publicándose en nuestro país, seguramente desde finales de los años cincuenta del pasado siglo. A lo largo de ese periodo ha pasado, como es lógico, por un buen número de editores distintos.

La consecuencia es que los títulos de sus libros (y también de sus relatos) han ido variando con el tiempo y a veces es fácil armarse un lío y no tener muy claro si esta novela que ha aparecido como “X” es en realidad “Y” o se trata de otra totalmente distinta.

Una de las novelas más emblemáticas de Asimov es The Caves of Steel. La primera edición de que tengo noticia en castellano fue traducida bajo el título de Las bóvedas de acero. Es una edición mejicana (de editorial Tlacoquemecatl) y bastante cercana en el tiempo a la publicación original en inglés, concretamente de 1955.

En España aparecería primero de mano de ediciones Vértice, con “gloriosa” traducción de F. Sesén, el mismo que traducía los tebeos Marvel para esa misma editorial y responsable del más pintoresco juramento de batalla del Capitán América: ese “¡y un jamón con chorreras!” que le lanzó a la cara a algún supervillano cuando éste le pedía que se rindiese.

Se titularía Trogloditas del mañana y recuerdo que, cuando cayó en mis manos (tendría unos diez años) esperaba una aventura prodigiosa llena de cavérnicolas armados de palos y piedras luchando ferozmente en medio de ciudades en ruinas en un remoto futuro. Lo que me encontré, claro, no tenía nada que ver.

Martínez Roca la reeditaría en los ochenta como Bóvedas de acero, recuperando el título de la edición mejicana, y lo propio haría Bibliópolis con su edición, convirtiendo de este modo casi en “oficial” esa traducción del título original.

La única edición que intentó mantener algo aproximado al título inglés fue la que hizo Círculo de Lectores: la novela aparecía como Bóvedas de acero, pero bajo el título y entre paréntesis podíamos leer Las cavernas de acero.

Un guijaro en el cielo pudo leerse en castellano por primera vez como La Tierra contra la Galaxia. Lo que, de nuevo, prometía una trepidante historia bélica que no aparecía por ningún lado dentro de las tapas del libro. Las siguientes ediciones en castellano, sin embargo (Martínez Roca, Círculo de Lectores y Bibliópolis) han respetado el título original.

The Stars, like Dust ha aparecido también bajo varios títulos distintos. Desde el En la arena estelar de Martínez Roca al Polvo de estrellas de Bibliópolis. Y juraría (pero hablo de oídas y no puedo asegurarlo) que hubo una edición en castellano bajo el contundente título de Tyrann.

Y, aunque aquí estamos hablando de ciencia ficción, no puedo resistirme a comentar Asesinato en la Convención. El título original de esa novela es Murder at the ABA, donde la ABA es una asociación de libreros americanos. Cuando a Asimov, que aparece como personaje en su novela, le preguntan qué hace ahí, él responde que sus editores lo han enviado a escribir una novela de la que sólo le han dado el título: Murder at the ABA. ¿Para qué iba el traductor a traducir el título de la novela y hacerle decir a Asimov que sus editores lo habían mandado a escribir una novela titulada Asesinato en la Convención? No, mucho mejor dejar el título en inglés y, en una nota a pie de página, explicar que ésa es la novela que el lector está leyendo.

Hay muchas formas de cargarse un chiste, pero ésta roza lo sublime, sin duda.

© 2009, Rodolfo Martínez

¿La edición definitiva?

Martes 16 Marzo 2010

El interés de Luis G. Prado por la obra de Asimov ya quedó patente en su momento cuando, a través de Bibliópolis, reeditó Bóvedas de acero. Fue, tal vez, un experimento, una manera de comprobar si aún había interés por parte de los lectores españoles hacia la obra de ciencia ficción del Buen Doctor.

Y debía haberlo porque, al principio en Bibliópolis y luego con Alamut, ha seguido publicando la obra de ciencia ficción de Asimov. En un formato, además, que la hace muy apetecible para el lector: lo que los americanos llaman omnibus.

Así, en Trilogía del Imperio tenemos las tres primeras novelas asimovianas. En El robot completo se recogen casi todos sus cuentos de robots (recalco el “casi” porque, tras la publicación de ese libro Asimov sí que escribió algún cuento de robots más). Finalmente, en los distintos volúmenes de Relatos completos se van agrupando las antologías que Asimov fue compilando sobre su propia obra.

Es evidente que esta edición de Alamut pretende ser lo más completa y coherente posible, agrupando las distintas obras de un modo que resulte pertinente reunirlas en un solo tomo y ofreciéndoselas al público a un precio nada desdeñable, teniendo en cuenta la cantidad de páginas por volumen de las que hablamos. Las nuevas traducciones y la uniformidad de estilo en el diseño de la publicación hacen que esta edición resulte especialmente interesante.

¿Será la edición “definitiva” en castellano de la ciencia ficción asimoviana? Ojalá. Desgraciadamente es poco probable. No por culpa de Alamut, me apresuro a añadir, sino por la complicado de conseguir los derechos de todo el material. Por ejemplo, sería deseable un volumen que recogiera Bóvedas de acero, El sol desnudo e “Imagen en un espejo”, agrupando así todo el material original protagonizado por Elijah Baley y R. Daneel. Sin embargo, si no me falla la memoria, los derechos de El sol desnudo están ahora mismo en manos de otra editorial. Algo parecido pasa con la trilogía original de la Fundación, en manos de la Factoría de Ideas quien, como no podía ser menos, ha exprimido el producto publicándolo en tres volúmenes; un solo tomo a precio Alamut podría haber recogido esos relatos y, sin duda, habría funcionado estupendamente en el mercado. ¿Podremos verlo? Sospecho que a corto plazo, no.

Sin embargo, Luis G. Prado se ha caracterizado, entre otras cosas, por ser capaz de pensar a largo plazo. Sin desdeñar éxitos de ventas inmediatos (al fin y al cabo, Alamut no es una ONG y pretende resultar rentable) se ha centrado en crear un fondo editorial que, mucho o poco, pueda seguir viendiéndose con el paso de los años.

No me sorprendería que tarde o temprano (será tarde, seguramente, teniendo en cuenta la situación de derechos del asunto) nos encontrásemos con toda la ciencia ficción de Asimov -o, al menos, sus textos más clásicos, todo el material anterior a su vuelta al género en los ochenta- editado en formato omnibus por Alamut.

Entretanto ahí están estos, de momento, cuatro volúmenes, con su clara vocación (yo diría que cumplida) de ser la edición definitiva de la narrativa asimoviana de ciencia ficción.

Una iniciativa interesante, útil y, estoy seguro, comercialmente rentable. Poco más se puede pedir. Bueno, sí, puestos a ser fetichistas, una edición en tapa dura. Aunque, quién sabe, con el tiempo…

© 2010, Rodolfo Martínez
Copyright 2010 - 2008, Rodolfo Martínez. Tema original de SEO-Themes.