¿El fin de la Fundación?
En enero de 1949 aparece “La carrera de la Reina Roja” en Astounding, un cuento que, si los datos no me fallan, es la primera incursión de Asimov en el tema de los viajes en el tiempo.
Cierto que había escrito otras cosas antes al respecto, pero nunca llegaron a publicarse (como “Tirabuzón cósmico”, el primer cuento que intentó venderle a Cambpell) y acabaron perdiéndose. En “La carrera de la Reina Roja” Asimov juega a plantear una paradoja temporal (alguien envía textos de física moderna a la Grecia clásica, esperando alterar la historia) y a resolverla a continuación.
Es una historia sólida, con una idea brillante (ese “correr para seguir en el mismo sitio” que hay implícito en el título y que es una evidente referencia a los personajes de Lewis Carroll) y muy bien resuelta. No estamos ante tours de force como “Todos vosotros, zombis” o “Por sus propios medios” de Robert A. Heinlein (seguramente dos de los mejores relatos jamás escritos sobre viajes en el tiempo), pero no es un mal cuento para nada y demuestra, además, lo mucho que Asimov ha mejorado con los años.
Está narrado en primera persona, algo bastante infrecuente a lo largo de su carrera, y en un tono un tanto irónico, cercano en ocasiones al narrador característico de la novela negra americana, que le va muy bien a la historia. No es un hito (como pudo haberlo sido “Anochecer” en su momento) pero sí que es una buena muestra de la solidez que está alcanzando como narrador.
En mayo podemos encontrar en la misma revista “Madre Tierra”, una novela corta en la que lo más interesante (más allá de la anécdota narrada) es el escenario que plantea: una Tierra atrasada tecnológicamente, superpoblada y en clara desventaja económica y tecnológica con lo que fueron un día sus antiguas colonias. Es la primera vez (más allá de pinceladas aisladas) que Asimov se lanza de lleno a la especulación social, al desarrollo y análisis de distintas sociedades humanas. Aunque en el espacio de esta narración tiene tiempo para poco más que presentarnos la situación, la idea no caerá en saco roto. Y, de hecho, retomará esa ambientación posteriormente en su novela Bóvedas de acero.
Y finalmente, entre noviembre y diciembre, publica “…Y ahora no lo ves”, que será durante mucho tiempo la última historia de la Fundación. Para Asimov es, sin duda, el final del ciclo de relatos y manifiesta varias veces a lo largo de los años que no tiene la menor intención de volver sobre ese escenario. Se resistirá durante algo más de treinta años a regresar a la Fundación y, cuando lo haga, será con consecuencias bastante curiosas. Pero de eso ya hablaremos en su momento.
Entretanto, ¿qué nos ofrece este último relato?
Por un lado, y siento decirlo, uno de los personajes más odiosos de Asimov, esa Arkady Darell, que es el pivote alrededor del que gira la historia y que es digna de figurar con total merecimiento como miembro destacado de toda esa caterva de niños repelentes e insufribles que pueblan de vez en cuando cierto cine de aventuras.
Por suerte, la historia se salva por otros motivos. De un modo parecido a como lo hiciera en “El Mulo”, la peripecia de Arkady huyendo de la supuesta y temible Segunda Fundación es en realidad una cortina de humo destinada a que no nos demos cuenta de todo lo que está pasando entre bastidores. Y lo que está pasando es un juego de espejos, engaños y recontraengaños que figura entre los mejores momentos de Asimov como autor de narrativa de misterio.
A partir del capítulo titulado “Yo sé…”, donde cada personaje intenta dar su solución al misterio (situación que continúa en “La solución satisfactoria” y culmina con “La solución verdadera”), la historia no concede descanso al lector. Si ya comentamos que “Ahora lo ves…” tenía su aquel de matriushka literaria, aquí Asimov lleva esa tendencia a límites insospechados.
Cada solución propuesta al misterio que vertebra el relato (“¿Dónde está la Segunda Fundación y quiénes la componen?”) es totalmente coherente con los datos que tiene el lector y la habilidad de Asimov está en el modo en que va subiendo la temperatura emocional mientras dosifica y plantea esas soluciones, logrando que cada una nos parezca un poco más “correcta” y auténtica que la anterior y, de paso, metiéndonos en una especie de carrusel en el que casi esperamos impacientes la siguiente explicación, la próxima vuelta. Cuando se llega a la penúltima resolución del misterio, el lector casi la toma como buena inmediatamente, pues sin duda es la que mejor explica todo lo que ha pasado…
Hasta que llegamos al último capítulo (“La solución verdadera”, como dijimos) donde se nos da un último giro de tuerca y la verdad queda al fin revelada (y explicada a la perfección) con un par de palabras finales.
Asimov parece aquí un prestidigitador, ocultando el misterio justo delante de nuestras narices, desvelándolo sucesivamente (convenciéndonos por el camino de que es esa solución la auténtica… hasta que leemos la siguiente) y el descorriendo el velo final y mostrándonos la verdad en el último momento. Al terminar, uno casi siente la tentación de aplaudir o de gritar “¡Bravo!” y, desde luego, para entonces, el lector se ha rendido a los trucos del mago.
Trucos que, sin embargo, no implican trampa alguna. Asimov no se saca de la manga nada que no hubiera estado ahí previamente. El lector mismo puede dar con la verdadera solución del misterio si es lo bastante listo, porque el autor ha jugado todo el rato según las normas, y si la mayoría no lo hace es sólo por la maestría con la que consigue centrar nuestra atención en otro lado durante todo el proceso.
Los que acusan a Asimov de ser un escritor ramplón, de recursos escasos y carente de sutileza deberían repasar el final de este relato para darse cuenta de algo tan obvio como el hecho de que un mal escritor sería incapaz de hacer todos esos pases de manos delante de nuestros ojos del modo en que lo hace.
Es cierto que los recursos narrativos de Asimov son limitados; sin duda su versatilidad como escritor es escasa y no cabe duda de que las técnicas literarias que usa son pocas y casi siempre las mismas. Pero no es menos cierto que esas técnicas, cuando quiere, sabe usarlas de un modo magistral.
BIBLIOGRAFÍA:
- “La carrrera de la Reina roja” (The Red Queen’s Race). En Astounding Science-Fiction, enero 1949. Edición española más reciente: Cuentos competos II (Ediciones B, 1993).
- “Madre Tierra” (Mother Earth). En Astounding Science-Fiction, mayo 1949. Edición española más reciente: La Edad de Oro III (Plaza & Janés, 1988).
- “…Y ahora no lo ves” (…And Now You Don’t). En Astounding Science-Fiction, noviembre y diciembre 1949. Edición española más reciente (como “La búsqueda de la Fundación): Segunda Fundación (La Factoría de Ideas, 2008).

(3 votes, average: 4.00 out of 5)


