Asimov como narrador. Una reflexión personal
Hace algún tiempo, y hablando con una persona que no es especialmente aficionada a la ciencia ficción, me preguntó qué estaba leyendo por esas fechas. Le respondí que bastantes textos biográficos sobre Asimov, muchos de ellos escritos por él mismo.
-¿Y es interesante? -me preguntó.
-Bueno -fue, más o menos, mi respuesta-. No es que el tipo tuviera una vida apasionante: de la escuela pasó al instituto, de allí a la Universidad, se casó, se doctoró, dio clases, dejó la Universidad, vivió de lo que escribía, se divorció, volvió a casarse, siguió escribiendo, se murió… Pero, de algún modo, te cuenta una vida de apariencia bastante normal de un modo que te la hace interesante.
Ahí lo dejamos. Y no volví a pensar en ello hasta pasados unos días.
“De algún modo”, alguien toma una biografía que, vista desde fuera, puede parecer aburrida (puede ser entretenida de vivir, seguro, pero difícilmente de contemplar como espectador), escribe varios centenares de páginas narrándola y hace que al lector le guste, le interese, lo atrape y quiera seguir leyendo sin parar, que aquello no se acabe y siga y siga.
“De algún modo”, repito.
A eso se llama ser un buen narrador. Incluso diría que se le puede llamar, con toda justicia, ser un narrador de primera.
A partir de ese momento, cada vez que alguien me pregunta por las capacidades literarias de Asimov, recuerdo sus textos biográficos. Y la respuesta es inmediata: “¿Buen escritor? No sé. Pero era un narrador cojonudo. No importaba lo que contase, lograba hacerlo interesante”.




