Hacia la Fundación

En el anterior libro de la saga, Asimov ha dejado a Seldon justo al borde de conseguir algo real y palpable con la psicohistoria. En la siguiente novela mostrará cómo, poco a poco, lo que al principio no pasa de un proyecto científico acaba convirtiéndose en un ambicioso plan para salvar del caos a la Galaxia.

Pero… ¿tiene que ser una novela?

¿Por qué no volver, se dice, a la fórmula original que utilizó para las primeras historias de la Fundación, por qué no escribir, en un lugar de una única novela larga, una serie de novelas cortas o relatos de mediana extensión que, juntos y entrelazados, acaben por componer un libro?

Y ése es el plan con el que inicia lo que será Hacia la Fundación. Su idea original es que el proyecto quede compuesto de cinco historias que vayan mostrando, cada una, una etapa distinta en el desarrollo de la psicohistoria y el nacimiento de la Fundación. Sin embargo, las fuerzas le alcanzarán para rematar sólo cuatro de ellas.

Cuando se publique en forma de libro, se añadirá una más, a modo de epílogo, donde se nos muestra un Hari Seldon justo al borde de la muerte con las ecuaciones psicohistóricas desplegándose ante él mientras su último pensamiento va para su esposa Noys.

Esa secuencia, que Asimov nunca llegó a escribir, es añadida por Robert Silverberg siguiendo las instrucciones de su amigo, quien le había descrito como había imaginado el final de Seldon.

Sin duda, el abandono de la novela larga a favor de las novelas cortas entrelazadas hace que el resultado sea más satisfactorio. Por un lado, Asimov puede relajarse un poco, centrar sus esfuerzos en cada historia individual y descansar antes de emprender la siguiente. Por el otro, es evidente que se siente mucho más cómodo en ese formato de narración que en el tipo de novela (excesivamente larga e inflada) que había estado cultivando los últimos años.

Hacia la Fundación no es, desde luego, lo mejor que ha escrito Asimov, pero sí que resulta bastante más satisfactorio que sus anteriores trabajos, aunque sólo sea porque al ganar en concisión pierde buena parte de la morosidad y los problemas de ritmo que lo habían aquejado en obras anteriores.

Es cierto que, en cierta medida, traiciona las premisas de la serie: por las historias originales sabíamos que Seldon había sido un oscuro matemático casi desconocido para el gran público, algo que aquí no se sostiene desde el momento en que se convierte en Primer Ministro.

Por otro lado, la trama de cada historia resulta, en general, bastante previsible. La primera, de hecho, es casi un remake de «Evidencia», el relato donde alguien acusaba a un político humano de ser un robot, y la solución que se acaba aportando es también muy similar: el supuesto robot termina haciendo algo que, en teoría, sólo podría hacer un ser humano. La siguiente historia basa buena parte de su trama en un juego de palabras que, además de intraducible, resulta bastante traído por los pelos en el original. En cuanto a las otras dos, la intriga que las vertebra es escasa y, con poco esfuerzo, cualquier lector medianamente inteligente ve venir la solución.

Pese a eso, el libro resulta interesante porque, en cierto modo, es una suerte de autobiografía camuflada del propio Asimov, o al menos una metáfora de sus relaciones familiares. Así, Hari Seldon sería él mismo; Noys Dors, su esposa Janet. Y Wanda Seldon, su hija Robyn. Así, lo que importa no es tanto la trama construida o las distintas peripecias de cada relato, sino el estudio de personajes y de relaciones familiares que Asimov va trazando en ellos.

Por otro lado, y mientras una novela corta sucede a la otra, es fácil ver cómo Asimov va presintiendo la muerte cada vez más cercana. A medida que el libro se acerca al final, hay una sensación de pérdida, casi de despedida, que se va haciendo cada vez mayor. Es fácil extrapolar lo que experimentaba y pensaba Asimov a partir de los sentimientos de Seldon, de la lenta decrepitud de su forma física, del modo en que el mundo parece irse apagando a su alrededor.

Es un libro extraño. Como hemos dicho la peripecia resulta, en general, bastante previsible, aunque no del todo carente de interés. Y, sobre todo, las relaciones entre los personajes funcionan y el carácter de «despedida del mundo» que tienen buena parte de sus páginas terminan convirtiéndolo en una lectura agridulce.

Asimov siempre se vio a sí mismo muriendo con las botas puestas, al pie de la máquina de escribir y tecleando hasta el último minuto. No fue así, llegó un momento en que su deteriorado estado de salud le impidió seguir escribiendo.

Sin embargo, cuando leemos Hacia la Fundación, tenemos la sensación de que sí, de que hasta el último momento de su vida estuvo al pie del cañón y que, con la última palabra tecleada de su último libro, exhaló también su último aliento.

© 2011, Rodolfo Martínez
Category(s): 54. Hacia la Fundación, La ciencia ficción de Asimov, VII. La vuelta a casa

4 Responses to Hacia la Fundación

  1. La verdad es que a mí me gusto mucho más “Preludio a la Fundación”, primero por la premisa inicial de Hari viéndose perseguido por todo el mundo por una simple idea que tuvo, y segundo, por poder ver algunos detalles de Trantor. Aunque la acción decayera a ratos, mi ignorancia por aquel entonces acerca de la existencia de Aurora y Daneel (sólo había leido “Fundación” y “Yo, Robot”) hacía que mi interés se mantuviera porque no me olía el truco final de Demerzel para nada. Al leer a continuación “Hacia la Fundación” me pareció que el único propósito tras él era conciliar el Hari de “Preludio…” con el de “Fundación” y rematar los cabos sueltos que molestaban (léase Dors, Raych…). Eso hizo que no me introdujera del todo en la historia.

    Por cierto, no es Noys, sino Dors.

    Rodolfo Martínez says:

    Cierto. Noys es el personaje de El fin de la Eternidad. Menudo despiste por mi parte. Lo cambio, y gracias por la aclaración.

  2. Sinceramente “Hacia la fundación” me parece un libro “crepuscular”: se nota que a Asimov le fallaban las fuerzas y que tocaba dar muerte a su personaje. Lo cierto es que sentí tristeza tras leerlo.

    No es mal libro, pero creo que merece la pena leerlo (junto con Preludio a la Fundación) antes que el resto de la saga.

    Pablo Ortega says:

    Hacia la Fundación es un buen libro exactamente por lo que señalas, aunque pienso que el Emperador Cleón I pudo gozar de más protagonismo. De hecho, es irónico ver a Seldon en sus últimos años recordar con cariño al Emperador para que, cuando vuelves a leer el libro desde el comienzo, prácticamente cada vez que Seldon hablaba con el Emperador se orinaba en los pantalones.

    De hecho, el segundo relato del libro (irónicamente llamado “Cleón I”) le dedica muy poca cámara al teórico protagonista de la historia. Apenas dos o tres escenas y ya. Se puede decir que tenía más protagonismo en Preludio o el primer relato de Hacia la Fundación.

    En fin, ya esos son, a mi juicio, defectos menores que no empañan mucho la obra en general. Descanse en paz, Doctor Isaac Asimov. Descanse en paz, profesor Hari Seldon. Se lo merecen.

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