Bajo mínimos
Están a punto de llegar los años sesenta y, con ellos, se hará evidente el retiro de Asimov del género que le ha dado fama. En 1959 publica cinco cuentos, que se convierten en tan sólo dos al año en 1960, 1961 y 1962. Llega a su nivel más bajo en 1963, durante el que no publica ninguna historia de ciencia ficción.
Parece recuperarse un poco al año siguiente con la publicación de “¡Autor! ¡Autor!”, pero en realidad, se trata de un antiguo cuento que había vendido a finales de los cuarenta y que aparece publicado ahora, más de diez años después.
De un modo u otro, Asimov se las va apañando a lo largo de esa década para publicar, al menos, un relato de ciencia ficción cada año (salvo en 1963, como ya hemos dicho) de forma que su nombre siga presente en el género. Eso, unido a las distintas antologías de su narrativa breve de ciencia ficción que va compilando a lo largo de esos años y de la novelización de la película Viaje alucinante (que aparece en libro en 1966, previa serialización en The Saturday Evening Post) hacen que siga siendo, en parte por pura inercia, una figura importante en el género y un nombre a tener en cuenta en la memoria de los aficionados.
Pero para principios de los años sesenta, Asimov tiene ya claro que la ciencia ficción es apenas una anécdota dentro de su producción literaria. Es la divulgación científica lo que se ha convertido en su actividad fundamental, en un proceso que arranca con el libro de texto que escribió a principios de los cincuenta en colaboración con otros dos profesores de la Universidad de Boston. O quizá podríamos considerar que su primer texto de divulgación fue aquella parodia sobre los artículos científicos que Campbell le publicó bajo el título de “Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada”. Cierto que no se trataba de verdadera divulgación, pero fue la primera vez que Asimov vio que algo que, cuando menos, parecía un artículo sobre ciencia podía interesarle al público.
En cualquier caso, son los libros sobre ciencia los que se convierten en su principal fuente de ingresos (si bien los royalties de sus distintos libros de ciencia ficción -ya sean novelas o recopilaciones de relatos- siguen entrando y siguen siendo una no desdeñable cantidad) y le ocupan la mayor parte de su tiempo como escritor.
Eso será una constante durante el resto de su vida… o casi. Porque cuando lleguen los años ochenta las cosas cambiarán de un modo considerable y Asimov pasará los diez últimos años de su vida volviendo al género que le hizo famoso. Con fortuna desigual, eso es cierto.
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Un poco por pundonor y un poco porque, sin duda, hay ciertos vicios que nunca terminas de abandonar del todo, Asimov sigue escribiendo, de vez en cuando, algún relato de ciencia ficción.
En 1959 publica cinco, como hemos dicho.
Empieza con “Una estatua para papá”, un cuento de carácter humorístico que juega con ciertas consecuencias inesperadas del viaje en el tiempo. No es un mal divertimento y su tono resulta adecuadamente irónico, aunque no es un relato especialmente memorable.
“Aniversario” es una especie de continuación de “Aislados de Vesta”, su primer cuento publicado. Su interés es casi más histórico que literario: ver cómo Asimov utiliza los mismos personajes y narra una historia de intenciones similares (una especie de puzzle que hay que resolver a base de ingenio) que en su primer relato sirve para comprobar lo mucho que ha aprendido en todo este tiempo, tanto en cuestiones puramente técnicas -su lenguaje es ahora más depurado, lleva de una secuencia a otra de un modo más suave, sin transiciones bruscas- como en definición de personajes, cuyas actitudes son ahora más creíbles, menos acartonadas que en “Aislados de Vesta”. Aparte de eso, no es una historia que deje mucha huella en la mente del lector, ni para bien ni para mal.
“Cuarta generación” es un relato extraño por varios motivos. No sólo se trata de un cuento de resonancias explícitamente religiosas (algo poco frecuente en la narrativa asimoviana) sino que además es quizá la primera vez donde el autor utiliza sus raíces judías de un modo claro y directo en su narrativa. El resultado es un cuento evocador y en ocasiones desconcertante que, sin embargo, funciona y convence. Demuestra, una vez más, el poco miedo que Asimov tenía a trabajar sin red, a enfrentarse a retos narrativos de los que no tenía muy claro cómo iba a salir y a afrontarlos sin preocuparse de lo que pudiera pasar. Tal vez, y no digo que necesariamente sea así, el hecho de que nunca los viera como retos o como problemas sino, simplemente, como historias que le apetecía contar porque le resultaban interesantes, tiene mucho que ver con se las apañase para salir con bien del atolladero donde se metía.
En “Necrológica” narra una historia bastante cruel que, una vez más, gira alrededor de las vicisitudes de una familia disfuncional: un marido dominante y ocasionalmente maltratador, condenado a ser un investigador mediocre cuyos éxitos siempre serán pisados por los demás, y una mujer brillante pero débil que se deja dominar una y otra vez. La historia gira alrededor, más o menos, del viaje en el tiempo y tiene un final lleno de un humor bastante negro y muy ácido. Está narrado en primera persona por el personaje femenino (un personaje tremendamente creíble y muy bien construido con dos pincieladas) y todos esos detalels convierten este cuento en una pieza más que sobresaliente de la narrativa asimoviana. La trama funciona sin fisuras (para entonces, el dominio de Asimov de las estructuras narrativas es prácticamente total), está perfectamente trabada y el final, cruel y negro como hemos dicho, está a la altura de lo narrado. Deja un regusto de boca bastante amargo, en realidad.
“Lluvia, lluvia, vete lejos” es, sin embargo, poco más que un juego banal que, por suerte, no es lo suficientemente largo para que nos resulte molesto. A veces Asimov se enfrentaba a ideas con las que no sabía muy bien cómo jugar (más allá de convertirlas en una viñeta breve orientada hacia un chiste final) y éste es un caso muy claro de eso.
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Decíamos antes que en 1960 Asimov sólo había publicado dos cuentos, pero en realidad uno de ellos, “El pacto”, es un round-robbins (fórmula peculiar en la que un autor inicia la historia, varios distintos la van continuando y otro más la remata) escrito en colaboración con Poul Anderson, Robert Sheckley, Murray Leinster, y Robert Bloch. Nunca ha sido incluido en ninguna de las antologías de relatos de Asimov, así que no puedo decir nada sobre él, más allá la evidente curiosidad que pueda tener por comprobar los resultados de tan extraño artefacto.
El otro relato es “Tiotimolina y la era espacial”, una nueva entrega de su serie sobre la sorprendente sustancia que se disuelve justo antes de que se le añada agua, escrita en este caso en forma de un discurso en el duodécimo Simposio Anual de la “Sociedad Cronoquímica Americana”. Menos divertido, tal vez, que anteriores entregas, cumple sin embargo su propósito de parodia del lenguaje oscuro y altisonante de ciertas comunicaciones científicas.
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Los dos cuentos de 1961 son “La máquina que ganó la guerra” y “¿Qué es eso que llaman amor?”.
El primero es un trabajo menor (muy menor, de hecho) que apenas tiene interés.
El segundo, sin embargo (titulado originalmente “Playboy y el dios baboso”) es una delirante parodia de los clichés más desenfrenados del pulp sobre las libidinosas intenciones de los alienígenas de ojos saltones (los famosos BEMs) hacia las hembras humanas. En un estilo decimonónico, casi victoriano, Asimov escribe una sátira sexual en la que juega una y otra vez con los equívocos y ridiculiza constantemente ciertas conductas humans por el método, simple y efectivo, de mostrárnoslas a través de los ojos de los extraterrestres. Uno de los relatos más divertidos de Asimov, sin la menor duda, lleno de bastante mala baba (perdón por el fácil juego de palabras) pero también, curiosamente, preñado de una cierta nostalgia por una época en la que la ciencia ficción era menos sofisticada y más inocente.
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Ninguno de los relatos que publica en 1962 son demasiado memorables. Ni “Mi hijo, el físico” ni “Luz estelar” resultan gran cosa. El primero es un chiste breve y bastante previsible y el segundo una historia de misterio que se deja leer pero también se olvida casi enseguida. Tienen el pequeño interés de haber aparecido en sendos números de Scientific American, en unas páginas de publicidad financiadas por una empresa de electrónica, pero aparte de eso, no aportan gran cosa.
Y, tras estar un año sin publicar nada de ciencia ficción, en 1964 aparece “¡Autor! ¡Autor!” en una antología dedicada a recopilar lo mejor de Unknown, la revista gemela dedicada a la fantasía de la Astounding de Campbell (que, por cierto, para entonces ha pasado a llamarse Analog). Asimov intentó muchas veces escribir para ella (solo y en colaboración con Frederick Pohl) pero la única vez que estuvo a punto de conseguirlo fue con este cuento.
Decimos “a punto”, aunque el relato fue aceptado y pagado. Sin embargo, antes de que el número de la revista que iba a contenerlo saliera a la venta, ésta fue cancelada por la editorial. Unknown siempre había sido una revista más cara que Astounding y con una tirada sensiblemente menor, hasta el extremo de que, en cierto momento, dejó de compensar económicamente su publicación. Así, justo cuando Asimov estaba a las puertas de conseguir su objetivo, éste desapareció del mercado.
Sería más de diez años más tarde cuando, según sus propias palabras, conseguiría colarse “de refilón” en las páginas de Unknown, a través de la antología que hemos mencionado.
“¡Autor! ¡Autor!” es, por tanto, un cuento primerizo, en cierto modo. Escrito a mediados de los años cuarenta, no desentona sin embargo con lo que Asimov ha estado publicando en los últimos tiempos. De contenido ciertamente humorístico (como casi toda su fantasía, como si no pudiera tomarse del todo en serio el género) y un tono que recuerda por momentos las comedias de enredo de los años cuarenta, narra la historia de un autor de novelas policiacas perseguido por el personaje que le ha dado fama: un detective implacable de gustos refinados y maneras seductoras que está a punto de convertir la vida de su creador en un infierno. El cuento fluye con soltura y con gracia (merced, de nuevo, al tono empleado, una primera persona de vocabulario un tanto anticuado que remite, una vez más, a P. G. Wodehouse) y su conclusión resulta perfectamente coherente con la trama que se ido hilvanando. De haber sido publicado en su momento, sin duda habría sido el primer cuento de Asimov donde éste habría tenido un éxito pleno en sus intentos humorísticos. Su primer relato netamente wodehouseiano, por así decir.
Aparecido a mediados de los sesenta es, simplemente, un relato más.
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La cosecha de 1965 se compone de tres cuentos.
El primero, “El hombre que creó el siglo XXI” no sólo es perfectamente olvidable (un ensayo prospectivo, no demasiado interesante, disfrazado de relato) sino que el propio Asimov nunca lo consideró merecedor de ser incluido en ninguna de sus antologías.
“Padre fundador” maneja una idea de fondo muy similar, curiosamente, a “Adán sin Eva”, de Alfred Bester. Por desgracia, el relato de Bester tiene una carga emocional y una sabiduría narrativa muy superiores al cuento de Asimov. Bien llevado y bien resuelto éste no pasa, sin embargo, de ser una historia más entre tantas que se publicaron en su época.
En cambio, “Los ojos hacen algo más que ver” resulta mucho más satisfactorio. Un relato breve en la que una humanidad altamente evolucionada (se han convertido en seres de pura energía) añora sin embargo su antigua carne y todo lo que ésta les hacía sentir. Una historia de amor, en cierto modo, de pérdida y añoranza de las emociones perdidas, con momentos realmente intensos y un final bastante desgarrador. Aunque es un cuento que suele pasar bastante desapercibido en la narrativa asimoviana, tengo que confesar que ha estado siempre entre mis favoritos.
Podríamos preguntarnos por qué y tal vez las respuestas nos llevarían a un lugar que tiene que ver más conmigo mismo que con las bondades del cuento. Pese a eso (y no voy a entrar en detalle en ello, al fin y al cabo, estos comentarios tratan sobre Asimov, no sobre mí), no puedo evitar seguir encontrándolo uno de sus mejores cuentos, en los que la potencia de las ideas y las imágenes está perfectamente equilibrada con la carga emocional de lo que se nos narra.
BIBLIOGRAFÍA:
- “Una estatua para papá” (A Statue for Father). En Satellite Science Fiction, febrero de 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
- “Aniversario” (Anniversary). En Amazing Science Fiction, marzo de 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
- “Cuarta generación” (Unto the Forth Generation). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, abril 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
- “Necrológica” (Obituary). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, agoto 1959. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
- “Lluvia, lluvia, vete lejos” (Rain, Rain, Go Away). En Fantastic Universe, setiembre 1959. Edición españóla más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
- “El pacto” (The Covenant). En Fantastic Story Magazine, julio 1960. No sido recogido en ninguna antología.
- “Tiotimolina y la era espacial” (Tiotimiline and Space Age). En Analog Science Fact & Fiction, octubre 1960. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992).
- “¿Qué es eso que llaman amor?” (What is this Thing Called Love?). En Amazing Stories, marzo 1961. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
- “La máquina que ganó la guerra” (The Machine that Won the War). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre 1961. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
- “Mi hijo, el físico” (My son, the Pthysicist). En Scientific American, feberero 1962. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
- “Lus estelar” (Star Ligth). En Scientific American, octubre 1962. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).
- “¡Autor! ¡Autor!” (Author! Author!). En The Unknow Five, 1964. Edición española más reciente: Crónicas (Plaza & Janés, 1992).
- “Los ojos hacen algo más que ver” (Eyes Do More Than See). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, abril 1965. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
- “El hombre que creó el siglo XXI” (The Man Who Made the 21st Century). En Boy’s Life, setiembre 1965. No ha sido incluido en ninguna colección.
- “Padre fundador” (Founding Father). En Galaxy Science Fiction, octubre 1965. Edición española más reciente: Cuentos Completos II (B, 1992).




