Podría parecer que 1945 también fue un mal año, visto que Asimov sólo publica cuatro relatos. Sin embargo en este caso las apariencias engañan. Pues uno de esos relatos es una novela corta y el otro podría ser considerado sin ningún problema como una novela completa.
Los cuatro son publicados en Astounding; lo cual lo convierte, ya de un modo definitivo, en un “autor de Campbell”. Eso es algo que, en cierto modo, había sido su objetivo desde que empezó a intentar publicar sus relatos. Al fin y al cabo, Astounding es la publicación dominante de ciencia ficción en ese momento (y lo seguirá siendo durante unos años más) y ser un autor casi diríamos que “de plantilla” de la revista no es moco de pavo.
Aunque tiene su contrapartida, y Asimov es consciente de ello. ¿Y si Campbell deja la revista? ¿Y si, simplemente, la editorial decide dejar de publicarla? La idea de tener todos sus huevos literarios en la misma cesta es algo que puede resultar peligroso, por mucho que sea la mejor cesta del momento.
Pese a todo, no parece que intente diversificar los lugares donde publicar. Durante un tiempo, Asimov sigue haciendo lo mismo que ha hecho en los últimos años: somete en primer lugar a Campbell todo lo que escribe y, sólo si éste lo rechaza, intenta buscar otro lugar.
Pero en 1945 Campbell no le rechaza ningún cuento. De hecho, entre 1943 y 1949, Asimov publica todo lo que escribe en Astounding. A partir de los años cincuenta, la cosa empieza a cambiar, no sólo porque aparecen nuevas revistas que le pueden hacer sombra a la de Campbell (como la Galaxy de Frederick Pohl -y, posteriormente, de Horace L. Gold- o The Magazine of Fantasy & Science Fiction –abreviada normalmente a F&SF- de Anthony Boucher) sino porque empieza a haber otros lugares donde publicar, aparte de las revistas.
Pero eso, de momento, es el futuro.
En el presente, aparte de su ya definitivo asentamiento en lo literario como “autor de Astounding”, en lo personal suceden algunos cambios y el más traumático quizá sea que vemos a Asimov vistiendo uniforme.
El modo en que acaba en el ejército tiene su gracia, visto hoy, aunque sin duda a él debió costarle trabajo en su momento encontrar la parte humorística de la situación.
Durante la guerra, los trabajadores de la NAES estaban exentos de ser llamados a filas: en cierto modo su trabajo era una prestación complementaria al esfuerzo bélico. Acabada la guerra, sin embargo, el gobierno advierte a la NAES de que debe prescindir de parte de su personal: puede “proteger” bajo su ala a un porcentaje, pero debe dejar a los otros fuera de esa protección y, si cumplen los requisitos físicos, serán llamados a filas.
La NAES decidió jugar a ser más lista que el gobierno: así que protegió a aquellos que cumplían los requisitos físicos y dejó “disponibles” a los que no, con la esperanza de quedarse, de ese modo, con todo su personal. ¿El resultado? El gobierno rebajó los requisitos y el personal no protegido (entre ellos Asimov) fue llamado a filas.
Se lo tomó con resignación. Al fin y al cabo, la guerra había terminado, así que el momento de mayor peligro había pasado. Y, por otra parte, se decía, entraba en el ejército para que un veterano que había estado al pie del cañón pudiera volver a casa y disfrutar de un merecido licenciamiento.
Y al final, por una serie de circunstancias, su estancia en el ejército fue más corta de lo que él pensaba: se incorporó al ejército en el otoño de 1945 y se fue de él a principios del año siguiente. Tras el periodo de instrucción fue destinado al atolón bikini (donde se iban a hacer algunas de las primeras pruebas nucleares) y, a mitad del viaje, descubrió que por un error administrativo su mujer no estaba recibiendo la pensión. Solicitó un permiso para resolver el tema y luego, ya metido en harina, pidió una licencia para continuar con sus estudios. No tardó en ser licenciado de forma definitiva.
Su experiencia como soldado no resultó demasiado traumática, aunque tampoco fue especialmente agradable (e incluyó un par de viajes en avión que hicieron que la sola idea de volar lo llenase de terror durante el resto de su vida). Supongo que parte de lo que le alegró la estancia en el ejército fue ir viendo cómo aquel año se publicaban sus relatos. En ese tiempo, según confiesa, escribió más bien poco (de hecho, en 1946 sólo publicaría un cuento, y otro tanto haría en 1947) y sus dudas sobre la viabilidad de ganarse la vida escribiendo ciencia ficción no menguaron, sino todo lo contrario.
Ese fue uno de los motivos seguramente por el que volvió a la universidad dispuesto a doctorarse.
Pese a todo, el material que publicó aquel año no era en absoluto desdeñable.
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En marzo aparece “Callejón sin salida”, un relato en el que Asimov se las apaña para usar como herramienta literaria el lenguaje burocrático que ha aprendido durante su estancia en la NAES. De hecho, todo el cuento está estructurado alrededor del intercambio de informes, requerimientos y memorandos entre varios personajes y es a través de ellos como va haciendo avanzar la trama hacia el giro de tuerca final que cierra la historia de un modo brillante.
Es un cuento que podría encuadrarse sin problemas en el mismo Imperio Galáctico del que parte la Fundación, seguramente en su momento de mayor esplendor, a juzgar por el modo en que la burocracia ha florecido. Narra el destino de la única especie extraterrestre que los humanos han encontrado durante su expansión galáctica y funciona a varios niveles.
En primer lugar, por su tratamiento de los seres inteligentes extraterrestres y la sociedad que han creado. Viendo cuentos como éste no podemos por menos que lamentar que el deseo de evitar conflictos con Campbell llevase a Asimov a usar una civilización galáctica exclusivamente humana. Porque las pocas veces que presentó alienígenas supo mostrarlos, biológica y socialmente, como seres realmente ajenos a lo humano y los hizo interesantes describiéndolos desde su propio punto de vista. Una lección que sin duda aprendió de autores como Stanley G. Weinbaum, por el que Asimov siempre sintió admiración.
En segundo lugar porque nos muestra de un modo magistral cómo se puede trabajar desde dentro del sistema, aprovechando sus propias características para obtener lo que deseas. La forma en que Antyok, el personaje central del cuento, utiliza los resquicios burocráticos y manipula a las distintas facciones para sus propios propósitos es magistral.
Y por último, y relacionado con lo que acabo de comentar, porque es una brillante sátira de la burocracia y su lenguaje y de ciertos idiolectos profesionales que se acaban volviendo incomprensibles para los no iniciados, hasta que la simple oscuridad en la forma acaba confundiéndose con la profundidad del fondo. De hecho, un par de años más tarde, Asimov volvería sobre el tema con “Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada”, donde parodia despiadadamente el lenguaje de los trabajos académicos de química.
Al mes siguiente, aparece “La mano muerta” (“El general”, cuando sea recopilada en Fundación e Imperio), una novela corta donde enfrenta a la ya pujante Fundación con los restos en decadencia del Imperio Galáctico. Aunque el relato es irregular (hay ciertos altibajos en el ritmo) funciona gracias, sobre todo, a la interacción entre los distintos personajes: descritos, es cierto, de un modo superficial, sin embargo lo son lo suficiente para que el lector empatice enseguida con ellos y siga sus peripecias interesado por lo que está pasando. Es quizá la primera vez que Asimov se toma la molestia de mostrar que tanto protagonistas como antagonistas tienen buenos motivos para hacer lo que hacen y, de hecho, mientras leemos la historia tenemos nuestras dudas acerca de en qué lado ponernos.
Por “diseño”, podríamos decir, las simpatías del lector van hacia la Fundación y los personajes que la representan. Sin embargo, es imposible no ponernos del lado de Bel Riose y lamentar casi que no consiga su objetivo a causa de los celos de su emperador. Como apasionado de la historia, Asimov no es la primera vez que toma el pasado como modelo para su narraciones acerca del futuro (en “Fraile negro de la llama”, por ejemplo, usa la situación en Palestina bajo el dominio romano en el siglo I), pero creo que sí que es en “La mano muerta” donde esto se hace explícito: la situación descrita tiene mucho que ver con el Bizancio del emperador Justiniano y sin duda Bel Riose está basado, en nombre y en peripecia vital, en Belisario.
El cuento es también destacable por el modo en que Asimov frustra deliberadamente las expectativas del lector: durante buena parte de la historia tiene a los dos protagonistas corriendo de acá para allá, saltando de un lado a otro de la galaxia buscando de forma desesperada un modo de anular a Bel Riose… y cuando el relato acaba descubrimos que nada de lo que han hecho ha servido para nada, que en realidad Bel Riose ha caído porque así lo había predicho la psicohistoria y la situación social en el Imperio no permitía que las cosas fueran de otro modo. El grado de frustración que alcanzan los personajes en ese momento es considerable y, en cierta forma, también lo es el del lector: todo lo ocurrido hasta el momento había preparado las cosas para un momento crucial y, en realidad, ese momento crucial ha venido pasando todo el rato entre bastidores.
Sin embargo, el autor no ha hecho trampa: desde el mismo título (”La mano muerta”) y hasta diríamos que desde los primeros capítulos, se nos advierte de forma clara que Riose será detenido por las fuerzas inevitables de la historia, no por nada que ningún individuo aislado pueda hacer. Así que, en realidad, sabemos cómo deben pasar las cosas. Sin embargo, Asimov se las apaña para que lo olvidemos y nos tiene pegados a la silla siguiendo las peripecias de los protagonistas sin permitirnos pensar en lo que, en el fondo, sabemos: que nada de lo que hacen es necesario ni servirá para nada. No está mal para alguien a quien, a menudo, se le ha acusado de ser un narrador ramplón y simplote.
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“’¡Fuga!” (rebautizado por Campbell como “Fuga paradójica” y restaurado su título original cuando se incluye en Yo, Robot) es un nuevo relato de robots con Powell y Donovan, con la salvedad de aquí Susan Calvin vuelve a hacer su aparición. Y ahora sí que podemos decir que es para quedarse.
La historia sigue la fórmula de los otros cuentos de robots: buscarle las cosquillas a alguna de las tres leyes de la robótica y ver cómo solucionar una situación aparentemente irresoluble.
Visto hoy, sin embargo, quizá el principal punto de interés del relato es el modo en que Susan Calvin, con su sola presencia, convierte en secundarios en Powell y Donovan, hasta entonces concebidos como protagonistas de la serie. De un plumazo, Asimov crea su mejor personaje femenino (como ya dijimos, la Susan Calvin que aparece en “¡Embustero!” es poco más que un esbozo de lo que llegaría a ser) y, aunque en posteriores relatos la irá definiendo con más detalle, es en “¡Fuga!” donde establece sus principales características.
Susan Calvin es fuerte, decidida, enormemente inteligente y, sobre todo, consciente de que está rodeada de hombres menos inteligentes que ella que saben que lo son pero jamás lo reconocerán. La consecuencia es que está frustrada tanto emocional como sexualmente (en parte porque los hombres que podrían estar a su altura nunca la verán como objeto de deseo y en parte porque los que podrían verla así jamás estarán a su altura) y, por tanto, acaba desviando sus afectos hacia los robots, cosificando en cierta manera a los humanos y ascendiendo al rango de personas a los autómatas. Susan Calvin es una outsider que nunca formará parte del sistema, por más que el sistema la necesite para funcionar; que quisiera integrarse en él pero no está dispuesta a hacerlo en las condiciones que el sistema le ofrece. La alternativa es la soledad y la frustración y los únicos que verán sus verdaderas emociones son los hijos que nunca ha tenido y los amantes que quisiera tener: los robots. Y, de hecho, los únicos humanos por los que se permite sentir una respuesta emocional cálida son sospechosos de ser robots en realidad, como veremos más adelante.
“¡Fuga!”, por otro lado, está revestido de una suave pátina humorística casi imperceptible (Asimov empieza a comprender, quizá, que resulta más gracioso cuando no intenta serlo a toda costa) que hace que sea uno de esos relatos que se te quedan grabados enseguida y que, al terminar, te dejan muy bien sabor de boca: delirante es toda la secuencia de Powell y Donovan experimentando alucinaciones en un estado cercano a la muerte, y claramente humorístico el modo en que el ordenador de US Robots & Mechanical Men se convierte en un genio malicioso (se vuelve un poco loco, por así decir) para evitar que una contradicción lógica le acabe friendo los circuitos. Un humor muy británico y muy decimonónico, muy del estilo de P.G. Woodhouse, un autor que, como ya hemos dicho otras veces, es una de las influencias reconocidas y reconocibles de Asimov.
Un Asimov que no puede terminar mejor el año. Su novela “El Mulo” se publica en Astounding en dos partes (en los números de noviembre y diciembre). Si hasta entonces las historias de la Fundación repetían más o menos el mismo esquema (la Fundación se ve abocada a una crisis que ya ha sido prevista por la psicohistoria de Hari Seldon, al igual que su resolución, y a raíz de ella va avanzando un poco más hacia su posición hegemónica en la galaxia) aquí se dinamitan las reglas del juego y la Fundación se ve enfrentada a un oponente al que no puede derrotar.
Las matemáticas de Seldon tratan a los seres humanos como un ente colectivo, donde las entidades individuales son simples partes de una tendencia estadística y, por tanto, los actos de un único ser carecen de trascendencia (véase precisamente lo que ocurre en “La mano muerta”/”El general”). Pero el Mulo escapa a las predicciones de la psicohistoria al ser un émpata que puede percibir y manipular las emociones de los demás y acaba derrotando a la Fundación, desbaratando las predicciones psicohistóricas y, posiblemente, dejando tocado de muerte el ambicioso plan de Hari Seldon. Y ya que éste estableció dos Fundaciones “en extremos opuestos de la galaxia” el Mulo decide, mientras estabiliza su imperio recién creado, lanzarse a la conquista de la Segunda Fundación, siempre a un paso por detrás de los protagonistas de la historia, que huyen una y otra vez con el desastre permanentemente pisándoles los talones, y tratan de encontrar a la Segunda Fundación para advertirla del Mulo.
Con esta narración Asimov da el primer paso real del relato a la novela y, probablemente, lo hace sin ser consciente del todo de que lo está haciendo. Sus cuentos de la Fundación han ido haciéndose progresivamente más complejos y más largos, de modo que no hay un verdadero salto: simplemente, el autor lleva a su extremo lógico una tendencia que había iniciado un par de años antes.
Como digo, no creo que fuera algo buscado de un modo deliberado. Simplemente, a medida que va definiendo más el escenario y ahondando en todo lo que puede ofrecerle, se encuentra con que necesita más espacio para narrar. Cuando escribe “El Mulo” ha pasado del cuento a la novela casi sin darse cuenta.
Y, aunque nunca ha sido publicada de forma independiente (serializada primero en Astounding, incorporada después a Fundación e Imperio, de la que forma los dos tercios finales, y recogida en una antología asimoviana publicada por Octopus Books en 1981, no tiene más ediciones) es una estupenda primera novela.
Los personajes están bien tratados, tanto los protagonistas (la pareja formada por Bayta y Toran Darel -basados, por cierto, en el propio Asimov y su primera mujer, Gertrude- en la que ella es claramente la personalidad dominante; o el bufón Magnífico) como los secundarios (el capitán Han Pritcher, o el científico Ebling Miss). Y lo está especialmente bien el personaje que da título a la historia y al que sólo se ve de forma explícita en las últimas páginas; con solo un par de frases (y la necesaria recapitulación y reinterpretación de todo lo que hemos leído a causa de ellas) queda magníficamente retratado y se convierte en uno de los grandes personajes de la narrativa asimoviana.
El Mulo es, sin duda, un ser contradictorio, patético y, al mismo, dotado de un aura casi trágica. Es el motor de toda la historia sin estar presente en ella y es el responsable de que el resto de los personajes se muevan hacia donde lo hacen y por los motivos por los que lo hacen.
Toda la novela es una huida hacia adelante (con el desastre pisándoles siempre los talones a los personajes, como he dicho) y es también la resolución de un misterio y, al mismo tiempo, una interesante reflexión sobre la manipulación social y emocional. Es buena como ciencia ficción pero no lo es menos como relato policiaco, como historia de misterio.
Y, como en las buenas historias policiacas, una vez que el misterio se resuelve y queda claro lo que ha ocurrido, el placer está ahora en la relectura: en volver sobre el relato sabiendo lo que realmente pasa y disfrutar del modo en que el autor va poniendo sus piezas sobre el tablero y las hace moverse con maestría hacia un desenlace que parece inevitable.
Y todo ello sin hacer trampa.
Porque en “El Mulo”, Asimov nos muestra, quiza de forma clara por primera vez, una de sus principales características como escritor, como futuro novelista: su manejo ejemplar de la trama y la estructura, su adecuada dosificación del suspense y, sobre todo, lo lógicas e inevitables de sus conclusiones. Asimov es un obseso de la honradez con sus lectores. Como lector él mismo de novela policiaca (y fan absoluto de la novela-problema inglesa) para él una exigencia irrenunciable es que el misterio debe tener una solución lógica y coherente y las semillas de la misma tienen que irse plantando a lo largo de la historia. El lector debe tener la oportunidad de descubrir por sí mismo el misterio y el autor no puede hacer trampa y escamotearle las cosas. Podrá despistar, podrá intentar volver la atención hacia otro lado, puede distorsionar la verdad, pero no debe mentir nunca.
Y en ese aspecto, “El Mulo” es ejemplar.
BIBLIOGRAFÍA:
- “Callejón sin salida” (Blind Alley). En Astounding Science Fiction, marzo 1945. Edición española más reciente: La Edad de Oro II (Plaza & Janés, 1988).
- “La mano muerta” (Dead Hand). En Astounding Science Fiction, abril 1945. Edición española más reciente (como “El general”): Fundación e Imperio (La Factoría de Ideas, 2008).
- “¡Fuga!” (Scape!). En Astounding Science Fiction, agosto 1945. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
- “El Mulo” (The Mule). En Astounding Science Fiction, noviembre y diciembre 1945. Edición española más reciente: Fundación e Imperio (La Factoría de Ideas, 2008).



