archive 2009 Octubre

Carrera interrumpida

Posted on Lunes 26 Octubre 2009

Asimov estaba trabajando en una nueva novela de ciencia ficción. Una historia donde, una vez más, Elijah Baley y R. Daneel Olivaw unían sus esfuerzos para desentrañar un misterio. Es probable que el punto de partida no fuera muy distinto a lo que luego sería Los robots del amanecer: un asesinato en Aurora, el principal de los cincuenta mundos que un día fueron colonias terrestres.

En cualquier caso, esa novela nunca llega a término. Con poco más de un par de capítulos escritos, Asimov la abandona. ¿Por qué? ¿Tan mala estaba resultando?

No, en realidad no tiene nada que ver con eso. O, al menos, es lo que Asimov siempre ha afirmado.

Según su propia versión, lo que ocurrió fue que a finales de 1957 los rusos pusieron en órbita el Sputnik y se pusieron por delante de los americanos en la carrera espacial. Y eso lo cambió todo.

De un modo u otro, había hecho de la ciencia su vida y su principal foco de interés. A partir de ese momento será, también, su principal fuente de ingresos.

¿Iban a ganar los rusos la carrera espacial?, se preguntaba Asimov. ¿Por qué? ¿Tal vez porque el pueblo americano, seguramente el mayor potencial humano en la historia de la humanidad, se despreocupaba por la ciencia, no le interesaba, no la comprendía y, en el fondo, pensaba que no le afectaba? Sin un apoyo popular fuerte, el programa espacial americano estaba destinado a fracasar. Y, para que existiera ese apoyo popular, el pueblo debía comprender la ciencia, la importancia de la ciencia y tenía que sentirse interesado por ella.

Así que Asimov se embarca en una cruzada personal, decidido a convertirse en el mejor escritor científico del mundo y a educar al pueblo norteamericano. A poner, a su modo, su granito de arena en apoyo del programa espacial americano.

* * *

Ésa es la versión oficial del asunto. La versión que el propio Asimov contó hace ya bastante tiempo y que nunca cambió.

Cabe preguntarse, sin embargo, si es totalmente correcta.

No dudamos del mazazo que tuvo que representar ver a los rusos tomar la delantera. Afectó a toda la sociedad norteamericana en mayor o menor medida y volcó el interés del público hacia algo que hasta entonces apenas le había interesado.

Un interes que, por cierto,  se desvanecerá poco más de diez años más tarde cuando los americanos lleguen los primeros a la Luna. Han ganado la carrera. A partir de ese momento, los astronautas dejan de ser esforzados héroes del mundo libre para pasar a convertirse en aburridos técnicos que realizan un trabajo rutinario. Sólo cuando el Apolo XIII sufre un accidente y está a punto de suceder un desastre, el público recupera el interés por el programa espacial. Un interés, todo hay que decirlo, que en ese momento es puro morbo.

Pero el romanticismo, la emoción, la aventura se pierden en cuanto Armstrong pone los pies en la superficie lunar.

Decíamos que el lanzamiento del Sputnik cambió la sensibilidad de la sociedad americana. Y sin duda Asimov no fue una excepción. Pero me resulta difícil creer que ése fuera el único motivo por el que decide abandonar una más que asentada carrera literaria en favor de la divulgación científica.

No podemos saber qué pasó realmente. Pero se pueden ver algunos indicios.

El primero es que en los últimos años Asimov ha descubierto que escribir sobre la ciencia le gusta, le proporciona un enorme placer y se resulta mucho más fácil que escribir ciencia ficción.

El segundo es que sus ingresos en el campo de la divulgación empiezan a ser interesantes y quién sabe si no tardarán en superar a lo que obtiene escribiendo novelas y cuentos. La ficción empieza a no serle rentable: la relación tiempo empleado/resultados obtenidos es grande, demasiado, sobre todo comparada con los artículos científicos que casi parecerían escribirse solos.

Añadamos que la ciencia ficción está cambiando. Poco a poco, pero ya empieza a ser perceptible, están empezando a aparecer nuevos escritores cuyas preocupaciones ya no son las mismas que las de aquellos que iniciaron su carrera en las revistas pulp. La new wave está a la vuelta de la esquina. La ciencia ficción está creciendo, diversificándose, volviéndose más competitiva y las exigencias de calidad son cada vez mayores. Unas exigencias que Asimov, tal vez, teme que sea incapaz de cumplir, con su estilo sencillo, directo y carente de presensiones “literarias”.

Y si lo redondeamos con la situación familiar de Asimov obtenemos un panorama bastante completo. La familia va creciendo, y cada vez es más cara de mantener. De momento no hay preocupaciones, pero quién sabe si en el futuro…

Sospecho que es una confluencia de todos esos factores (más el hecho indudable del mazazo que supone el lanzamiento del Sputnik) lo que lo llevan a tomar la decisión de dejar de forma activa la ciencia ficción.

No por completo, sin embargo. De haber sido estrictamente lógico, racional, práctico, sin duda se habría encogido de hombros, habría abandonado el nicho literario en el que dio sus primeros pasos y habría seguido su camino sin volver a pensar en ello. Pero, por suerte o por desgracia (por suerte algunas veces, por desgracia, muchas otras) los humanos no somos seres totalmente lógicos y prácticos.

Aunque ha decidido dejar de escribirla, no quiere dejar la ciencia ficción. Quiere, de algún modo, seguir presente en el género. En parte porque es su casa, el lugar donde de verdad se siente cómodo y donde ha hecho buena parte de sus mejores amigos. Y en buena medida, sin duda, por pura vanidad.

Así que su figura, su nombre, seguirá presente en las revistas y las convenciones del género. Primero a través de los artículos científicos que publica en The Magazine of Fantasy and Science Fiction. Luego, a través de ocasionales relatos de ciencia ficción, que aún escribe de vez en cuando, o introducciones  y prólogos a alguna antología de relatos de otros autores. Y, por supuesto, actuando como maestro de ceremonias y participando activamente en convenciones y congresos, cuando puede permitirse acudir a ellos.

De un modo u otro, aunque la ciencia ficción no tarda en convertirse en una parte mínima, casi irrelevante de su producción literaria, su identificación con el género se mantiene. Sus libros se siguen vendiendo y reeditando y su nombre nunca está del todo ausente del mundo de la CF americana.

Él mismo, cuando alguien le pregunta a qué se dedica, de qué escribe, responde siempre lo mismo: “A una gran variedad de temas, desde Shakespeare a la bioquímica. Pero, sobre todo, soy conocido como escritor de ciencia ficción”.

Y es que en su fuero interno, aunque escribir otras cosas le resultase más sencillo, menos trabajoso y más gratificante económicamente, siempre se ve como un autor de CF. Y, una y otra vez, las circunstancias lo hacen volver al género, aunque sea de forma ocasional.

Acabará regresando de un modo definitivo a principios de los años ochenta. Pero de eso ya hablaremos más adelante.

© 2009, Rodolfo Martínez



Diversificando

Posted on Lunes 19 Octubre 2009

Para cuando llega 1957, Asimov ya no es “sólo” un autor de ciencia ficción. Ha publicado varios libros de ciencia, reparte sus artículos divulgativos por diversas publicaciones y está preparando su primera novela policiaca, que saldrá al año siguiente bajo el título de Los mercaderes de la muerte, aunque acabará siendo reeditada años más tarde bajo el título que había pensado originalmente su autor: Soplo mortal.

La novela es un relativo fracaso. Acostumbrado a que su ciencia ficción se venda bien (tanto las novelas como las recopilaciones de relatos)  Los mercaderes de la muerte tiene unas ventas bastante discretas y unas críticas no demasiado entusiastas. De hecho, en una convención de literatura de misterio, Asimov se presentará como el “autor de la peor novela de misterio jamás publicada”. Una exageración, sin duda. La novela, si bien pasa en un principio bastante desapercibida acabará siendo reeditada con el tiempo, como hemos dicho, y entonces tendrá una carrera comercial bastante decente. No es, desde luego, la mejor novela policiaca del mundo, pero dista mucho de ser la peor. Y tiene además el interés añadido de ser, tal vez, la más autobiográfica de todas sus novelas.

Tanto el ambiente universitario que refleja como la situación académica del protagonista, sus problemas familiares y su escasa capacidad como investigador de laboratorio están tomados de la propia vida de Asimov. El misterio puede ser, quizá, un tanto trivial, pero la trama está bien llevada y la historia funciona, por un lado por la disección -en ocasiones despiadada- que realiza del microcosmos académico y, por el otro, por la interacción entre los personajes.

Precisamente uno de esos personajes es un policia cachazudo de apariencia poco despierta y que no para de hacer preguntas que no parecen tener sentido ni venir a cuento. Años más tarde Asimov reclamaría, medio en serio medio en broma, haber inventido al personaje de Colombo en su novela.

* * *

Como decimos, su producción ha aumentado y se ha diversificado. Y en los años anteriores ha publicado un par de recopilaciones de relatos: A lo marciano y Con la Tierra nos basta, así que empieza a ver con claridad que los relatos cortos tienen una vida comercial más allá de su primera publicación en revista. Ya lo había visto con Yo, robot y la trilogía de las Fundaciones, pero dado que con esos libros no verá jamás un centado -al menos mientras siga editándolos Greenberg- es con estas dos antologías con las que empieza a comprobar realmente que hay un mercado para las recopilaciones de relatos.

Y, sorprendentemente, para la poesía. En este tiempo Asimov ha publicado un par de poemas paródicos -con la métrica y la estructura tomadas de temas de sus admirados Gilbert & Sullivan- y ha conseguido publicarlos en alguna revista de ciencia ficción. Desde luego, Asimov no se toma en serio como poeta, ni pretende pasar por tal, pero se divierte con esas pequeñas parodias y, encima, le reportan un pequeño beneficio económico.

Sus problemas en la Universidad continúan, y lo harán hasta que termine dejándola. Para entonces apenas nececita el sueldo académico. Sus ingresos como escritor empiezan a ser más que suficientes para mantenerlo a él y a su familia y vivir razonablemente bien sólo de ellos. Psicológicamente, sin embargo, necesita la tranquilidad y la estabilidad que le da tener un trabajo fijo, así que seguirá un tiempo en ambos mundo por más que en su fuero interno sepa desde hace tiempo que, tarde o temprano, se convertirá en un escritor profesional a tiempo completo.

* * *

En lo que se refiere a la ciencia ficción, empieza el año publicando “Polvo mortal” en Venture Science Fiction. Es, de nuevo un relato en el que combina sus dos géneros predilectos, pues se trata de una historia policiaca en un escenario futurista. Como casi todas los relatos de ese cariz, hay un hecho científico concreto imbricado en el crimen y su resolución y, al igual que en todos ellos, Asimov siempre es honrado con el lector y no le miente, permitiendo, si éste es lo bastante sagaz, que desentrañe el misterio por sí mismo.

Con “Rompehuelgas” juega con los prejuicios sociales, al presentar un mundo que desprecia y margina a la familia de la que depende y sin la cual el planeta literalmente no sobreviviría. El análisis que hace Asimov del modo en que las sociedades se enquistan y ciertas actitudes acaban arraigando en nosotros hasta convertir lo socialmente adquirido en casi natural es brillante. En cierto modo, ése mismo tema lo exploraría años más tarde en el relado “Buen gusto”, pero en “Rompehuelgas” se muestra mucho más eficaz a la hora de llegar al fondo de las cosas y presentarnos lo relativo de muchas situaciones que aceptamos como objetivas e inamovibles.

“Unámonos” es una historia de robots. Un relato-rompecabezas de interés moderado y, por suerte, longitud también moderada.

A Asimov le piden que escriba un relato breve titulado “En blanco”. A otros dos escritores se les pide lo mismo. La idea es publicar los tres relatos a la vez para que el público vea de qué modo tan distinto trabajan tres escritores a partir de un arranque común. La premisa no es mala y tiene cierto gancho comercial. El resultado deja bastante que desear, al menos el del relato de Asimov, dramáticamente titulado “¡En blanco!” y que es el único que he podido leer. Una historia de viajes en el tiempo y paradojas temporales bastante rutinaria y previsible.

Aunque la idea que hay tras “¿Le importa a una abeja?” es poderosa y llena de resonancias, Asimov no es capaz de sacarle todo su potencial, por lo que el relato acaba quedándose a mitad de camino. Pese a ello, tiene algunos momentos memorables y de algún modo se las acaba apañando para que la idea nos impacte y no nos olvidemos por completo de ella.

Nada puedo decir de “El corazón de una mujer”. Asimov nunca permitió que se incorporara a una colección de relatos.

En “Profesión”, vuelve a demostrarnos su talento para la especulación social, para la intriga policiaca y para darle la vuelta a las ideas más comunes. La sociedad que presenta en este largo pero fascinante relato es lo bastante plausible para sentirla muy cercana nosotros mismos. La élite intelectual que hay bajo ella, por otro lado, resulta escalofriantemente lógica e inevitable a poco que se piense en ella.  El autor, con gran habilidad, hace pasearse a su personaje de un lado a otro durante toda la historia escamoteando frente a sus ojos, y los nuestros, lo que pasa realmente y mostrándonoslo sólo al final. Un relato brilante, sin duda de lo mejor de Asimov.

“Nicho Legal” es un cuento-chiste con juego de palabras final que quizá en el original sea desternillante -aunque sospecho que no-, pero que traducido acaba volviéndose simplemente incomprensible.

“A las ideas les cuesta morir” es un cuento que el propio Asimov despreciaba, en cierta medida, por haber sido sobrepasado por los acontecimientos. En efecto, apenas unos años después de haber sido publicado, las primeras circunvalaciones lunares y el posterior alunizaje transformarían en obsoleto ese cuento. Sin embargo, y pese a eso, sigue funcionando todavía narrativamente: tal vez por el enorme grado de paranoia implicado en su argumento y que resulta sorprendente en un cuento asimoviano. Hay momentos donde nos parece estar leyendo un relato de Philip K. Dick. Y no de los malos, precisamente.

¿Una historia de James Bond? Bueno, sí, eso es en cierta medida “Estoy en Puertomarte sin Hilda”. Un relato de misterio con alguna que otra alusión sexual (totalmente inocentes para nosotros, algo atrevidas para la época y sumamente osadas para su autor… cosas que pasan) y, en general, un aire irónico y desenfadado que convierten todo el cuento en una comedia de intriga bien llevada con un desenlace, no por esperable, menos adecuado.

En “Los buitres amables” Asimov vuelve a conseguir uno de sus grandes relatos. Al principio, parecería, estamos ante uno de esos cuentos tan típicos de los años cincuenta dedicado a advertirnos del peligro nuclear y la terrible inconsciencia del género humano, que acabará llevándonos al desastre. Pero el cuento no tarda en despegar por otros derroteros y se transforma en un análisis moral totalmente despiadado que, por cierto, sigue teniendo una vigencia total y absoluta hoy en día. Quién sabe si más que en el momento en que fue escrito.

“Esclavo en galeras” es otro relato de robots. Al contrario que “Unámonos”, éste sí que es un buen cuento, uno en el que, por un lado, se analiza magistralmente la psicología de los robots y, por el otro, muestra a la perfección la reticencia al cambio del psicología humana. Tiene un componente policiaco moderadamente intrigante, pero en realidad más que saber qué ha pasado y quién lo ha hecho (algo que vemos venir enseguida) lo que nos acaba interesando es por qué. Y el porqué dice mucho de nosotros como especie. Y no muy bueno.

“Insértese la varilla A en el agujero B” es de nuevo un chiste breve. A mí me parece que tiene cierta gracia, pero es también totalmente prescindible.

* * *

No parece que 1957 sea un mal año. Si miramos el total de lo que Asimov ha publicado, no está nada mal: trece relatos, un poema, una antología de cuentos, dos libros de ciencia y dos novelas. Parecería que está en buena forma literaria (su calidad, pese a evidentes altibajos fruto de su carácter prolífico y en ocasiones frenético, no es precisamente mala) y que la ciencia ficción es su principal actividad literaria.

Eso, sin embargo, está a punto de cambiar. El cuatro de octubre de ese año, los rusos ponen en órbita el Sputnik. Y eso, que cambiará en buena medida el mundo en los próximos años, cambia también el rumbo de la vida de Asimov. Ese hecho lo hace tomar una decisión que lo va marcar durante mucho tiempo y que, puestos a especular, podría ser el punto de inflexión perfecto para una ucronía sobre la historia de la ciencia ficción.

Tardará un par de años en notarse, pues tiene tanto material acumulado que aún pasará un tiempo antes de que los lectores se den cuenta de que casi ya no escribe ciencia ficción. Pero el hecho es ese. A partir de 1958 la ciencia ficción pasa a convertirse en una actividad marginal dentro la las labores literarias de Asimov. No la abandona por completo -en buena medida porque no puede-, pero ya no será su principal interés como escritor.

Y no volverá a serlo hasta casi veinticinco años más tarde.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Polvo mortal” (The Dust of Death). En Venture Science Fiction, enero de 1957. Edición española más reciente:  Estoy en Puertomarte sin Hilda (Plaza & Janés, 1998).
  • “Rompehuelgas” (Strikebreaker). En The Original Science Fiction Stories, enero de 1957. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Unámonos” (Let’s Get Together). En Infinity Science Fiction, febrero de 1957. Edición española más reciente:  El robot completo (Alamut, 2008).
  • “¡En blanco!” (Blank!). En Infinity Science Fiction, junio de 1957. Edición española más reciente:  Compre Júpiter (Plaza & Janés, 2000).
  • “¿Le importa a una abeja?”. (Does a Bee Care?). En If: Worlds of Science Fiction, junio de 1957. Edición española más reciente:  Sueños de robot (DeBolsillo, 2004).
  • “El corazón de una mujer” (A woman’s Heart). En Satellite Science Fiction, junio de 1957. Inédito en castellano. Es otro cuento que Asimov siempre se negó a reimprimir.
  • “Profesión”. (Profession). En Astounding Science Fiction, julio de 1957. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Un nicho en el tiempo” (A Loint of Paw). En The Magazine of Fantasy and Science Fiction, agosto de 1957. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1993).
  • “A las ideas les cuesta morir” (Ideas Die Hard). En Galaxy Science Fiction, octubre de 1957. Edición española más reciente:  Los vientos del cambio (Martínez Roca, 1984).
  • “Estoy en Puertomarte sin Hilda” (I’m in Marspot without Hilda). En Venture Science Fiction, noviembre de 1957. Edición española más reciente Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Los buitres bondadosos” (The Gentle Vultures). En Super-Science Fiction, diciembre de 1957. Edición española más reciente: Cuentos Completos (B, 1992).
  • “Esclavo en galeras” (Galley Slave). En Galaxy Science Fiction, diciembre de 1957. Edición española más reciente:  El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Inserte la varilla A en el agujero B”. (Insert Knob A in the Hole B”. En The Magazine of Fantasy and Science Fiction, diciembre de 1957. Edición española más reciente:  Cuentos Completos (B, 1992).
© 2009, Rodolfo Martínez



El sol desnudo

Posted on Lunes 5 Octubre 2009

Si en Bóvedas de acero, Asimov nos mostraba una sociedad agorafóbica, hacinada, enclaustrada en el útero en el que se habían convertido las megalópolis terrestres, cuando escribe El sol desnudo, su continuación, se va al extremo opuesto.

Es posible que la idea de Asimov pasara por ir visitando cada una de las antiguas colonias terrestres (o, cuando menos, las más importantes) e ir trazando una disección de ellas, usando a Elijah Baley y R. Daneel Olivaw como foco alrededor del que amarrar su historia. Y es que la herramienta que ha elegido para darle forma literaria a ese análisis social no puede ser más acertada: la novela policiaca.

Es curioso porque Asimov siempre será más partidario del policiaco clásico (lo que se suele llamar novela-problema, y cuyos principales cultivadores son ingleses) que de la vertiente más americana del género, la novela negra. Para Asimov todo es un rompecabezas, un problema lógico que hay que resolver, y sus detectives (humano y robot) lo hacen siguiendo las pistas, deduciendo a partir de los indicios y construyendo en su mente una estructura lógica que resuelva el caso. En ese aspecto, el policiaco asimoviano no puede ser más clásico.

Sin embargo, no deja de haber puntos de contacto con la novela negra americana. Y es precisamente en toda la carga que ésta conlleva de análisis y crítica de la sociedad en la que vive. La novela negra es un espejo deformante (por todo lo que tiene de exageración, de incisión en los puntos más negros y oscuros, de concentración de los acontecimientos en un grupo reducido de personajes durante un periodo de tiempo comprimido) del mundo en el que vive. Y, en cierto modo el policiaco de ciencia ficción asimoviano hace otro tanto. Al tomar ciertas tendencias humanas, llevarlas a sus últimas consecuencias e introducir en ese panorama un crimen y un investigador (ajeno y no ajeno al mismo tiempo a lo que investiga, distante y cercano a la vez a los acontecimientos) Asimov está haciendo, seguramente sin pretenderlo, novela negra.

Como decimos, su estructura debe más a Agatha Christie que a Raymond Chandler y, en ese aspecto, El sol desnudo es un policiaco clásico ejemplar. Las pistas se le van dando al lector y el investigador intenta reconstruir lo que ha ocurrido a partir de ellas. Como ya hiciera en Bóvedas de acero, Baley lanza una y otra vez hipótesis al aire y, cada vez que la realidad las echa abajo, las reconstruye y las transforma, en busca de una que, por fin, explique todos los hechos. Todos esos indicios están a la vista, el lector puede verlos igual que los ve el detective y, si es lo bastante listo, puede dar con la solución antes de que éste lo haga. En ese aspecto, una vez más, Asimov es ejemplar en su honradez: las cosas encajan como deben, la solución al enigma es coherente con éste y en ningún momento hay trampas ni conejos sacados de la chistera a última hora. Cuando Baley resuelve el crimen, somos conscientes de que está desentrañando la verdad y que ésta estaba ahí ante nuestros ojos casi desde la primera página.

* * *

La sociedad que describe en la novela, por otro lado, lleva al extremo una tendencia al aislamiento de los demás que, en la época en la que Asimov escribió El sol desnudo, apenas estaba en embrión, pero que hoy en día es claramente perceptible en algunas de las sociedades humanas más avanzadas tecnológicamente. Casos como el de Japón, con esos adolescentes que jamás salen de casa y viven sus vidas “virtualmente” sin contacto físico alguno con la realidad, pueden venir a la mente de todos.

Solaria, el planeta donde se desarrolla la acción, es un mundo poblado por poco más de veinte mil humanos que tienen a su servicio varios millones de robots. Un lugar donde cada hombre vive aislado, la interacción social es mínima y las comunicaciones nunca son cara a cara. Una sociedad de misántropos, en cierto modo.

En ese ambiente, las relaciones sexuales son algo desagradablemente necesario y profesiones como la de médico, geneticista o pedagogo son vistas como un castigo. El contacto físico es, por definición, desagrable. Y, lógicamente, cuando una persona descubre que la intimidad le produce placer, que el tacto de otros humanos es placentero, se la ve como una degenerada. Es una sociedad totalmente disfuncional, que desde la infancia intenta arrancar de los seres humanos sus tendencias naturales y, no contenta con reprimirlas, aspira que algún día desaparezcan.

Un experimento social, en cierto modo.

Que ha alcanzado distintos grados de desarrollo. Hay personas que pueden tolerar la presencia de otros seres humanos, en tanto no se acerquen demasiado. Para otras, en cambio, la sola idea de que alguien esté en la misma habitación, respirando el mismo aire, es insoportable. De hecho, Asimov describe magistralmente una entrevista entre Baley y el único psicólogo que tiene el planeta y donde éste pasa, de una forzada aceptación de la presencia de otro humano, a la huida y el aislamiento completos en poco más de unos minutos.

Esa escena está, curiosamente, inspirada en la realidad. El personaje que Asimov describe en ese momento está basado en Horace L. Gold, del que ya hemos hablado, y la propia anécdota que cuenta es muy similar a una anécdota real con el editor de Galaxy quien, a mitad de una conversación con Asimov, se disculpó, fue a la habitación de al lado y desde allí, incapaz de compartir el espacio con otra persona, llamó a Asimov por teléfono y siguió la conversación como si nada hubiera pasado.

En ese ambiente la presencia de alguien como Gladia Delmarre (una persona con impulsos “normales” desde nuestro punto de vista) se convierte en una aberración. Baley no tarda en darse cuenta de que Gladia no tiene los impulsos solarianos característicos y que, de hecho, se siente atraída por él. Y lo que sería normal en la Tierra se convierte en un comportamiento vicioso y degenerado en la fría sociedad solariana.

La disección de los distintos personajes que vamos viendo a lo largo de la novela acaba dibujando una sociedad profundamente enferma que, en cierto modo, está tan encerrada en su útero como lo está la terrestre de Bóvedas de acero. Las dos son sociedades extremas y, en cierto modo, a través de métodos opuestos han llegado al mismo lugar.

* * *

La novela comparte, lógicamente, varias características con Bóvedas de acero. La relación entre Baley y su colaborador robótico, R. Daneel, está donde la dejamos allí y se va perfilando un poco más. Los distintos personajes que van a apareciendo en la trama, por otro lado, tienen su aquel de arquetipos psicológicos, pero el autor los dota de los suficientes tics personales para que parezcan reales.

Aunque sin duda, los personajes dominantes de la novela son Baley y Daneel (en una contravención a una de las normas no escritas de la novela policiaca americana, donde el detective es el conductor de la trama pero no debería ser el protagonista) y, en menor medida, Gladia. Los tres componen una especie de curioso triángulo sentimental que Asimov, varios años más tarde, explorará con más detalle en Los robots del amanecer.

El sol desnudo es una novela perfectamente estructurada e impecablemente medida. Tiene en su contra el utilizar personajes y parte del escenario de otra, lo que hace que, a menudo, no se la vea como la estupenda novela que es. Bóvedas de acero y El fin de la Eternidad tienen la ventaja de presentar escenarios, personajes y situaciones nuevas, pero El sol desnudo no desmerece de ellas para nada.

Y, de hecho, al igual que Un guijarro en el cielo, Polvo de estrellas y Las corrientes del espacio componen una trilogía temática (analizando tres situaciones de opresión de una sociedad por otra) con Bóvedas de acero, El fin de la Eternidad y El sol desnudo hace lo mismo, en esta ocasión diseccionando tres sociedades disfuncionales que llevan a sus últimos extremos ciertas tendencias humanas.

Asimov alcanza aquí, sin duda, su gran momento como narrador. Su ciencia ficción ha ido evolucionando poco a poco, desde los clichés pulp, hasta convertirse en una herramienta eficaz de análisis, reflexión y especulación. Al mismo tiempo que su forma de narrar se va depurando y volviéndose más eficaz, también lo hace el modo en que enfrenta las ideas, los conflictos y su resolución.

Es tentador especular sobre qué habría pasado si Asimov no hubiera abandonado ese camino, si hubiera continuado escribiendo ciencia ficción como actividad principal. A menudo me pregunto cómo habrían sido las novelas que Asimov no llegó a escribir en los años sesenta y hasta qué punto habría podido seguir la estela de la new wave que apareció en esa época.

Por suerte o por desgracia, las cosas fueron por otros derroteros. El periodo que va de 1954 a 1957 es, seguramente, la cumbre en la carrera de Asimov como autor de ciencia ficción. Alcanza su madurez como narrador y nos ofrece sus mejores obras. A partir de ese momento, su producción de género va reduciéndose y, de hecho, no vuelve a escribir una novela de ciencia ficción enteramente propia hasta principios de los setenta.

Pasarán más de veinte años hasta que vuelva en serio y de modo principal a la novela. Y cuando lo haga, el tiempo se habrá cobrado sus facturas. Algo se ha perdido entre el Asimov de los cincuenta y el de los ochenta (aunque algo ha ganado también, como veremos) y ya no se recuperará jamás.

BIBLIOGRAFÍA:

  • El sol desnudo (The naked sun). Doubleday, 1957. Edición española más reciente: Debolsillo, 2005.
© 2009, Rodolfo Martínez



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