archive 2009 Junio

El fin de la Eternidad (1): la génesis

Posted on Lunes 8 Junio 2009

Pese a todos los problemas personales que tiene con él, la relación de Asimov con Horace L. Gold debe resultarle bastante fructífera en otros terrenos, no sólo porque sigue publicando en su revista (y en más de una ocasión es en ella donde serializa novelas que aparecerán posteriormente en libro) sino porque se deja guiar por sus consejos en más de una ocasión, por no mencionar el hecho de que lo usa (a él mismo o a situaciones generadas por él) como modelo para personajes, escenas e incluso ambientes de su ciencia ficción.

De hecho, Asimov siempre reconocerá que Gold es, sin duda, uno de los mejores editores de su época. En términos generales, muy superior a Campbell, quien poco a poco se va volviendo más excéntrico y empieza a sentirse cada vez más interesados por las zonas más marginales de la ciencia… si es que a aquello puede llamársele ciencia. El cuento “Creencia”, cuya idea de partida le es sugerida por Campbell, puede ser un buen ejemplo de por donde van los intereses del director de Astounding por esa época.

No es de extrañar que cuando L. Ron Hubbard cree la “disciplina” de la dianética y monte alrededor de ella su religión de la cienciología, Campbell se entusiasme totalmente con el asunto.

Con el tiempo, Campbell y Asimov se van distanciando y, en cierto modo, para éste es un alivio que Astounding ya no sea la publicación hegemónica sin discusión y haya otros lugares donde publicar igualmente atractivos. El enorme respeto que siente por Campbell (y la indudable deuda de gratitud que tiene para con él) hace que nunca pierdan del todo ni el contacto ni la amistad, y Asimov no dejará de enviarle relatos para que los publique y jamás dirá en público nada que empañe la imagen de Campbell. Sólo en el último tomo de su autobiografía (escrita en un momento en que Asimov siente la muerte casi más como una certeza que como una posibilidad) se permite sacar a la luz los defectos de su amigo y mentor, e incluso entonces lo hará desde el respeto, el cariño y la gratitud.

Sin duda la relación más cordial que mantiene por esa época es con Anthony Boucher, director de F&SF, pero no cabe duda de que el criterio de Gold le parece siempre interesante, por problemático que sea el trato con él (eso sin mencionar la forma brutal y grosera en que trata los rechazos).

Así, no es raro que cuando empieza a escribir una novela corta llamada “El fin de la Eternidad”, piense en ella como algo destinado a la Galaxy de Gold. Es un relato de viajes en el tiempo. De hecho, es la historia de toda una organización (la Eternidad del título) que trasciende el tiempo y vela por su correcto fluir, cambiándolo aquí y allá donde sea necesaria para que las cosas sean “como deben” y todo vaya de acuerdo al “mayor bien posible”.

Los viajes en el tiempo conforman, posiblemente, uno de los subgéneros más difíciles dentro de la ciencia ficción. Son muchos los autores que los usan como premisa o como simple decorado, pero pocos los que se atreven a hacer del viaje temporal el eje alrededor del que gire su novela: escribir teniendo como tema central el viaje en el tiempo y conseguir que el resultado sea coherente, con consistencia y al mismo tiempo nos sorprenda no es, para nada, tarea fácil. Puede serlo (o al menos resultar menos difícil) en el terreno del relato corto, donde una narración es capaz de sostenerse por sí sola con una única idea afortunada alrededor de la que gire todo, pero cuando entramos en territorio novelístico las inevitables ramificaciones de esa idea central comienzan a apoderarse de la trama y el autor debe ser muy hábil para que esta no se le vaya de las manos.

Hasta ahora Asimov sólo se había atrevido con el viaje temporal en el terreno del relato y es muy posible que cuando se sienta a escribir “El fin de la Eternidad” no tenga muy claro aún hasta qué distancia narrativa le va a llevar la idea.

Idea que le viene de un momento en que ojea viejos ejemplares de la revista Time en la Universidad de Boston. Ve un anuncio aparentemente inocuo en cuyo fondo parece haber un hongo nuclear. Por la fecha de la revista eso es imposible y enseguida se da cuenta que en realidad se trata de «Old Faithfull», el famoso géiser del parque de Yellowstone. Pero su cabeza no puede descansar y a partir de un detalle tan nimio empieza a imaginar toda una historia, no solo de viajes en el tiempo, sino de una organización entera dedicada a controlarlos y de la extraña sociedad que se ha ido construyendo a su alrededor. El haber engarzado además la anécdota que da origen a todo dentro de la novela y haberla convertido en parte importante de la trama (sin ella, difícilmente la historia alcanza su conclusión) es una prueba de más del modo brillante en que funcionaba la mente de Asimov.

Pero cuando le presenta “El fin de la Eternidad” a Gold, éste la rechaza. No con sus malos modos habituales, sin embargo. Lo que le dice es que, en realidad, lo que le ha pasado es el embrión de una novela. Que ahí dentro hay una novela y que tiene que hacer es ponerse a trabajar en ella y sacarla adelante.

Para entonces, la idea de convertir una novela corta en una novela no es nada novedoso para Asimov. Lo ha hecho ya con Un guijarro en el cielo, al fin y al cabo. Y, por otro lado, con cuatro novelas en el mercado -sin contar las de Lucky Starr-, que están funcionando bastante bien, es poco probable que Doubleday le rechace una quinta.

Lo raro no es que tome una novela corta y la transforme en una novela, sino el modo en que lo hace. Cuando transforma “Enevejece conmigo” en Un guijarro en el cielo, apenas toca el texto del que parte: lo amplia y cambia la estructura, pero podemos decir que prácticamente todo lo que había escrito para “Envejece conmigo” pasa a Un guijarro en el cielo sin apenas cambios.  Y, en realidad, los personajes, las situaciones y la trama prácticamente no varian de una versión a otra.

Sin embargo, cuando se dispone a convertir “El fin de la Eternidad” en El Fin de la Eternidad parte de cero. Utiliza el entorno, la idea general y parte de los personajes, pero no usa el texto de la novela corta.

Y, sin saberlo, esta haciendo lo que debe. La novela corta original contiene ideas interesantes y juega bien con los viajes en el tiempo y la idea de las paradojas, pero no termina de funcionar por completo. El argumento no tiene la suficiente garra, no lleva la trama a sus últimas consecuencias y los personajes no están a la altura de la historia.

Todo eso cambiará cuando construya El fin de la Eternidad. Cambiará tanto, de hecho, que Asimov escribirá su mejor novela de ciencia ficción.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “El fin de la Eternidad” (The End of Eternity). En The Alternate Asimovs, Doubleday, 1986. Edición española más reciente: Cuentos paralelos (Martínez Roca, 1987).
© 2009, Rodolfo Martínez



Sin salir de casa

Posted on Lunes 1 Junio 2009

Con “Riesgo”, Asimov vuelve al escenario de sus robots positrónicos y, de hecho, este  cuento es una continuación bastante evidente de “El pequeño robot perdido”. No es de los mejores cuentos de Asimov, pero está bien estructurado y funciona sobre todo gracias al modo en que Susan Calvin manipula al personaje principal del relato para usar sus prejuicios anti-robots a su favor y obtener lo que desea.

“Mundo onírico” es un ultracorto que, la verdad, no aporta gran cosa ni a la ciencia ficción en general ni a la obra de Asimov. Dirigido hacia un retruécano final, se lee rápido y se olvida con más rapidez todavía.

No puedo decir nada de “The Portable Star”, básicamente porque es un relato del que Asimov siempre abominó y nunca permitió que fuera reproducido en ninguna antología del género, por lo que me ha sido imposible echarle un vistazo. Por los comentarios y resúmenes que he podido leer, es un mal relato, aunque no necesariamente el peor que haya escrito Asimov.

Otro tanto me sucede con “Question”, un ultracorto sobre Multivac (el superordenador que utilizó en unos cuantos de sus relatos) que no ha sido incluido en ninguna antología. Aparece en marzo de 1955 en una revista llamada Computers and Automation y se reedita un par de años más tarde en Science World. En ese momento, otro escritor se pone en contacto con Asimov y le hace  notar las similitudes entre ese relato y otro que él ha publicado varios años antes. Los relatos son, en realidad, bastante distintos, pero el clímax narrativo es casi idéntico.

Asimov no esá seguro de lo que ha pasado y, desde luego, no tiene conciencia de haber copiado el cuento del otro individuo: pero se da cuenta de que, sin duda, éste ha sido publicado antes de que él escriba el suyo y que, además, posee (y seguramente ha leído) la antología en la que ha aparecido el otro cuento. Puede ser pura casualidad, pero parece más probable que se trate de un caso de plagio inadvertido: leído el cuento y olvidado rápidamente, el final sin embargo queda rodando por su cabeza y acaba usándolo sin darse cuenta de que no es suyo. Cosas como esas pasan con más frecuencia de lo que se cree, de hecho.

Así pues, accede a retirar su cuento de circulación y no lo incluye jamás en sus propias antologías ni permite que otros lo edien.

Este incidente sería comentado por el propio Asimov en Gold, una antología postuma editada en 1995.

* * *

En “Sufragio universal” el autor toma una tendencia existente en el mundo real y la lleva a las últimas consecuencias. Está escrito en una época en que las encuestas electorales comenzaban a ponerse de moda y se discutía su fiabilidad y, probablemente, se hablaba de ellas como herramientas predictivas válidas. A partir de ahí, construir esa sociedad donde el resultado de las elecciones se decide en base a una encuesta única realizada sobre un solo ciudadano elegido de forma aleatoria, era cuestión, simplemente, de llevar las cosas al extremo. El relato se lee con agrado, pero no aporta nada especialmente relevante.

* * *

“La última trompeta” es un cuento apocalíptico. Dios ha decidido que ha llegado el día del Juicio Final, los ángeles tocan la trompeta y los muertos se levantan de sus tumbas.

Es un cuento, como poco, curioso, enfocado alrededor del paseo que da el personaje central por la ciudad a medida que muertos cada vez más antiguos van despertando y uniéndose a los vivos mientras todos aguardan el juicio.

Al final, éste se evita por una pirueta de calendario y todo parece volver a la normalidad,  pero un personaje siniestro aguarda entre bastidores su próxima oportunidad.

La moralina final (una advertencia contra el peligro atómico, algo inevitable en los años cincuenta) estropea lo que de otro modo habría sido un buen cuento.

* * *

Como ya hemos comentado anteriormente, Heinlein acusó amistosamente en cierta ocasión a Asimov de hacerse de oro a cuenta de sus obsesiones. Se refería al cuento “Soñar es un asunto privado”, que Asimov publica en 1955.

Y algo de eso hay. El personaje central del relato es una suerte de “bicho raro con talento” que no encaja en ningún sitio demasiado bien y al que le gustaría poder no tener su don y dejar de soñar. Sin embargo, no puede. Es fácil ver que el personaje es, en cierto modo, un trasunto del propio Asimov y de su obsesión cada vez mayor por escribir, hasta el extremo de que llegaría un momento en que iba a resultar difícil convencerlo para que hiciera nada más. Su día a día acabaría consistiendo precisamente en eso: levantarse, sentarse frente a la máquina de escribir y permanecer ante ella hasta el momento de volver a acostarse… más o menos. Es evidente que se levantaba para comer o hacer sus necesidades, pero no lo es menos que si hubiera podido agenciarse un sistema (un par de sondas, pongamos por caso) para no tener que detenerse a satisfacer esas engorrosas necesidades biológicas, lo habría usado, y habría pasado el resto de su vida “atado” a su máquina de escribir y, seguramente, sintiéndose feliz.

Por el contrario, el protagonista de “Soñar es un asunto privado” siente su don como una maldición y quisiera librarse de él, aunque no puede. Toda su vida se ve afectada por su talento, especialmente la relación con su mujer que tiene que “sufrir”, en cierto modo, las excentricidades de su marido. No es descabellado pensar que ahí Asimov está, una vez más, haciendo un retrato deformado de su relación con Gertrude, su primera esposa.

Este cuento, por otro lado, no es el único de los publicados ese año en los que Asimov utiliza piezas de su propia personalidad y algunas de sus manías como base para componer un personaje o una situación.

En “La campana armoniosa” y “La piedra parlante” nos presenta a Wendell Urth, un extraterrólogo cuasi claustrofílico que se niega a usar medio alguno de transporte que no sean sus propias piernas, con la consecuencia obvia de que es una autoridad en el espacio exterior sin haber salido casi nunca de su casa. En realidad aquí Asimov parte de un cliché habitual de la novela policiaca de corte clásico: el detective misántropo que resuelve los crímenes sin haberlos visto y, muchas veces, sin presenciar siquiera la escena del crimen y cuyo máximo exponente es, sin duda, Nero Wolfe, que jamás sale de su casa.

Dado que estos dos cuentos son, precisamente, naraciones policiacas, ese estereotipo le va como anillo al dedo. Con ellos, Asimov inicia una serie de relatos policiacos de ciencia ficción en los que Urth es siempre quien desvela el misterio y apunta a la policía en la dirección correcta. Son cuentos de corte clásico, en los que lo que importa a menudo (como pasa en “La campana armoniosa”) no es descubrir quién es el asesino o cómo ha realiza su crimen -algo que muchas veces se sabe nada más empezar la historia- sino cómo se las apañará Urth para demostrarlo.

La serie será breve y no llegará a la media docena de relatos. Y es una pena: como fusión entre policiaco y ciencia ficción son bastante buenos y la personalidad excéntrica de Urth les añade más interés. En cierto modo, Asimov está tanteando en busca de un personaje que pueda servirle como hilo conductor para una serie policiaca: Urth con sus excentricidades, es uno de sus primeros intentos realmente logrados, pero no será hasta que de con Henry, el camarero de los Viudos Negros (inspirado en el Jeeves de Woodhouse), cuando encuentre lo que realmente estaba buscando.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “La campana armoniosa” (The Singing Bell). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, enero 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Question”. En Computers and Automation, marzo 1955. Sin edición en castellano.
  • “Riesgo” (Risk). En Astounding Science Fiction, mayo 1955. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “La última trompeta” (The Last Trump). En Fantastic Universe, junio 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Sufragio universal” (Franchise). En If: Worlds of Science Fiction, agosto 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “La piedra parlante” (The Talking Stone). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, octubre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1992).
  • “Mundo onírico” (Dreamwordl). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, noviembre 1955. Edición española más reciente: Opus 100 (Alianza, 1983).
  • “Soñar es un asunto privado” (Dreaming is a Private Thing). En The Magazine of Fantasy & Science Fiction, diciembre 1955. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “The Portable Star”. En Thrilling Wonder Stories, invierno 1955. Sin edición en castellano.
© 2009, Rodolfo Martínez



Copyright 2010 - 2008, Rodolfo Martínez. Tema original de SEO-Themes.