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Asimov y España (I): Del amor al odio

Posted on Lunes 22 Diciembre 2008

En los años setenta Asimov era el escritor que todos los editores españoles querían publicar, o eso parecía. Bruguera, Plaza & Janés, Alianza Editorial, Vértice, Edhasa… Fue Bruguera la que se llevó el gato al agua, al menos en lo que se refiere a su obra de ciencia ficción, seguida muy de cerca, seguramente, por Alianza, que no tardó en especializarse en sus libros de divulgación.

Así, durante esa década, Asimov fue un autor que parecía estar en todas partes en las librerías españolas. Y en los años ochenta, esa tendencia no pareció disminuir. Era el escritor de ciencia ficción que publicaban incluso los editores que no tenían el menor interés en publicar ciencia ficción. Y era el escritor de ciencia ficción conocido incluso por los lectores que no tenían el menor interés en leer ciencia ficción.

Durante más de veinte años, Asimov fue en España sinónimo de ciencia ficción. Los aficionados al género seguro que le veían de otro modo (aunque si lo pienso un poco, ¿cuántos se iniciaron en la ciencia ficción a través de la obra de Asimov en los años sesenta, setenta y buena parte de los ochenta?), pero en el ancho mundo que hay más allá del fandom, las cosas eran de otro modo. Si a un lego en el asunto le decías ciencia ficción, había muchas posibilidades de que su reacción fuera “Isaac Asimov” o, si estaba un poco más al loro, “Isaac Asimov y Arthur C. Clarke”.

El tiempo pasó y la situación no tardó en dar un vuelco. Vuelco que empezó a mediados de los ochenta y al que contribuyó, sin duda, la calidad como poco discutible de las novelas que Asimov publicó a partir de esos años.

Y, como los españoles tendemos a ser criaturas de extremos, Asimov no tardo en pasar de ser el autor de ciencia ficción, el hombre que con su sola presencia definía el género, a una nulidad literaria cuya importancia para el desarrollo de la CF había sido poco menos que irrelevante. Y esto no bastó. Ningunearlo no era suficiente; había también que odiarlo, como si nos hubiera hecho algo personal.

Porque los argumentos que se usaban para denostar a Asimov iban de lo puramente literario (lo cual tendría sentido, sin duda) a lo directamente peregrino. Rebatir su importancia como autor centrándose en sus carencias como escritor era un postura defendible y argumentable, pero negarle el pan y la sal con el razonamiento de que su “preponderancia pública”, por llamarla de algún modo, había oscurecido a autores realmente relevantes era tan estúpido como carente de sentido. Como si Asimov fuera responsable de que los editores (y hemos de suponer que también lectores, porque me cuesta creer que un empresario se tire veinte años vendiendo un producto que el público no quiere comprar) lo publicaran una y otra vez, o su popularidad más allá del género fuera producto de una conspiración por su parte para ningunear a los demás.

Si los editores consideraban a Asimov una apuesta segura y preferían publicarlo a él antes que probar suerte con otros autores… ¿era acaso culpa de Asimov? ¿Hace falta realmente hacer esa pregunta?

Confieso que en estos momentos no sé muy bien cuál es el estatus de Asimov entre los aficionados al género. Si tuvierámos un comportamiento mínimamente lógico habría alcanzado el lugar que realmente le corresponde: una figura de indudable valor histórico para entender la evolución de la ciencia ficción y un escritor competente con una obra interesante y algún hito destacable. Ni el gigante al que algunos adoraban ni la nulidad que otros querían ver, en cualquier caso.

Aunque sospecho que no tenemos un comportamiento mínimamente lógico y que los aficionados españoles siguen oscilando entre esos dos focos: adoración y desdén.

Fan, al fin y al cabo, viene de fanatic, no lo olvidemos. De hecho, durante muchos años ha habido unas cuantas personas, con cierta relevancia intelectual dentro del mundillo de aficionados, que han insistido en que no lo olvidásemos.

En lo que nunca insistieron, sin embargo, fue en el hecho evidente de que hay tantos fanáticos entre el sector más friki de los aficionados a la ciencia ficción, como en el más gafapasta. Pero eso ya es otra historia, me temo, y ni siquiera estoy seguro de que sea contada en otra ocasión.

© 2008, Rodolfo Martínez



Anochecer

Posted on Lunes 15 Diciembre 2008

¿Es realmente “Anochecer” el mejor cuento de ciencia ficción de todos los tiempos? ¿Es el mejor cuento que ha escrito Asimov?

Creo que no, en ninguno de los dos casos.

Sin duda la idea de partida es brillante. La historia está bien trabada y desarrollada de un modo convincente. Los personajes son creíbles.

Pero “Anochecer” es un ejemplo perfecto de lo que hizo que la Edad de Oro de la Ciencia Ficción fuese lo que fue. Para bien y para mal.

El problema del relato es que Asimov aún no sabe escribir sin librarse por completo de los peores amaneramientos del pulp, que aún no ha conseguido desprenderse de un buen montón de clichés; no tanto en lo que nos cuenta sino en la forma de contarlo.

El resultado es que tenemos, como he dicho, una idea brillante, una especulación llena de ese “sentido de la maravilla” que debe tener la buena ciencia ficción. Pero la ejecución de la idea no le hace justicia, no está a su altura.

Entendedme bien, no es un mal cuento. Asimov está aprendiendo cómo contar bien una historia a velocidades realmente vertiginosas (parece mentira que, apenas un año antes fuera capaz de perpetrar “La amenaza de Calixto” o “El arma demasiado terrible para ser usada”) y se va acercando a la madurez a un ritmo escalofriante. De ser un recién llegado torpe pero prometedor ha pasado en poco más de un año a ser un tipo a tener en cuenta.

Y, sin duda, de todos los relatos que había escrito hasta entonces, “Anochecer” es el mejor y tardará algún tiempo en volver a estar a su altura. El cuento es bueno por la idea que lo sostiene y por el modo que, poco a poco, de un modo casi magistral, el autor va situando las distintas piezas narrativas en el tablero y luego las hace moverse hasta la inevitable conclusión.

La estructura narrativa de “Anochecer” no tiene nada objetable. En realidad, el cuento en sí no tiene nada objetable.

Excepto su estilo, que aún no está a la altura.

De haber escrito este mismo cuento unos años más tarde (sólo unos pocos más, tal vez justo después de la Segunda Guerra Mundial) sería casi con total seguridad uno de los grandes relatos de CF de todos los tiempos y, muy probablemente, el mejor cuento de Asimov.

Sin embargo, no lo es.

Pero “Anochecer” es importante por otros motivos.

Como ya comenté, marca un punto de inflexión en la carrera literaria de Asimov: es la primera vez que le conceden la portada (es decir, la ilustración de cubierta está dedicada a su relato) y es la primera vez que le pagan por encima de la tarifa habitual. Sin duda Campbell estaba satisfecho con el resultado. Especialmente porque, en cierto modo, él había criado a Asimov como escritor profesional; así que verlo pasar en algo más de un año de un joven prometedor a un tipo capaz de escribir un cuento como aquél seguro que lo llenó de orgullo.

Así que en cierto modo, “Anochecer” es el proyecto de fin de carrera de Asimov. A partir de entonces ya no es un estudiante, sino un profesional. No en el sentido de que se gane la vida escribiendo, eso aún está a unos años en el futuro, sino en el de que empieza a encarar su actividad literaria desde una perspectiva profesional y afronta la escritura como una profesión y no un simple pasatiempo que le puede proporcionar algún ingreso extra.

Creo que a partir de ese momento llegar a convertirse en un escritor profesional, en alguien que viviera exclusivamente de lo que escribía, se transformó para Asimov, de un sueño vagamente posible, a una meta realizable.

No a corto plazo, cierto. Y, como hombre prudente (al fin y al cabo fue criado en un entorno de austeridad, en medio de la Gran Depresión, lo que marcó su carácter de un modo indeleble), Asimov tardó bastante en convencerse a sí mismo de que lo único que necesitaba para vivir (y vivir bien) eran los ingresos que le proporcionaba su talento como escritor.

No creo, en cualquier caso, que fuera una revelación, que Asimov viera su nombre en la portada de Astounding y se dijera que en un tiempo estaría ganándose la vida como escritor.

Seguramente se trató de algo paulatino. Un camino largo y sin prisas lleno de ciertos hitos que le aseguraban que estaba yendo en la dirección correcta. “Anochecer” fue uno de esos hitos, si bien no el único.

BIBLIOGRAGÍA:

  • “Anochecer” (Nightfall). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992)
© 2008, Rodolfo Martínez



Ampliando la brazada

Posted on Lunes 8 Diciembre 2008

1941 será un año fundamental para Asimov. En cierto modo, es su momento de mayoría de edad como escritor de ciencia ficción, el punto en el que deja de ser un recién llegado moderadamente interesante y se convierte en un autor a tener en cuenta. Aún no alcanza su puesto en el panteón como uno de los Tres Grandes, y todavía pasarán unos años antes de que eso ocurra, pero ya no es el novato a prueba al que se mira con desconfianza.

A partir de 1941, Asimov es un escritor consolidado en el mercado de las revistas de ciencia ficción.

Él mismo sitúa ese punto de inflexión en la publicación de su relato “Anochecer”, influido en buena medida porque es el cuento que, en más ocasiones y en distintas épocas, ha sido elegido como favorito de los aficionados. Para el Asimov de entonces, sin embargo, probablemente sea más importante el hecho de que es gracias “Anochecer” que le es dedicada por primera vez la ilustración de portada de la revista y, sobre todo, que Campbell le concede una bonificación por ese cuento y se lo paga por encima de la tarifa habitual de entonces.

En apariencia, 1941 no es un año muy distinto de 1940: publica ocho relatos, cifra casi igual que el año anterior, repartidos por tres o cuatro revistas distintas.

Pero, de esos ocho relatos, la mitad aparecen en la Astounding de Campbell, lo que para Asimov es todo un éxito. Y no cabe duda de que en ese momento Campbell es el editor más exigente de los que publican ciencia ficción, así que es significativo el hecho de que cuatro de las ocho historias asimovianas de aquel año pasen el filtro “campbelliano” con éxito.

Por lo demás aún es un autor irregular. Cuentos como “Herencia”, “Historia” o “El sentido secreto” siguen siendo artefactos no muy bien ensamblados, demasiado deudores de los estereotipos pulp y con tramas que no terminan de funcionar del todo.

“No tan definitivo” es un poco mejor, pero todo el relato parece orientado al giro de tuerca final y resulta demasiado simple. Es, de nuevo, una historia-rompecabezas, un puzzle que queda armado con el retruecano final y también, en cierto modo, una historia de misterio. Éste resulta interesante y su resolución sorprende y culmina el cuento de forma adecuada, pero la anécdota está demasiado reducida al mínimo para que el relato resulta de veras interesante.

Los otros cuentos que Asimov publica ese año, sin embargo, ya son otra cosa.

Con “Super Neutron”, el joven autor da un paso más decidido, y moderadamente exitoso, en el camino que habría de llevarlo a los cuentos del ciclo de los Viudos Negros. La historia está bien tramada y el ambiente, en general, resulta conseguido. Asimov va elevando poco a poco la tensión de la historia (siempre apoyándose en el diálogo) y, cuando llega el desenlace final, todo encaja sin fisuras. No es uno de sus mejores cuentos, pero sin duda es un ejercicio de estilo más que interesante y la narración en “dos capas” (un narrador en primera persona que nos cuenta lo que otro le ha contado, que es la verdadera historia) funciona sin problemas.

“¡Embustero!” y “Razón” son dos nuevas aportaciones a las narraciones de robots, y en ambos relatos quedan establecidas la mayoría de las características de ese tipo de tipo de historias aunque aún no se mencionan de forma explícita las tres leyes de la robótica.

“¡Embustero!” es la primera aparición de Susan Calvin, uno de los más famosos (y mejor construidos) personajes de Asimov. Lo curioso es que la Calvin que vemos aquí es un tanto distinta a la que aparecerá en cuentos posteriores: más frágil, menos incisiva y, sobre todo, bastante más cerca de un cierto estereotipo femenino de la época de lo que lo será después. De hecho, parece claro que Asimov no tenía en mente seguir escribiendo historias con ella: la crea para ese relato porque la trama le exige un personaje de esas características y no será hasta algún tiempo después cuando le dé verdadera dimensión humana.

Por otro lado, “¡Embustero!” inaugura lo que será una de las características fundamentales de muchos de los cuentos de robots de Asimov: una vez establecidas las tres leyes de la robótica y el modo en que actúan, hay que ponerlas a prueba de algún modo, tantear sus límites y, con el tiempo, ir más allá. En este caso, la capacidad telepática del robot que aparece en el relato redefine el concepto de “daño” para la programación robótica y acaba situando a la máquina en un callejón sin salida.

Más interesante es “Razón”, donde hacen su aparición Gregory Powell y Mike Donovan, enfrentados a un robot que, a pura fuerza de razonamiento, ha deducido la existencia de Dios y cuál es su papel en el universo, con la consecuencia de que considera a los hombres un experimento fallido de la divinidad, el primer intento de construir una criatura racional que, por supuesto, culmina en los robots. Es un relato humorístico bastante bien llevado bajo que el que hay una sátira consciente y un tanto demoledora de la religión y el modo en que la creencia influye en la percepción del universo.

Con “Robbie”, “¡Embustero!” y “Razón”, Asimov ya podía decir con toda justificación que tenía una serie en marcha. Los tres relatos comparten los suficientes elementos de escenario (aparte del evidente uso de los robots) para ser considerados parte de una serie y, además, desconozco si por pura suerte o de forma deliberada, Asimov ha creado esas primeras historias de un modo lo bastante abierto para que sea una serie de duración indefinida. Con las premisas que ha elegido, puede pasarse el resto de su vida escribiendo cuentos de robots (en cierto modo lo hizo, podríamos decir) o abandonarlos en cuanto el público se canse de ellos sin que la serie se resienta o se quede a medias. No hay un lazo argumental que los una y que, por tanto, esté pidiendo un desarrollo o una conclusión: sólo elementos de ambientación y, por supuesto, los robots y el modo en que son afectados por las tres leyes de la robótica.

En aquel momento, tal como el mismo Asimov reconoce, en su fuero interno eran Powel y Donovan los protagonistas humanos de la serie: de carácter simpático y decidido, incluso algo campechano, creados para que el lector empatizara con ellos sin problemas, parecían la elección obvia. Paseando de un lado a otro del sistema solar para probar nuevos modelos de robots y solucionar los problemas que se presentasen, todo parecía indicar que estaban llamados a convertirse en una de las creaciones más exitosas de Asimov.

Podríamos decir que los cuentos de Powell y Donovan son un caso claro de “fan fiction”. John W. Campbell Jr., antes de iniciar su labor como director de Astounding y abandonar la literatura casi por completo, había escrito unos cuantos relatos de ciencia ficción. El más memorable es, seguramente, “¿Quién anda ahí?”, que sería el origen de la película El enigma de otro mundo y de su remake (La cosa) a manos de John Carpenter, mucho más cercano al original literario que la primera versión.

Campbell tenía una serie bastante exitosa cuyos protagonistas, Penton y Blake, recorrían el sistema solar conociendo distintas especies en cada planeta y resolviendo con ingenio situaciones apuradas. A Asimov le gustaba mucho esa serie cuando aún era un joven que se limitaba a leer ciencia ficción y, sin duda, sus historias de Powel y Donovan son en buena medida la obra de un fan que está haciendo su propia versión de lo que tanto le ha gustado.

En cualquier caso, no tardó en verse que Powell y Donovan no iban a ser el hilo conductor de la serie de los robots. Ambos se convierten enseguida en poco más que una nota a pie de página (una nota vital y agradable, cierto) y el protagonismo les es robado casi sin que se den cuenta por esa Susan Calvin que está llamada a convertirse en uno de los mejores personajes asimovianos.

Pero él aún no sabe nada de eso. Desde luego, lo desconoce en el momento en que se sienta a escribir un relato que titulará “Anochecer” y que parte de una premisa que Campbell le ha lanzado para que la recoja.

¿Qué harían los hombres si sólo pudieran ver las estrellas una vez cada mil años?, le preguntó el director de Astounding. Era una costumbre muy habitual en él: rumiar media docena de ideas y soltarle alguna de ellas al primer autor que pasara por su despacho en las oficinas de la revista. En esta ocasión, fue Asimov quien pasó por allí.

Y quien dijo, casi sin pensárselo: “Creo que enloquecerían”.

“Escribe un cuento sobre eso”, le dijo Campbell.

Y así fue. El resto, como se suele decir, es historia.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Historia” (History). En Super Science Stories, marzo de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “El sentido secreto” (The Secret Sense). En Cosmic Stories, marzo de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Razón” (Reason). En Astounding Science-Fiction, abril de 1941. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Herencia” (Heredity). En Astonishing Stories, abril de 194. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “¡Embustero!” (Liar!). En Astounding Science-Fiction, mayo de 1941. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008).
  • “Anochecer” (Nightfall). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos (B, 1992).
  • “Super Neutrón” (Super Neutron). En Astonishign Stories, setiembre de 1941. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “No tan definitivo” (Not Final!). En Astounding Science-Fiction, octubre 1941. Edición española más reciente: Cuentos completos II (B, 1993).
© 2008, Rodolfo Martínez



Aprendiendo a nadar

Posted on Lunes 1 Diciembre 2008

A lo largo de 1938 y 1939 Asimov había escrito un buen puñado de cuentos. Consigue publicar tres de ellos en el 39, como hemos visto en el capítulo anterior. Y, con eso, se abre un hueco en el mercado editorial de la época.

Que tampoco era para tirar cohetes. Aunque Asimov, probablemente, los tiró. Y quién no.

Al fin y al cabo, tenía motivos para estar contento, incluso entusiasmado; acababa de dar un primer paso importante y nada despreciable: había conseguido publicar de forma retribuida. Estaba en el camino adecuado para llegar a convertirse en escritor profesional. Seguramente, aquella idea no pasaba de ser un sueño loco en la mente del jovencísimo Asimov, pero era un sueño que sin duda estaba allí, una meta que tal vez se revelase como inalcanzable pero que ya no era del todo descabellada.

Así que siguió escribiendo, y siguió probando a enviar sus relatos a las distintas publicaciones de la época. En mente tenía volver a aparecer en las páginas de Astounding, que estaba empezando a convertirse en la revista dominante de aquel período, pero eso no significaba que, entretanto, estuviera ocioso.

En 1940 Asimov publicó siete relatos. Lo cual no está nada mal para un joven recién llegado cuyos tres primeros cuentos publicados no son precisamente una maravilla. Como mucho, prometedores y con ideas interesantes.

De hecho, algunos de los cuentos que publica ese año no son mucho mejores: “La amenaza de Calixto”, que aparece en el número de abril de Astonishing Stories es un refrito de lugares comunes del pulp, tanto en lo que se refiere a los personajes como a las situaciones.

“Un anillo alrededor del sol”, aparecido un mes antes en Future Fiction, es un intento bastante chapucero de escribir ciencia ficción humorística. El cuento es interesante porque los personajes principales (dos intrépidos pilotos de pruebas) son, en cierto modo, los embriones de lo que enseguida serían Powell y Donovan, los dos testadores de robots que no tardarán en convertirse en protagonistas de varios cuentos de Asimov. Por lo demás, el relato apenas reviste interés.

En “La magnífica posesión” vuelve a intentar escribir un cuento humorístico. Por desgracia, el resultado no pasa de ser un chiste fácil demasiado alargado.

En “Mestizos” el joven Asimov introduce por primera vez una historia de amor. ¿El resultado? No diremos que desastroso, pero sin duda tan poco creíble como la conversación de bar en la que pretendía ambientar “Caza mayor”. Y por el mismo motivo.

Asimov carece prácticamente por completo de experiencia sentimental. Así que cuando tiene que describir una historia de amor echa mano de lo que conoce: por desgracia, lo que conoce es la literatura pulp, y el romance que introduce en “Mestizos” remite de nuevo a sus peores momentos. Si a eso añadimos una premisa narrativa no exenta de interés en lo ideológico, sobre todo por su evidente anti-racismo, pero desarrollada de un modo bastante obvio y carente de sutileza, es fácil llegar a la conclusión de que tampoco este relato es una de las cumbres de la narrativa asimoviana.

El resultado de su continuación, “Mestizos en Venus”, no es mucho mejor. De hecho, podríamos decir sin temor a equivocarnos que es incluso peor. Con los mismos clichés del primer cuento y la misma torpeza para describir relaciones sentimentales, este relato sólo tiene interés porque fue el primer intento de Asimov de escribir una serie.

Intento fallido, evidentemente. Pero el impulso estaba ahí. Era un impulso, por otra parte, con una motivación más económica que creativa o artística. Las series de relatos, si eran bien recibidas por el público, podían convertirse en una forma de asegurarse la publicación continuada de material en la misma revista. Dado que ni “Mestizos” ni “Mestizos en Venus” tuvo una acogida muy clamorosa por los lectores (y teniendo en cuenta que el director de Astonishing le aceptó medio a regañadientes la continuación del primer cuento) Asimov abandonó enseguida aquel intento.

No así la idea de escribir una serie, un grupo de relatos que compartieran un escenario común. De hecho, aquel mismo año de 1940 conseguiría publicar el primer cuento de lo que sería una de sus series más exitosas.

Otro de sus relatos de aquel año, “Homo Sol” (con el que vuelve a las páginas de Astounding), es también parte de una serie, aunque como serie es más bien exigua, ya que acabará compuesta de tan solo tres relatos.

Es uno de los pocos cuentos asimovianos donde existen varias especies inteligentes -todas ellas humanoides, eso sí- que comparten la Galaxia. El cuento está hecho a medida, como el propio Asimov reconoce, para John W. Campbell, director de Astounding: empezando por la avanzadísima federación galáctica que mira por encima del hombro a una Tierra menos desarrollada que ellos, y siguiendo por unos terrícolas cuyo ingenio y arrogancia pasa por encima de cualquier prueba y acaba aventajando a otras especies en apariencia “superiores”. Uno de los clichés habituales de la ciencia ficción más pulp y que a Campbell le gustaba usar con asiduidad (y que “sus” autores usasen también): la humanidad que le acaba dando sopa con ondas a especies más avanzadas gracias al ingenio y el espíritu de superación humano.

Un estereotipo racista, en realidad, del que Asimov era muy consciente (cuando Campbell decía “humanidad” estaba diciendo seguramente “hombre de origen anglosajón”, para empezar, y a saber qué tendría en mente cuando pensaba en las avanzadas civilizaciones extraterreste) y que, con el tiempo le haría sentirse cada vez más incómodo.

Es esa incomodidad lo que lo lleva a desarrollar algo que, andando el tiempo se convertiría en uno de sus rasgos más característicos: una civilización galáctica completamente humana. Algunos críticos de la época lo vieron como un rasgo original; otros, en cambio, lo criticaron como una falta de imaginación.

Ni una cosa ni otra, en realidad. A Asimov cada vez le iría constando más transigir con el racismo de Campbell. Al mismo tiempo mantenía una buena relación (tanto profesional como personal) con el editor de Astounding y el joven escritor no quería estropear ninguna de las dos.

La única forma de conservar la amistad con Campbell, seguir publicando en su revista y, al mismo tiempo, no traicionarse a sí mismo ideológicamente era hacer desaparecer el conflicto: si sólo había una especie inteligente en la galaxia, el problema dejaba de existir. (Un rasgo de la personalidad de Asimov que mantendría toda su vida: la huida de los conflictos. Algo que, en más de una ocasión, le pasaría factura).

Haciendo un chiste fácil y de dudoso gusto, podríamos decir que Asimov cometió un genocidio a escala galáctica para evitar un enfrentamiento con Campbell. Y, en cierto modo, David Brin y Greg Bear (cuanto menos hablemos de Gregory Benford y su papel en el asunto, mucho mejor) debieron pensar algo parecido. Cuando escriben sus respectivos libros de la nueva Trilogía de la Fundación, mencionan las naves colonizadoras robóticas cuyo objetivo es limpiar la galaxia de inteligencias no humanas para que el hombre, cuando se extienda por ella, sea el único.

Volviendo a “Homo Sol”, es un cuento bastante más consistente que los otros que publica en 1940. Y, lo que no deja de ser curioso, mucho menos heredero de la tradición pulp que ellos. Es cierto que el cliché antes mencionado está presente a lo largo de todo el relato, pero no lo es menos que la historia está llevada de un modo creíble, con buen pulso y un más que aceptable manejo de la trama.

Por otro lado, es la primera vez que Asimov menciona la psicología como una disciplina regida por una serie de leyes matemáticas; no cabe duda de que estamos ante el embrión de lo que, en breve, se convertiría en la psicohistoria.

“Homo Sol” es, probablemente, el mejor cuento que Asimov publica ese año. Aún es, en muchos aspectos, un relato primerizo, pero ya vamos viendo asomar en él a un escritor bastante más seguro de sí mismo y de sus posibilidades y que empieza sacar a la luz todo el potencial que lleva dentro.

Buena parte de la historia es llevada mediante el diálogo entre distintos personajes. Algo que enseguida se transformaría en una de las principales características de Asimov como narrador: el diálogo no sólo hace avanzar la acción, sino que aporta información relevante sobre personajes y situaciones e incluso sirve para crear atmósfera y ambientar la trama.

Y he dejado para el final el que sería el primer cuento de robots escrito por Asimov: “Robbie”. Asimov intentó presentárselo a Campbell, pero éste lo rechazó (y su amigo Fred Pohl, como ya había hecho en otras ocasiones, le explicó previamente por qué el editor de Astounding no lo iba a aceptar) y terminaría apareciendo bajo el título de “Strange Playfellow” (Extraño compañero de juegos) en otra de las revistas que había en la época.

Aunque a lo largo de la historia no se mencionan de forma explícita las famosas tres leyes de la robótica (es posible que por aquella época aún no estuvieran formuladas de un modo concreto y detallado), el comportamiento de su niñera artificial sí que encaja con ellas. Sin duda, su presentación del robot como una simple pieza de maquinaria, regida por un programa que dicta su comportamiento y, por tanto, alejado de los dos clichés imperantes en la época en el tratamiento de los robots (los que el propio Asimov describe como “el robot como amenaza” y “el robot como pathos”), es bastante original e inaugura (sin saberlo en aquel momento y seguramente sin pretenderlo) un giro bastante radical en ese tipo de historias. Con el tiempo, serían otros cuentos de Asimov los responsables de dirigir ese giro, pero entretanto “Robbie” no es una mala carta de presentación.

Cierto que el relato tiene un claro bajón de ritmo hacia la mitad y que resulta demasiado sentimental en ocasiones (no llega a caer en lo sensiblero, pero lo roza). Pero en el haber tiene elementos que compensan con creces sus defectos.

No sólo la relación entre la niña y su robótica niñera está magistralmente descrita, sino que a lo largo de todo el relato hay una distante y casi imperceptible ironía que le da a la historia una fuerza que un tono más emotivo, más “implicado” emocionalmente, no habría conseguido. La familia que nos presenta en el relato, por otra parte, es curiosamente disfuncional en más de un aspecto y, de hecho, el retrato que traza de una familia americana de clase media se acerca a la caricatura en más de un momento.

Aunque Asimov no es consciente de ello, está incorporando a su forma de narrar elementos tomados de P. G. Woodhouse, el humorista británico de principios del siglo XX. Poco a poco, esos elementos se irían haciendo más visibles en su modo de escribir y, en algunos casos, Asimov llegaría a escribir cuentos totalmente “woodhousianos”.

Pero eso sería en el futuro.

Entretanto, el balance de este año 1940 es bastante positivo para el joven autor. No sólo ha conseguido publicar siete relatos, lo que no está nada mal, sino que dos de ellos son lo bastante buenos para llamar la atención de los lectores y, quizá, hacerles pensar que el tipo ese del apellido ruso tal vez sea alguien cuya carrera merezca la pena seguir.

Entretanto, ha seguido escribiendo. Y en el proceso de escribir, enviar el material para su publicación, ser rechazado, hacer correcciones, ver su cuento publicado y compararlo con lo que otros publicaban, ha ido aprendiendo. Sobre la marcha y sin pararse a pensar mucho en lo que hace: dejando que sea el propio proceso el que le vaya enseñando qué cosas funcionan y cuáles no.

Aprendiendo a nadar a medida que nada, podríamos decir.

BIBLIOGRAFÍA:

  • “Mestizos” (Half-Breed). En Astonishing Stories, febrero de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Un anillo alrededor del sol” (Ring Around the Sun). En Future Fiction, marzo de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La amenaza de Calixto” (The Callistean Menace). En Astonishing Stories, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “La magnífica posesión” (The Magnificent Possession). En Future Fiction, abril de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Homo sol” (Homo Sol). En Astounding Science-Fiction, setiembre de 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
  • “Robbie” (Robbie). En Super Science Stories, setiembre de 1940. Edición española más reciente: El robot completo (Alamut, 2008). Es de destacar que el cuento fue modificado para su inclusión en Yo, Robot. Asimov no sólo añadió un prólogo, un epílogo y varios fragmentos que entrelazaban los cuentos -y se centraban en la figura de Susan Calvin-, sino que retocó algunos de los relatos para que encajaran mejor en el libro. Yo, Robot tiene una lógica narrativa propia, que lo hace interesante como libro coherente y no como simple amalgama de relatos. Su edición española más popular sigue siendo la de EDHASA.
  • “Mestizos en Venus” (Half-Breeds on Venus). En Astonishing Stories, diciembre 1940. Edición española más reciente: La Edad de Oro I (Plaza & Janés, 1988).
© 2008, Rodolfo Martínez



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