Isaac Asimov murió el 6 de abril de 1992. A lo largo de su vida escribió cientos de libros. No consiguió llegar a los quinientos, objetivo que una vez se planteó, pero no quedó lejos de ellos. Y es posible que, a medida que se acumulan los volúmenes póstumos con su firma, acabe consiguiéndolo.
Su obra de ciencia ficción, en términos de pura cantidad, fue una gota en el océano de sus obras completas. En términos de importancia personal, sin embargo, fue lo que siempre lo definió como creador. Incluso en los momentos en los que había dejado el género casi por completo, seguía definiéndose, antes que como cualquier otra cosa, como escritor de ciencia ficción.
Amaba escribir. A veces hasta límites obsesivos.
Era profundamente racionalista y hondamente escéptico. En muchos sentidos (en su visión humanista del mundo, en el modo en que el pensamiento racional dominó siempre casi todas sus actitudes, en la cantidad de disciplinas que llegó a conocer, manejar con soltura y en algunos casos, dominar) fue quizá el último Renacentista.
Para la historia de la ciencia ficción fue una figura importante en su etapa clásica, a la que le dio varias novelas memorables y un puñado de relatos cortos soberbios. Sus últimas obras no nos dejan tan buen recuerdo como las de los años cincuenta, es cierto, y a veces nos preguntamos si no habría sido mejor que no las hubiera escrito.
Sin embargo, ¿por qué no? Los lectores querían leerlas, los editores querían publicarlas y él quería escribirlas.
Los resultados que alcanzó con ellas, en su mayoría discretos y a veces mediocres, no empañan su narrativa anterior, ni sus logros en un género literario que, le pese a quien le pese, es la principal seña de identidad literaria del siglo XX.
Porque, más allá de sus virtudes y sus carencias literarias, la ciencia ficción es el género que mejor ha sabido comprender su propio tiempo y su propia sociedad (aunque para ello haya tenido que irse a otros tiempos y a otros mundos, o tal vez precisamente por ello) y que sido capaz de diseccionarlo con una agudeza a veces implacable, sin por ello perder el sentido de la maravilla que siempre ha sido una de su principales características.
No toda la narrativa asimoviana de ciencia ficción es buena o memorable. Pero eso no empaña sus logros y sus méritos, no cuando una buena parte de ella no es precisamente desdeñable, y un puñado de sus creaciones están entre lo mejor que ha dado el género. No era el mejor escritor de su campo ni de su época, algo que, por otra parte, siempre tuvo claro. Pero supo combinar una prosa sencilla y directa con tramas inteligentes e historias a menudo fascinantes. Y, sobre todo, era un escritor honrado, sincero, que siempre intentó jugar limpio con el lector y que procuraba dar lo mejor que tenía en lo que escribía. No siempre lo consiguió, pero cuando lo hizo logró algunas de las mejores páginas de la ciencia ficción del siglo pasado.
Ahí queda eso.
Se finaliza el blog? :-(
Bueno, queda una última entrada a modo de epílogo.
Luego, ya veremos.
Lo que sí que se finaliza es el repaso a la ciencia ficción de Asimov. Pero, bueno, ahí queda su obra policiaca… y muchas más cosas.
Así que aunque posiblemente me tome un descanso tras la semana que viene, no creo que sea el final del blog, ni mucho menos.
Me parece curioso, porque nunca he visto un blog que se finalizase. Quiero decir, que tuviese programado finalizar a partir de un punto dado. La mayor parte de los blogs mueren porque el autor lo acaba dejando al tener otras cosas que hacer, o incluso porque el autor fallece, pero nunca se acaban como por ejemplo se acaba un libro.
Bueno, en realidad, este blog era más un libro online que un blog al uso: había desde el principio un plan, repasar la obra de CF de Asimov en orden cronológico.
Lógicamente, una vez que se llega al final de la vida de Asimov, carece de sentido seguir. Al menos por el camino trazado originalmente.