En los tres primeros meses de 1951, Asimov prácticamente se adueña de la revista Galaxy. Su novela Polvo de estrellas aparece serializada, bajo el título de Tyrann, en los números de enero, febrero y marzo. Asimov no se siente del todo contento con esa novela, pero eso es algo de lo que ya hablaremos más adelante.
En cualquier caso, es sintomático que buena parte de lo que publica ese año aparezca en esa revista, dirigida por Horace L. Gold. Es un indicio claro de que la hegemonía de Astounding está empezando a tambalearse y, ciertamente, a lo largo de los años cincuenta tendrá que disputar el primer puesto, no sólo con Galaxy, sino con The Magazine of Fantasy & Science Fiction de Anthony Boucher. A medida que John Campbell se vaya volviendo más excéntrico en sus creencias (fue uno de los primeros adalides de la Dianética de L. Ron Hubbard y cada vez se sentía más fascinado por la percepción extrasensorial y el esoterismo “científico”) y reflejándolas en lo que publica en su revista, Astounding irá declinando poco a poco hasta perder su posición hegemónica en el mercado de las revistas de ciencia ficción.
Asimov no es una rata que abandona el barco que se hunde (que, además, no se está hundiendo), pero el hecho de que surjan nuevas revistas que, además, tengan calidad suficiente para competir con Astounding es para él un alivio, en cierto modo. En los últimos años había publicado prácticamente en exclusiva con Campbell, lo que tenía el peligro evidente de que, si desaparecía éste, bien podía encontrarse sin lugares en los que publicar.
Con la ampliación del mercado, Asimov no abandona Astounding, pero la revista deja de ser su primer objetivo.
En lo que se refiere a narrativa breve, ese año Asimov publica siete relatos (ocho, si contamos “Los Psicohistoriadores”, escrito ex profeso para la edición en libro de Fundación). De ellos, resultan especialmente destacables “Conducto C” y “Huésped”. “Creced y multiplicaos” y “Satisfacción garantizada”, por otro lado, no son malos cuentos. En cuanto a “Cómo se divertían”, “El Sha Guido G” y “Por una buena causa” van de lo intrascendente a lo fallido.
“Por una buena causa” parte de una idea interesante (el hombre cuyas ideas resultan incómodas pero que, andando el tiempo, se revela como la persona imprescindible) y tiene el interés añadido de que Asimov intenta crear y desarrollar un personaje que se acerca bastante a las antípodas de su pensamiento y carácter: básicamente un fanático alarmista al que, sin embargo, las circunstancias acaban dando la razón. Por desgracia, carga demasiado los dados para conseguir ese efecto, de forma que todo lo ocurrido nos acaba resultando forzado y, en ocasiones, traído por los pelos. Para rematar, el conflicto dialéctico entre los dos personajes principales no termina de resultar creíble. Todo eso hace que el relato, pese a contar con buenos momentos e ideas interesantes quede un poco a mitad de camino y no resulte por completo satisfactorio.
“El Sha Guido G” no es otra cosa que un chiste alargado en exceso (muy en exceso, de hecho, porque el relato no es precisamente corto) y orientado a un retruécano final que ni siquiera resulta especialmente ocurrente. El título original, “Sha Guido G” es, de hecho, un juego de palabras con “shaggy dog” (perro de lanas) que tampoco acaba de tener demasiada gracia. Vamos, un cuento perfectamente prescindible y olvidable.
En cuanto a “Cómo se divertían”, su mérito principal es la visión que nos presenta de un futuro donde la enseñanza está totalmente informatizada. Curiosamente, junto a “Anochecer”, es el cuento de Asimov que más veces ha sido incluido en alguna antología. Quizá porque, pese a no ser nada del otro mundo, no es un relato molesto ni mal llevado y tiene su aquel como historia adecuada para el público juvenil.
“Satisfacción garantizada” es tal vez el primer cuento de robots de Asimov que no gira alrededor de un posible fallo en las tres leyes de la robótica. Susan Calvin aparece en esta historia, si bien en un papel menor, centrada en la atracción que una modesta ama de casa acaba sintiendo por el robot humanoide que le han asignado y los problemas emocionales que eso le causa. Dirigido, claramente, al impacto de la frase final, sin embargo el relato está bien planificado y ejecutado y consigue mantener el interés a lo largo de toda su extensión. Para cuando termina y Susan Calvin lo remata con su frase lapidaria, medio la vemos venir, pero dado que cierra de un modo adecuado lo que hemos leído, tampoco nos resulta molesto.
Uno de los aspectos más interesantes de este cuento es, probablemente, el que sea una suerte de anticipo de la situación sentimental que se describe en Los robots del amanecer, novela que no escribiría hasta treinta años más tarde. De hecho, es algo relativamente común (no sólo en Asimov, sino en bastantes escritores) que sus relatos cortos sirvan de embrión o incluso de banco de pruebas para ideas que posteriormente serán desarrolladas en sus novelas de forma más pormenorizada.
“Creced y multiplicaos” es un juguete extraño, en cierto modo. Porque tiene su aquel de historia dickiana, con toda la paranoia que envuelve el cuento y su premisa de que el universo no es otra cosa que el equivalente meta-cósmico de una placa Petri donde criaturas todopoderosas experimentan con la vida inteligente igual que nosotros lo hacemos con las bacterias. Una idea, por cierto, no muy distinta a la que hay tras “El chistoso”, aunque en ese cuento Asimov tratará el asunto de un modo muy distinto y, en general, bastante más satisfactorio.
Pero “Creced y multiplicaos” no está exento de interés, no sólo por la idea de partida sino por algunos de los personajes implicados en él, especialmente el científico que intenta evitar por todos los medios dejarse llevar por sus impulsos suicidas y que vive atrapado en una suerte de paradoja emocional irresoluble. Es, también, un personaje que podría haber sido diseñado por Philip K. Dick, tanto por su paranoia como por su evidente desesperación. El relato no está entre lo mejor de Asimov y hay algo en él que no acaba de funcionar del todo; quizá porque al tema elegido le iría mejor un tratamiento más oscuro, más irracional. Pese a todo, es una buena muestra del hecho de que Asimov se atrevía con cualquier idea y que siempre estaba dispuesto a dejarse llevar por una buena premisa y ver hasta dónde podía llevarle, pasase lo que pasase.
De hecho, el arranque de su narrativa, el impulso inicial que lo lleva a emprender ya sea un relato o una novela, descansa sobre dos premisas aparentemente muy sencillas: imaginar un problema y darle una solución. Tras eso, lo único que hay que hacer es rellenar los huecos entre la aparición del problema y del hallazgo de la solución. Algo bastante más difícil de lo que parece a primera vista, pero que es una constante en toda la narrativa de Asimov.
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Los dos mejores cuentos que publica ese año son, sin duda, “Huesped” y “Conducto C”.
En este último aparece el que quizá sea el héroe asimoviano por excelencia: un hombrecillo gris, anodino, prácticamente un chupatintas (de hecho, es un contable) que, sin embargo, resulta ser el que salva la situación. Dotado tan solo de su inteligencia y su sentido práctico y sin una pizca de heroísmo en su carácter, es sin embargo el responsable de sacar de apuros al resto de los personajes, en apariencia mucho más “heroicos” que él. De hecho, su motivación para actuar no puede ser más prosaica: son las primeras vacaciones en veinte años que se toma y no está dispuesto a dejar que se las arruinen.
El personaje, en cierto modo, es una suerte de reflejo invertido del clásico héroe heinleiniano. En lugar del individualista extremo, emprendedor, de carácter fuerte y a menudo pintoresco, que no puede evitar dejar huella allá por donde pase y que es una constante en la obra de Heinlein, el personaje central de “Conducto C” es, como ya hemos dicho, de aspecto anodino. Pasa desapercibido ante todos y es continuamente subestimado e incluso ridiculizado… hasta que llega el momento de resolver la situación y es el único que lo hace. Y, como hemos dicho, sus motivaciones no pueden ser más de andar por casa. Ni siquiera podemos decir que es un anti-héroe en el sentido clásico de la palabra, ya que no es lo opuesto a un héroe. Es, simplemente, un hombrecillo normal, tranquilo y sensato, que no va a permitir que le arruinen las vacaciones.
El relato está bien llevado, su ritmo es adecuado y no lo es menos el modo en que va llevando a situación al terreno que a Asimov le interesa para contar lo que quiere. Poco a poco, a medida que los distintos personajes van mostrando sus puntos débiles y la situación se vuelve más tensa, el foco narrativo se va estrechando hasta centrarse finalmente en el protagonista que, hasta ahora, ha parecido un hombrecillo pusilánime y sin apenas carácter. En el momento en que salta al frente y se hace cargo de la situación, ésta da un vuelco que ya no abandonará hasta el desenlace.
Un magnífico relato que demuestra lo bien que Asimov maneja la interacción entre distintos personajes (a través, fundamentalmente del diálogo entendido como confrontación) y cómo prepara con habilidad el terreno para llevarnos a donde le interesa.
“Huésped” es, de nuevo, un relato bastante atípico, no sólo porque su protagonista es una mujer, sino porque está narrado por ella en primera persona. La confluencia de ambos elementos, muy poco frecuentes en la obra de Asimov, ya lo convierten en algo fuera de lo normal. Y lo cierto es que Asimov traza un retrato bastante creíble de la protagonista, consiguiendo que el lector empatice enseguida con ella y acepte su voz y sus percepciones sin problemas durante toda la historia.
El cuento es interesante por la especulación científica que hay en él; no tanto por la premisa de la que parte sino por el modo que la desarrolla. El trasfondo del relato se basa en la existencia una suerte de parásito que es el verdadero responsable de la evolución humana y que para el resto de las especies inteligentes de la galaxia resulta mortal; una idea que Asimov lleva a sus últimas consecuencias como sin darle importancia y que justifica de un modo tan plausible que a veces resulta aterrador pensar en el asunto.
Pero el verdadero interés de “Huésped” está en el retrato que traza de un matrimonio claramente disfuncional pero, por desgracia, muy creíble.
La protagonista es una mujer inteligente, culta, brillante que vive sin embargo sumida en un permanente complejo de inferioridad y que se ve a sí misma como poco atractiva y carente de interés para los varones. Su marido, atractivo físicamente y de maneras bruscas y dominantes es, sin la menor duda, el retrato robot del perfecto maltratador psicológico y a lo largo de la historia va quedando patente el modo sutil en el que domina a su esposa y frustra una y otra vez su crecimiento emocional.
“Huésped” no es la única historia que desmiente la leyenda de Asimov como un autor preocupado únicamente por la especulación tecnológica y, como mucho, el análisis social. Pero sí una de las mejores.
Porque si el cuento funciona narrativamente (y vaya si lo hace) es gracias a la interacción entre los personajes y a la situación familiar que va mostrando de un modo tranquilo, sutil y sin tener que describirla jamás, ni insistir sobre ella. Ni falta que le hace. Lo peor (o quizá lo mejor, podríamos decir) es la desesperada resignación con la que la narradora termina su relato y la derrota emocional y personal que implica esa resignación.
Cuando leí “Huesped” por primera vez, hace quizá treinta años, recuerdo que me impactó pese a que no entendía muy bien por qué. Ahora, cuando comprendo realmente lo que pasa y veo con claridad la situación que describe, el impacto no es menor. Al contrario.
BIBLIOGRAFÍA:
- “Por una buena causa” (In a Good Cause). En New Tales of Space and Time, Holt, 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
- “Satisfacción garantizada” (Satisfaction Guaranteed). En Amazing Stories, abril 1951. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
- “Huésped” (Hostess). En Galaxy Science Fiction, mayo 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
- “Creced y multiplicaos” (Breeds There a Man…?). En Astounding Science Fiction, junio 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992),
- “Conducto C” (C-Chute). En Galaxy Science Fiction, octubre 1951. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
- “El Sha Guido G” (Sha Guido G). En Marvel Science Fiction, noviembre 1951. Edición española más reciente: Compre Júpiter (Plaza&Janés, 1998).
- “Cómo se divertían” (The Fun They Had). En Boys and Girls Page, diciembre 1951. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
Me acabo de equivocar en la puntuación: quería marcar cuatro y no dos. He contado al revés.
Como siempre, me encanta saber la evolución del gran Asimov.
Un cordial saludo.
Bueno, hombre, no pasa nada. Lo de la puntuación es meramente anecdótico.
Aunque como guía de lo que le puede gustar a la gente que se pasa por aquí, tampoco viene mal.
En cualquier caso, lo que importa es que sigas pasando por aquí y disfrutando.